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El enano de jardín

Bacarat


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Realmente estaba eufórico. El arquitecto ya hacía un mes que no sabía como contenerme. Yo quería estrenar mi casa ¡ya!, la ansiedad me estaba matando. No sabía como presionarlo, para hacer la mudanza de una buena vez: le dije que se terminaba el contrato de alquiler donde vivía, que iba a venir a vivir mi suegra con nosotros y no tenía espacio en la casa que dejaba, que mi mujer e hijos estaban insoportables, pero no, el quería que me mudara cuando estuviera todo terminado, hasta el jardín. También debía contener a Ana, mi mujer, que estaba tan ansiosa como yo.
Como todos cuando nos casamos, creemos que la gran concreción de la pareja es el techo propio y soñamos con eso desde el primer día. Comenzamos comprando el terreno en el lugar que más nos gustaba para vivir, después los sueños y las discusiones con el arquitecto que se hace dueño no sólo de su proyecto, sino también de “nuestra” casa, luego los materiales y la lucha diaria con los albañiles y el presupuesto que cada vez se estira más.
Hasta que un día mi suegra, que es viuda y vivía sola, ofreciéndose a vender su departamento y entonces terminar la casa y venirse a vivir con nosotros. Me pareció bárbaro porque nos llevábamos muy bien. Además ya casi vivía con nosotros desde que enviudó.
Claro las cosas cuando mas cuestan se disfrutan mas. Un día, al fin se hizo la mudanza. Dicen que en cada mudanza se pierden cosas que no aparecen hasta que se hace la próxima mudanza. Debe ser cierto, en ese momento uno se da cuenta de todas las cosas sin uso que se van juntando con el tiempo, aún aquellas rotas que ya no tienen destino. Repoceras, patines con botas pequeñas de los chicos que ya calzan cuarenta, la clásica compu Comodore, de las primeras que salieron, la lustraspiradora, inservible desde que salió el piso de cerámico, el triciclo de los chicos que nunca nos animamos a tirar, tal vez porque es como reconocer que ya son mas grandes de lo que creemos. También encontré mi caja donde guardo mis cosas personales de chico y adolescente con cartas de las primeras novias, poesías escritas en servilletas de bar, las tapas de la carpeta de quinto año con las firmas de todos los egresados, juguetes queridos y hasta el revolver de mi viejo, un “Colt” treinta y ocho largo que él guardaba como la joya que en realidad es. Pensé que por protección y como iba a vivir en una casa, en comprarle balas nuevas y dejarlo en el garaje como seguridad cuando guardo el auto por la noche.
En fin, luego hubo que empezar a pactar entre todos, qué es lo que vamos a llevar y qué vamos a sacar a la calle para que por ahí otro lo aproveche, entonces espiamos por la ventana para ver quien se lleva cada uno de los trastos que desechamos, mirando con nostalgia quien se lleva cada parte de nuestra historia personal.
Después de trabajar como burros dos días acomodando los muebles tal cual lo habíamos imaginado desde que empezó la construcción, recién entonces nos damos cuenta de que unos eran mas chicos de lo que pensábamos y otros un poco mas grandes y al final terminamos cambiando las cosas del lugar predestinado. Los dos chicos se disputaban la posición de sus camas para ver quien ocupaba cada cual. Con mi mujer mirábamos nuestra cama grande, pensando que ese iba a ser nuestro lugar de encuentros amorosos y nos toqueteábamos cuando quedábamos solos. Mi suegra iba y venía de su pequeña habitación, acumulando cosas y cosas que venían desde el fondo de los tiempos, creo que un antropólogo con todo eso podría hacerse su propio museo. Pero yo la quiero mucho a mi suegra, es más, es la que mas me malcría y mi aliada incondicional en cuanta discusión familiar haya.
Esa noche inauguré la casa y lo mas importante para un tipo que viene de un departamento: la parrilla. Vinieron varias parejas amigas, compañeros de trabajo, ese jefe que no tenemos mas remedio que invitar y entonces hay alguno que queremos que venga pero como no lo quiere a ese mismo jefe no viene. La mayoría traen de regalo botellas de vino de buena calidad, algunos regalos para la casa que ya sabemos que nunca vamos a usar y otras que de verdad nos serán muy prácticas.
Cuando tocaron el timbre, me llamó la atención que mi suegra fue a atender casi corriendo. Llamó a mis hijos para que la ayudaran con algo y después entraron con un paquete grande y pesado. Lo pasaron a la cocina y lo pusieron sobre la mesa. Todos la seguimos con curiosidad, sorprendidos por el tamaño de “la cosa”.
