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Instantánea psicópata migratoria

Eduardo basin


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Marianela Gallardo, algo obscena e intelectual, decide visitar Argentina durante el periodo de vacaciones de invierno de su país natal. Después de varias horas de viaje continua su desvelo debido a su prematuro pánico a las alturas.
Marianela, durante el esperado y temible viaje desata miradas con sus ojos sados
observando detalladamente cada rostro brindando su carácter ingenuo a quien respondiera intrigado, mientras hablaba por celular con un masculino poco humano pero de fortunas casi infinitas que había conocido en Piccadilly Circus en la noche del distrito de Westminster en Londres, el cual parecía muy interesado en la picardía oculta y absoluta de esta adolescente migratoria. Sin haber transcurrido diez minutos, después de sentir el taco aguja de la azafata que trataba de sacar a flote su carisma ofreciendo café, se acerca un pasajero un poco curioso de hace horas que buscaba la calle mas angosta hacia marianela para introducir su adulterado glosario de vida afligida hasta que al fin metió la primera palabra.
Marianela y el valiente Carlos siguieron conociéndose hasta que al fin el avión aterrizo bruscamente sin pasar a mayores. Al bajar del monstruoso, y ya percibiendo todo ese ciclón de voces y roces de anatomía humana que se da en los aeropuertos, el caballero extraño invita a la adolescente a un buen café usando el pretexto del barullo arrollador, lo cual no fue difícil tarea.
Disfrutando la tranquilidad del local, una tranquilidad que hasta era posible disgustar la grave filtración de truenos muy explosivos el imaginó una batalla inesperada, en la cual no iba huir sin combatir. Pues todo lo adornaba una tormenta matutina mientras ellos desterraban palabras sin fantasmas de ultratumba y observaban como refregaban sus ojos los que se vieron obligados a mojar su piel.
Al vulnerable Carlos le brillaban las curiosidades en su rostro, y sin perderse ningún detalle de la presencia de ese encuentro pidió permiso y se dirigió a los sanitarios. Muy apresurado y silbando daba por ganada la guerra fugaz.
Sin darse cuenta que alguien lo había perseguido, empezó a sentir un perfume muy especial y tentador, miro a sus espaldas y ahí justo en ese momento donde esa tentación podía hacerse realidad, se le presento la pasajera Marianela Gallardo con su sensualidad y picardía que erupcionaba, acoso uno segundos al caballero que ya sentía tocar el cielo con el total de sus manos. Pero además, había alguien más presente en ese instante de locura, la muerte, siempre tan bella, arrasante e inesperada con todas sus conocidas cualidades. En medio de tanta excitación a turbina, Marianela asesina a Carlos de una manera no muy agradable. El afligido recibió una buena puñalada al corazón, luego sus testículos fueron amordazados bruscamente con alambre de púa.
Hubo una hipótesis casi muy acertada base a un testimonio que brindaron sus familiares en la cual ellos contaron que Marianela odiaba a los hombres por lo mucho que la habían echo sufrir, hasta se atrevieron a confirmar la sexualidad extraviada de la misma.
¿Habrá sido este su verdadero motivo?


A veces nadie termina de conocer a sus más fieles, menos a desconocidos transparente, y no solo hay que pensar en el dejarnos llevar, también hay que asumir el nítido y triste lago de la realidad.



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