Ando buscando a Dios. Lo busco en el rostro de todos los rostros, en la cima de todas las montañas, en la espuma de todas las olas, en los ojos de todos los niños, en las caricias de todas las madres. A veces lo veo por todos lados, en la perfección del mundo, en el misterio de una noche estrellada, en la melancolía de una tarde de lluvia, en el vuelo de los pájaros, en los girasoles que miran el sol, en los trigales que serán pan, en el manantial que lame la roca. pero no lo encuentro. Estoy ciego de fe, mi razón oscurece la senda y no encuentro el camino hacia Él. Las religiones se pierden en el trayecto porque son ateas, ¿porqué entre todas no marcan un solo camino?, si la meta es la misma. Yo no creo que el señor quiera al hombre dividido en guetos, porque éstos terminan queriendo mas su espacio de poder que a Dios, que es su esencia. Si estamos hechos a su imagen y semejanza, yo lo busco hombre, lo busco amigo, lo busco compinche, para hablarle de mis dudas y mis convicciones de mis alegrías y mis frustraciones, para preguntarle: si es cierto que existe la felicidad, para saber donde está y como encontrarla, si el pecado es placer o represión mental, si los que andamos por la buena senda no le estamos dando mucha ventaja a los que no lo hacen, que deuda está pagando el que sufre y que premio está gozando el que ríe. No lo quiero para pedirle nada. Cuando vine al mundo enseguida entendí que la vida es así: una se cal y tres de arena que debo recorrerla de punta a punta, solo, porque ya el milagro me lo hizo cuando nací, me dio cinco sentidos para transitar el mundo y descubrirlo día a día. Por eso VI a quien tira lo que le sobra y al que sufre porque le falta. OÍ la música mas fantástica y el llanto de la frustración. OLI el mejor de los perfumes y el hedor del mendigo. GUSTÉ el mejor de los manjares y vi comer de la basura. ACARICIÉ la suave piel de un bebe y la mano rugosa de un anciano. ESCUCHÉ la mejor canción de amor y el trueno de los cañones. Pero estoy vacío, no estoy completo, tengo el alma demasiado grande, me sobra espacio, me falta la fuerza de espíritu que me empuje, para no bajar los brazos, para darme el tiempo de disfrutar de las pequeñas cosas, que están ahí, pero que la ansiedad me impide ver y a su vez me falta velocidad para no reparar tanto en las cosas que me duelen y que no puedo resolver, porque no soy DIOS.
Yo se que no tienes tiempo, tampoco se si estoy preparado para encontrarte. En mi casa siempre está preparada la mesa esperándote, con un pedazo de pan para compartir y un cántaro de vino, grande, para que dure toda la noche. De madrugada, cuando te marches me sentiré menos solo porque ya tendré un amigo.
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