- Este es mi regalo, dijo solemne, espero que les traiga toda la suerte que ustedes se merecen – dijo mi suegra emocionada.
Acto seguido y como haciendo un pase de magia le quitó el papel casi de un tirón y apareció: ¡un enano de jardín!. Nos quedamos boquiabiertos mirando esa cosa horrible con bonete rojo, barba blanca, ojos enormes, cachetes colorados, vestido de azul y fumando una pipa amarilla. Nos miramos azorados, no lo podíamos creer. Miré a mi suegra que estaba al borde del llanto por la emoción. Pensé que tal vez la pobre se había gastado todo el dinero de su pensión en él. Entonces reaccioné abrazándola y dándole las gracias, mientras miraba por sobre su hombro la cara desorientada de mi mujer, encogiéndose de hombros y rogándome que no diga una palabra. Sólo los chicos, que siempre son auténticos preguntaron para que servía eso y si iba en el living. Mi suegra les dijo que iba en el jardín, adelante de la casa, que era para la suerte y que toda la vida soñó con tener una casa con jardín y un enano, que a ella le gustaba el de la carretilla, pero que no lo había podido conseguir.
Comprendí que ese maldito adefesio había llegado para quedarse. No se que me molestaba mas, si el enano o la cara de mis amigos que se morían de risa por los rincones. Oculté la bronca, pero sentí muchas ganas de echarlos a la mierda. Fui a la parrilla para poner en orden mis ideas y mi bronca. Mi mujer, conociéndome, me acompañó. Me dio un beso, nos miramos primero con esos códigos que tiene un matrimonio de algunos años y luego comenzamos a reírnos a carcajadas de la situación. Cuando volvimos a la casa ya habíamos superado, por ahora y solo por ahora, ese difícil momento.
Ya en la mesa, entre brindis y “un aplauso para el asador”, cuando mi suegra iba a la cocina a buscar algo venían las cargadas por el enano. Me decían que lo plantara a ver si crecía, que lo pusiera en la obra social, que le pusiera una sillita en el coche para cuando lo sacara a pasear. Yo decía que lo iba a querer como a un hijo y lo iba a hacer socio de boca. Al final gracias a él nos reímos toda la noche, para algo sirvió.
Daniel, uno de los invitados, sociólogo e intelectual del grupo además de ser un tipo muy serio, me dijo que en Francia, a finales de 1990, se formó un grupo que se llama “frente de liberación de enanos de jardín”. La doctrina de este grupo, es que a los enanitos se los priva de la libertad para adornar los jardines de “proletarios esnob”. Este movimiento sostiene que en realidad son de carne y hueso y que por alguna maldición se transformaron en yeso. Para liberarlos los roban y los abandonan en algún bosque para que retornen a su vida natural. En España son muy comunes las denuncias de los robos de enanos. Casualmente – continuó diciendo Daniel -, los otros días leí en un diario que una señora de Burgos, denunció que le habían raptado su enano y que apareció de vuelta en su jardín después de tres meses. En una bolsita de plástico había fotos que le habían sacado al muñeco en varios lugares turísticos de Europa en plazas y hasta en una playa muy conocida. Los raptores, presuntamente estudiantes que se autodenominan “comandos de liberación de enanos de jardín”, dicen que lo hicieron porque cuando pasaban por la casa, el enano los llamaba pidiéndoles que lo liberaran, que en realidad era un gnomo y sus dueños lo tenían en cautiverio.
Yo lo miraba estudiándolo pensando que me estaba tomando el pelo, aunque no era su estilo. El me mantenía la vista mirándome con seguridad.
- Daniel, si no fueras vos ya te hubiera echado al carajo, pero no me subestimes.
- Mirá yo te estoy dando información, no te digo que es verdad. Después entrá a Internet y te vas a sorprender de las cosas que hay escritas sobre la materia. Los enanos de jardín se empezaron a conocer en Alemania a fines del 1700. Pero según la historia se remonta a la edad media en Turquía, donde usaban unos pigmeos para trabajar en las minas para que entren en los boquetes chicos, usaban bonetes rojos rellenos con hierva para protegerse la cabeza y ropa colorida para que los encontraran si se perdían. Es información, yo no soy “enanólogo”, no tenés porqué darme pelota....pero que las hay ...,las hay...- sonrió por primera vez.
Por suerte los gritos de ¡ahí llega la torta!, me trajeron a la realidad.

