|
El guije y el marqués
leoasi
 (63 puntos / 18 votos)
A mediados del siglo XVII vivía en el centro de la isla de Cuba en las afueras del pueblo de Remedios el Marqués de Guaimaro, uno de los hombres más ricos de la isla.
Este hombre era muy avaro y a través de los años había acumulado una inmensa fortuna, temeroso de que los ladrones que asolaban la comarca por aquel entonces le robaran su dinero, decidió esconderlo en algún lugar secreto, dispuso de seis de sus esclavos mas fuertes y durante tres días y tres noches se adentraron en el monte buscando el mejor sitio para enterrar el dinero.
En la mañana del cuarto día el Marqués divisó un hermoso río conocido como La Bajada, entonces detrás de una enorme piedra que sobresalía del agua y rodeada por una inmensa palma, ordenó a sus esclavos que cavaran un profundo hueco y enterró todas sus monedas de oro, acto seguido asesinó a los esclavos para que nadie nunca revelara el lugar exacto donde yacía su dinero.
Pero resulta que mientras esto sucedía un guije (un guije es un ser semi demoníaco de color negro, chiquito y con grandes colmillos que tiene la fuerza de 10 hombres y vive en los ríos o arroyos que se internan en las lomas altas y la vegetación es tan profunda que rara vez el hombre ha andado por allí) que vivía en esa parte del río vio todo lo que aconteció, y con una voz ronca y fuerte escondido entre unos arbustos le dijo así:
--- ¿Quien anda en mis dominios?
El Marqués asustado miro para todas partes y no supo de donde provenía la voz.
El guije volvió a preguntar,
--- ¿Quien ha osado entrar en mi casa?
El marqués con voz temblorosa respondió,
--- Soy yo el Marqués de Guaimaro, a lo que el guije respondió con otra pregunta:
--- ¿Y que haces en mi piedra?
El Marqués con voz aun mas apagada por el miedo le dijo,
--- quienquiera que seas porque no te muestras para saber con quien hablo,
El guije aun escondido le respondió;
--- Esta es mi casa y soy yo quien hace las preguntas, dime que haces aquí o te matare en el acto, el Marqués reunió el valor que le quedaba y respondió;
--- Estoy escondiendo mi fortuna para que nadie me la robe, entonces sin previo aviso el guije asomó su cabeza y sus colmillos brillaban con el sol tanto que el Marqués encegueció por unos instantes, entonces el guije le dijo , --- yo soy el guije dueño y señor de esta parte del río y por haber profanado mi morada sin mi permiso me quedaré con todo tu oro y si no te vas ahora morirás, el Marqués con las pocas fuerzas que le quedaban al ver el rostro del guije echo a correr y no paro hasta llegar a su hacienda, con el rostro pálido por lo sucedido no durmió en toda la noche pensando como rescataría su dinero, mientras tanto el guije desenterró el oro y lo escondió en un lugar que el solo sabia, y tiró los cuerpos de los esclavos al río para que la corriente se los llevara.
Al otro día el Marqués bien armado con unos mosquetes regresó al lugar y se sorprendió al ver que el dinero ya no estaba, decidió esconderse para vigilar al guije y saber donde este había escondido su dinero, pasó casi una semana y el marqués observó que todos los días a las doce del mediodía el guije salía del agua y se sentaba en su piedra para coger sol y degustar alguna que otra jicotea y lagartijas que casaba y se quedaba dormido por espacio de una hora.
El Marqués regresó a sus dominios y llamo a todos los habitantes del lugar y les dijo así;
---Un guije malvado habita la parte del río que se adentra en las sierras y ha robado todo mi dinero sin el cual no podré pagarle mi tributo al Rey ni alimentar a mis esclavos, los valientes que me ayuden a capturarlo y traerlo a la iglesia para que frente a la justicia divina de Dios se arrepienta y me devuelva mi dinero, los que estén dispuestos a ayudarme compartiré con ellos la tercera parte de mi riqueza que saben es muy abundante.
