Y por hablar en pasión. Otros cuentos


Y por hablar en pasión

Autor: Amélia Marcionila Raposo da Luz

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Cuento publicado el 30 de Julio de 2007


Todos los días maravillado por la su inmensa belleza yo la cobijaba distante, delante las arenas de Copacabana. Decía del 306 vestida hacía el mar. Encantaba me con su Maiô Catalina que aportaba lo recuerdo de Marta Rocha por la riqueza de las curvas generosas.

Tornó todo día un ritual, en el invierno ella hacia caminada en el Calçadão del Posto 6. Yo que adoraba agraciar mía sirena secreta, y ella ni sabia que yo existía. Un hombre soltero y solitario con una buena perspectiva financiera, hijo de familia tradicional del Rio de Janeiro, morador del apartamento vecino y a pesar de esto mal conseguía dormir pensando en tan bella mujer, pensaba con euforia con que ropa ella iría estar vistiendo en la mañana siguiente.


Notaba, a veces, en delirio me imaginando en la compañía de ella bebiendo Cuba Libre u en las pistas de danza de una casa nocturna, por ejemplo, danzando Tea For Two por la madrugada con Ray Conniff en su orquestra y coro, tocando solamente hacía nosotros.

Estaba tornando un poco maluco, llegaba al punto de disfarçar con ropas y oculos diferentes y hasta una peruca Kanecalon yo compré hacía cubrir los no deseados “caminos de ratón”.

A la noche, esticaba el día hasta un barzinho próximo de su ventana y imaginando el que la mía desusa encantada estaría haciendo, Mergullara entonces en tan expresiva soledad.

Baila ainda bien en la mía mente el Carnaval de 1963. Yo esperando por ella, observé cuando salió vestida de Odalisca y yo allí deseando ser su Sultán. Ella sola, bebía aquí y allí en los bares de la orla hasta que hubo salido un grupo sin nombre cantando “Cabeleira do Zezé”.

Permanecí parado, pero finalmente fue contagiado y en el día siguiente decí sin mascara y la acompanhé por toda la noche, danzamos juntos, dividimos el mismo copo y al sonido de “Bandeira Branca” tomé pose de su escultural cuerpo.


Pero como todo mundo possuye su miércoles de cinzas la mía también llegó con resacas, desilusiones y frustraciones. Adiós Carnaval, grupos Carnavalescos y Folia. Sin otras ocasiones deprimido por la angustia de la falta de ella.

Era el que restará hacía mi después del reinado de Momo que pasara tan rápidamente.

El tiempo fue pasando. Descubrí que ella había comprado un carro. Estacionó próximo a mí con su Rabo-de-Peixe de causar envidia. Saliendo del carro con una mini falda justa y profundo decote, en un vestido rojo tentador. Los míos sentidos entraran en alerta, estaba de cara con un inmenso “monumento”.


Pensé durante un tiempo en míos exacerbos y comiencé a mi avaluar, ¿como yo podría estar libre de tale obsesión? ¿Un analista? ¿Una nueva novia?

Quizás un carro nuevo, de esos que llaman la atención de las mujeres. Armaba juegos confusos tentando estar próximo de ella. Entonces, luego veno en la cabeza una solución posible dependería solamente del mí coraje.

Decidí mudar de barrio. Yo fue a la procura de una inmobiliaria y desde ya organicé la documentación y compré un amplio y confortable apartamento con cobertura en la Vieira Souto en lo Leblon. ¿Con la distancia quien sabe podría olvídala? Los primeros días fueron doloridos. Perdí peso, emergí en depresión, y ni dormía pensando en ella.

Se tornó un caso agudo de enfermedad, paranoia y todo era terriblemente compulsivo.

Cierto día en una banca de jornales, descubro un anuncio de una exposición de telas al óleo de un pintor de renome conocido mío. Era en una galería en Copacabana donde yo acostumbraba frecuentar. Pensando en la decoración de mío nuevo apartamento resolví visitar el Vernissage. Al llegar sorpresa total, me había encontrado en una de las salas en frente una tela a mía secreta amada. Cuando me había visto, ruborizó de vergona. ¡Yo permanecí confuso!


Hubiera estado allí durante a la tarde, contemplando la misma en la distancia. Después de algún tiempo percibí que ella estaba a la encaminase hacía el “Hall de Salida”. Yo con ligereza yo fue atrás de ella. Entró en el carro. Habría Hacido una maniobra con tamaña precisión y tomó la calle. Fue cuando me veno a la cabeza una loca idea, idea del tipo roleta rusa. Me juegué en la frente del carro de manera desesperada en un peligro de vida y muerte.

Hacía todos un accidente fatal, y el sublime aconteció, la dama de añil salió de su Cadillac y me colocó entre sus brazos y haciendo un gesto acoge junto al su sensual cuerpo de vivida mujer. Cerré los ojos, simulando un desmayo total. Ella pasaba la su mano en mía testa, media el mío pulso y verificaba las pulsaciones de mío corazón.

Suave como un sonámbulo yo veo la mía dama, de vestido de pique añil con bolas blancas, zapatos y bolsas de cromo blanco, oculos oscuros estilo Ronaldo Guilherme. Tentó alzar, pero ni tengo fuerzas en las piernas.

Arquejé el cuerpo ainda sin firmeza, ella sentase con mí en un banco de la playa, yo caer en delirio cuando había vido sus ojos azules, el mar azul y el cielo azul. Todo era hacía enloquecer un incorregible compulsivo como yo. Ella permaneció con los ojos en medio a lo horizonte. Súbitamente prendió mías manos y como Vivien Leigh en El Viento se Llevó, concedió a mí de forma divina un beso cinematográfico, yo fue llevado a las nubes.

Yo siénteme un Clark Gable en lo acto y con todo merito recuérdeme de la Cinelândia y como una auténtica escena Hollywoodiana me sentí un actor competente de las grandes telas de cinema. Olente abrázame y yo junto a los sus seios de Venus, así yo estremecí. Entró en el carro y partió en disparada hacía la mía sorpresa dejándome mitad muerto en la calzada ardiendo de pasión.

Nunca más, yo he vido ella. Yo por todos los lados procuré en vano. Coloqué anuncios en los jornales pero nunca más hube sabido del destino de ella. Un recuerdo permaneció. La dama de añil dejó en mío bolso un billete, una advertencia o mejor una sinergia misteriosa.

¡Se afaste de mí! ¡Peligro! Tengo dono premiado en lucha libre, judô, jiu-jitsu, profesor formado en lo Japón, Campeón de Boxeo en los Estados Unidos y amigo íntimo de Eder Jofre.

Sus osos son frágiles y la vida es una sólo… ¡Cuidado!

//alex


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