Comenzamos con felicidad nuestra vida en la nueva casa, conociendo algunos vecinos, ubicando los lugares de compras del barrio, los chicos con nuevos amigos... y mi suegra pasándole un trapo todos los días a su enano de la suerte. Una noche tuvimos la primer tormenta en la casa, íbamos a conocer a fondo la construcción, probaríamos si el techo tenía alguna gotera o había algún error de construcción. Por suerte todo andaba bien. Cuando todos en la casa se acostaron dejé todo a oscuras, corrí la cortina del living, me serví un whiski y me recosté en el sillón grande mirando la calle iluminada dispuesto a disfrutar del espectáculo que me ofrecía la naturaleza a fuerza de agua, viento y relámpagos. No pude obviar el brillo del contorno del enano a cada resplandor. Como buen cultor de las películas de terror, pensé en “Chuky” el muñeco asesino y su horrible cara cosida, cuya zaga me había devorado. Recordé la conversación con Daniel, mi amigo sociólogo y la imaginación me llevó a pensar si en realidad nuestro enano de jardín no sería un gnomo de carne y huesos y que un rayo que cayera le podía dar vida y sacarlo de su trampa de yeso. Me sentí un genio, casi un Spilver, ¡que buen tema para una película de terror!. ¿Y si escribía un cuento?, ese era un proyecto juvenil que alguna vez tuve. En realidad, estaría bueno por eso de “plantar un árbol, tener un hijo y ...”. Empecé a madurar mi idea en soledad. Un rayo, el enano que toma vida propia y se quiere vengar de la humanidad, el terror de una familia a la que iría destruyendo poco a poco. A medida que mi imaginación iba trabajando, empezaba a mirar al muñeco de otra manera.
Mientras iba madurando la idea de mi cuento, sus ojos enormes y vacuos comenzaron a mirarme distinto cada vez que llegaba a la casa de noche después de trabajar. Creía ver en ellos alegría u odio y a veces hasta me parecían amenazantes. Entonces me sentía estúpido por mis pensamientos y le sacaba la lengua riéndome solo como un tonto. No comenté nada de esto con Ana, no quería asustarla. Con un loco solo en la familia bastaba.
Días mas tarde, volviendo del trabajo una nueva tormenta me atrapó en el camino, caía tanta agua que no daban abasto los limpiaparabrisas del coche, el viento ya había hecho estragos con algunas plantas y estaba latente alguna voladura de chapas o cualquier otro objeto. Hice el trayecto despacio, aumentando mis ansias de llegar a casa.
Cuando enfilé las luces al garaje, noté que el enano no estaba. ¿Lo habrían libe..., robado, pensé en el rayo creado por mi y me sentí un tonto. Bajé del auto y fui a observar el espacio vacío en el césped, embarrándome los zapatos. Quedaba en el lugar su marca sin pasto y unas pequeñas huellas marcadas que subían a la trotadora de granito, remarcando su entorno con barro. Cuando vi que los pasitos se dirigían al porche de la casa un frió me recorrió la espalda, el terror aumentó cuando vi que llegaban a la puerta de entrada, la casa estaba toda a oscuras, ¡el maldito se había apoderado de mi familia!, por suerte pude razonar por un instante, entré lentamente por el garaje, tomé el viejo Colt con balas nuevas y avancé hacia la puerta que une el garaje con la cocina, abrí despacio y entré lentamente, si había tocado un solo pelo a alguien de mi familia se lo iba a hacer pagar hasta la última gota de sangre, o de yeso. En ese momento un relámpago iluminó la cocina. ¡ahí estaba!, con sus ojos enormes sedientos de sangre sobre la mesada de la cocina, seguro que con un cuchillo, Un nuevo relámpago lo iluminó justo en el momento que se me tiró al cuello babeando. Y otra vez la oscuridad, por instinto apreté el gatillo tres veces que parecieron cañonazos dentro del pequeño recinto y todo explotó por el aire, intenté salir corriendo en la oscuridad, pero tropecé con una silla y caí al suelo perdiendo el revolver, sentí gritos, carreras y llantos. Se prendió la luz de la cocina. Era mi mujer que se arrodillo a mi lado, después llegaron mis hijos y mi suegra. El ambiente estaba lleno de humo y polvo, los trozos de yeso del enano estaban desparramados por todos lados.
- ¡Amor, ¿estas bien, que te pasó?!, me decía Ana desesperada abrazándome y temblando de miedo.
- Estoy bien, suerte que le pegué, el hijo de puta entró a la casa, menos mal que vi sus pasos hasta el Porche y me di cuenta que había entrado.
- No mi amor quedate tranquilo. Fue mamá que lo entró porque le dio lástima por la lluvia.
Poco a poco fui aclarando mis pensamientos. Mi suegra, tal vez sintiéndose responsable por la situación que se había creado por su enano, comenzó a barrer los restos de yeso sin decir una palabra. Los chicos me miraban sin entender nada. Me apoyé en la heladera porque todavía me temblaban las piernas por el miedo que había pasado, sobre ella había un pedazo de ojo del maldito muñeco que me miraba, lo tomé con una mano y lo reventé contra el piso descargando toda la bronca y el miedo que me hizo pasar. La miré a Ana y noté el esfuerzo que hacía para no reírse, mi hijo mas chico se reía porque yo tenía la cara blanca por el polvo. Mi suegra mientras barría me daba siempre la espalda, aunque yo adivinaba la risa en sus movimientos de hombros. Los llamé a los cuatro al centro de la cocina y nos abrazamos.
- Les voy a pedir hacer un pacto familiar.
- ¿Qué pacto? - dijo Ana.
- Primero, no quiero volver a ver un enano ni en el circo.
- ¿y segundo?
- Por favor, que no se enteren de esto los amigos..., porfi..., porfi ...
Las risotadas resonaron aún mas fuerte que los disparos del Col 38.



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Últimos comentarios sobre este cuento

 

Fecha: 2010-04-14 14:22:26
Nombre: monica
email: monicaparrondo@hotmail.com
Comentario: Creo que tenes mucha facilidad para hacernos reir y darle un toque a todos los finales. Gracias por publicar tus cuentos!!!