Inmediatamente se oyó un murmullo que fue generalizándose y muchos hombres que habían oído las historias de los guijes y su fuerza se retiraron temerosos, pero quedaron veinte hombres que eran los mas valientes y pensando en la recompensa decidieron acompañar al Marqués, reunieron las provisiones necesarias y fueron armados, caminaron toda la noche y al día siguiente esperaron escondidos cerca de la piedra.
Como de costumbre a las doce el guije salio del agua y se recostó en su piedra a lo que el Marqués gritó; “ahora”; y los hombres salieron de la maleza y se abalanzaron hacia el guije, este al verse sorprendido montó una cólera terrible y se cuenta que nadie podía agarrar al guije porque era muy rápido y las balas no le daban y cada vez que los hombres trataban de agarrarlo el guije con su fuerza descomunal los hacia volar por los aires.
Después de casi una hora de constante lucha los veinte hombres lograron atar al guije y así malheridos y cansados regresaron y taparon la cabeza del guije con un saco para que nadie se asustara en el pueblo.
Cuando la gente los vio aproximarse por el camino principal que conducía al pueblo enseguida corrió la voz que habían capturado al guije, pronto se reunió una gran multitud frente a la iglesia , mientras tanto los hombres traían al guije atado a un palo de guayaba y recorrían las calles adoquinadas del pueblo que nunca eran rectas siempre a cierta distancia doblaban hacia la izquierda o la derecha según el antojo de sus constructores, esto se hacia para poder escapar fácil de los piratas y corsarios que por aquel entonces asolaban los pequeños pueblos de la costa del mar Caribe, a su paso la gente se persignaban y hacían la señal de la cruz y cerraban puertas y ventanas , mientras tanto en la plazoleta que quedaba frente a la iglesia se oía una algarabía cada ves mas grande, donde los habitantes les daban vivas a los valientes hombres que habían capturado al guije, unas mujeres que eran muy devotas de La Virgen de los Remedios de la cual derivaba el nombre del pueblo y nunca faltaban a misa, se apresuraron a despertar al cura que ajeno a lo que sucedía dormía la siesta, la iglesia era famosa por sus hermosos vitrales de santos y mártires católicos, detrás del altar de la virgen en un pequeño cuarto dormía el padre Antonio que así se llamaba el sacerdote y así lo conocían todos, este al oír el ruido incesante que hacían las mujeres a su paso dentro de la iglesia se despertó sobresaltado y al oír las noticias sobre el guije se arregló la sotana y se colocó los gruesos lentes sin el cual no veía nada y casi llevado de las manos por las mujeres cogió como pudo la Biblia y la cruz con que oficiaba sus misas y salió al encuentro de la multitud, una ves allí, llegaban los hombres y el marqués con el guije, a lo que todos casi al unísono se persignaron .
El Marqués quitó el saco y descubrió la cabeza del guije y las personas al ver el horrible rostro de aquel, hicieron una mueca de horror y se oían expresiones de asombro, el cura sacó su cruz, se la presentó al guije, entonces el guije al ver aquello, empezó a dar unos chillidos, a patalear y emitió un sonido gutural tan espeluznante, fuerte y agudo que todos se taparon los oídos y hasta los hermosos vitrales de la iglesia se vinieron abajo, entonces el guije aprovechando la confusión se soltó de sus ataduras y echó a correr de vuelta al monte, donde echó una maldición terrible sobre el Marqués y sus hombres, estos en el transcurso de una semana cayeron enfermos con unas fiebres altísimas muriendo uno a uno, los habitantes del pueblo huyeron pensando que otras calamidades vendrían y se establecieron en un lugar muy distante donde fundaron lo que hoy se conoce como la Ciudad de Santa Clara, se cuenta que a través de los años muchos han tratado de encontrar el tesoro escondido de disímiles formas pero siempre en vano, ¿y del guije? bueno, nadie lo ha visto otra vez, con el tiempo la vegetación ha crecido y tapado la piedra del guije y nadie ahora sabe donde se encuentra.
|
¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario aquí
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado. Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)
|
|