El vestido amarillo. Otros cuentos


El vestido amarillo

Autor: Martha Susana

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Cuento publicado el 06 de Mayo de 2010


El vestidito amarillo, con pequeñas flores blancas, parecía deshacerse en el sol, que calcinaba la piel de la pequeña... Pasaba su mano acariciándolo, ya que hacía mucho que esperaba heredarlo, de su prima que era más rolliza, que ella. Y al fin la tía le había dicho -úsalo tu, a Mariana ya no le anda- ¡que feliz era!... A pesar de que ya estaba algo viejo, la tela lucía gastada. Pero igual ella gozaba de ese hermoso tono amarillo que le encantaba.
El vestidito amarillo, con pequeñas flores blancas, parecía deshacerse en el sol, que calcinaba la piel de la pequeña... Pasaba su mano acariciándolo, ya que hacía mucho que esperaba heredarlo, de su prima que era más rolliza, que ella. Y al fin la tía le había dicho -úsalo tu, a Mariana ya no le anda- ¡que feliz era!... A pesar de que ya estaba algo viejo, la tela lucía gastada. Pero igual ella gozaba de ese hermoso tono amarillo que le encantaba.
Ese día, un poco por el vestido, otro poco por la casualidad de haberla dejado sola, fue un día especial. Hacía mucho que miraba la plantación de lino sobre todo ahora, cuando comenzaba a florecer. Imaginó el mar, ¿así sería? Esas pequeñas florecillas de pétalos de seda, de un color celeste inimaginable, el prado vestido de verde claro antes, ahora engalanado de aquel bellísimo color semejante al cielo después de un día de lluvia… Hizo que comenzara a caminar con la certeza que encontraría el lugar exacto donde se uniría el horizonte y allí encontraría el limbo, prometido en los cuentos de la abuela… Caminó sin descanso sin notar siquiera que los tallos rasguñaban sus rodillas flacas, su cabeza se incendiaba al rayo del sol del mediodía… Sólo quería saber cómo era el mar. Pensó que allí lo encontraría, pegado al horizonte. Pronto se dio cuenta que no sabría volver, pero ni siquiera eso hizo que decayera su entusiasmo por explorar ese torbellino de pétalos azules.
Pequeña, de cabellos rizados, marrones como sus ojos, una cara agraciada por la niñez, no era bonita, sólo graciosa. Sólo buscaba al mar. Eso la llevó lejos sin encontrar la orilla, en cambió encontró a alguien… un infeliz personaje que arrancó de cuajo las flores de su vestidito amarillo, junto a la inocencia de sus años escasos, desgarró sus sueños como a su ropa, y luego saciado el hambre infausto, la dejó irse, ya sin ningún interés en ella. Volvió a su lugar, donde la tía escupía insultos, por la tardanza primero, y la ropa destrozada después… pero nadie le pregunto nada de su maltratado cuerpo… Y a ella se le murieron todos los sueños aquel día, junto a las flores del vestido amarillo con florecillas blancas,,,

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2010-05-10 06:17:18
Nombre: Carmen
Comentario: Un triste final de la inocencia. Me conmovió, Marta, sobre todo la indiferencia de los adultos.


Fecha: 2010-05-06 20:45:50
Nombre: Martha Susana
Comentario: eso quise decir! que no todos pretendemos el cielo, tal vez, a veces vagamos por el eter... porque no alcanzamos llegar al cielo,pero tampoco merecemos el infierno...


Fecha: 2010-05-06 12:38:18
Nombre: Hugo Domínguez
Comentario: La idea puede o no gustar.
Posee errores de puntuación y creo que erra en el concepto de LIMBO ya que el limbo es el lugar donde quedan vagando las almas sin alcanzar el cielo.