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Salió como todos los días...

Fernando Sandoval M.


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Salió como todos los días, hace algún tiempo ya, a sobrevivir, ayer había ido al centro comercial y por poco la atrapan, así que decidió ir al súper. Caminó una calle y esperó al autobús. No tardo mucho en pasar, viajó casi 20 minutos y entonces empezó a poner atención en la acera de ambos lados de la avenida y entonces lo vio, rápidamente accionó el timbre y bajó, regresó media calle y en aquella esquina estaba el objetivo, se acercó lentamente mirando si había algún policía cerca, notó la caseta telefónica y hacia ella fue, descolgó el teléfono, fingió hablar mientras se acomodaba de tal forma que podía observar disimuladamente hacia la tienda.
-El cajero, allá hay otro, dos lo mas seguro tres- pensó, casi siempre es así en tiendas de ese tamaño, -que bien, no se ve guardia de seguridad- se dijo a si misma.
Ahora necesitaba un poco de suerte, pero no, estaba tan atenta que no se dio cuenta de la llegada de ese sujeto, estaba esperando para usar el teléfono.
Por un momento no supo que hacer – ¿se habrá dado cuenta que no hablaba para nada y que miraba atentamente hacia la tienda?–
Sólo atinó a decir –bueno gracias, déle mi recado…- Colgó y con una media sonrisa forzada que le dedicó a el tipo, le indicó que era su turno
-Gracias, disculpe usted- escuchó en respuesta.
Una algarabía distrajo su atención, tres niños acababan de entrar a la tienda en medio de un alboroto, era su oportunidad y entonces entró sin tardanza, vio a los niños correr por el pasillo y a los dos empleados seguirlos con la mirada, camino hacia las latas de conserva y tomo dos latas de atún que guardo rápidamente en una de sus bolsas, sin apenas desviar su movimiento, llegó a una puerta de los refrigeradores, la abrió ostensiblemente pero nadie le prestó atención, pues los niños se peleaban por ser atendidos antes que los demás.
Tomó una botella de agua, dio media vuelta al momento de cerrar la puerta y se dirigió a la caja, y entonces se detuvo por un momento, ¡aquel sujeto del teléfono no la perdía de vista! Y además parecía que le hacia alguna seña, si allí estaba otra vez. Entonces vio como colgaba el teléfono y con paso decidido, se dirigía a la entrada de la tienda, ¡no cabía duda la había descubierto!
Entonces corrió, llegó a la caja, se escuchó decir –olvidé el dinero- al momento de dejar en el mostrador la botella y corrió hacia la salida, la puerta se abrió y se detuvo en seco, su mente le había ordenado detenerse, pero una mano firme en su hombro era la que había detenido su movimiento, y por fin entendía la seña, el sujeto le advertía que alguien estaba detrás de ella y la había visto.
-Señorita se le olvida pagar algo- era la voz de la mano en su hombro.
Sintió hundirse, no pudo articular palabra alguna, pero escuchó:
-Cariño, discúlpame se me olvidó darte el dinero, mira lo tengo aquí en la mano-
Era ese sujeto, al tiempo de darle un billete, lo tomó, y advirtió que su denominación era más que suficiente. Aun no podía reaccionar, todo le parecía muy lejano y sacó lentamente las latas de atún sin atinar que hacer.
-Cariño, y la mayonesa, ven también necesitamos galletas saladas y ah, unas latas de verduras…- él la tomó de la mano conduciéndola de nuevo al interior, la mano en su hombro ya no hizo por detenerla y así pudo ver a su dueño, que seguramente había estado en la bodega o por dentro de la cámara de refrigeración.
El tipo no dejo de parlotear pagó y la sacó de la tienda, sin soltarle de la mano, lo miró pedir un taxi y gruesas gotas de lluvia la hicieron reaccionar, pero no lo suficiente pues ella también había subido al taxi .Empezó a protestar e hizo ademán de bajarse, pero aquel tipo con una cálida sonrisa le dijo:
-Mira lo primero es salir rápido no les des tiempo de pensar en lo sucedido, además llueve a cántaros, no te preocupes, debes tener algún motivo, son tiempos muy duros, no, no digas nada, tu sabes el porque, no me des explicaciones-
-Mira, la verdad te vi desde que te bajaste del bus y algo en ti me gusto de inmediato, no, bueno, es que soy artista, sabes y quisiera que fueras mi modelo, te invito a cenar, o mañana a comer, mañana a las 5, si perfecto, y platicamos, ¿desnudos? No, no es lo más importante para mi, ¿dinero?, si desde luego, te pagaría por tu tiempo, bueno, tengo otro trabajo, y si puedo pagarte, ¿tú casa? Ah si, por favor llévenos a donde diga la dama…-
Lo estudiaba mientras charlaban, parlanchín, no era feo, notaba cierta inseguridad detrás de esa calida sonrisa, -artista? vaya! posar?, no querrás que me desnude verdad? A comer?, mañana? Bien, -así no tendría que preocuparse de la comida- pensó
-OK a las 5, y me vas a pagar? Que bien, oye y a donde me llevas? Quiero ir a mi casa, la dirección? Y dijo al taxista a donde quería ser llevada…
El se bajó, y abrió la puerta para que ella bajara, dijo su nombre y ella dijo el suyo
-Entonces mañana a las 5 estaré aquí por ti- dijo el con esa sonrisa que tanta confianza le transmitía, -Que estés bien, hasta mañanaaaa!- le dijo despidiéndose al alejarse en el taxi.
Miró un momento como se alejaba el taxi y pensó que después de tanto tiempo, empezaba a cambiar su suerte, mañana comida y quizás algo de dinero que no le vendría mal, pues debía mas de una renta de aquel cuarto de azotea del edificio que estaba a su espalda, sonrió y empezó a subir la escalera mientras pensaba en cual sería su mejor atuendo para su ansiado reencuentro con algo que creía perdido, esperanza…




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Últimos comentarios sobre este cuento

 

Fecha: 2009-10-30 00:59:40
Nombre: David Sa
email: manifiesto76@hotmail.com
Comentario: David Sa: Extracto de una historia, dentro de otra y así infinitamente. ¿Puede quedar una situación al aire? ¿A la imaginación del lector? ¿Al deseo ajeno? No sabría decirte, probablemente sí, pero ¿bajo qué condiciones? A veces las historias suponen tantos finales como ninguno. Pienso que el escritor debe evitar cualquier desatino probable, dejar edificaciones sobre arenas, sino todo lo contrario; inducir a la tragedia, sugerir lo insoportable, enfrentar al lector con su propio sentimiento aun si su diario proceder fuese siempre con honestidad. Desarmas al lector a tal punto que se desanima. ¿Cuál fue tú deseo?