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¡Vaya con la vida!

Autor: Martha Susana

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Cuento publicado el 04 de Junio de 2013




Una vez más parecía que la vida quería ensañarse con ella, seguramente le pasaba a todo el mundo, pero sentía que ya era demasiado, nunca podía disfrutar de mucho tiempo con salud, y para peor eran enfermedades donde la única solución era la cirugía, ya había perdido la cuenta de cuántas iban, pero siempre venían acompañada de una segunda intervención, nunca sola. Nunca salía todo como estaba previsto, algo complicaba las cosas y ¡vuelta a empezar!.
Mercedes, había preparado todo con esmero, “por si acaso…” y ahora, de nuevo, ya estaba de vuelta en su casa, pero esperando el resultado de una biopsia, que se parecía mucho a la espera de la hora de la ejecución en los patíbulos… ¡Peor aun! Puesto que esto vendría acompañado de un largo camino de desagradables experiencias. No sería ni un disparo certero, ni una capsula disuelta para aletargar al “paciente”. No, aquí vendría con toda clase de pruebas, para alargar la existencia, remedios que se contraindican unos a otros, y que el que los ingiere es el que paga “el pato”, intervenciones, punciones, internaciones, bah! Como siempre!… Mientras, consejos sobrarían, y todos reclamarían que se haga una fuerte, para aguantar lo que viniera, todo en pos de nada. Sólo de una muerte más lenta y más cruenta… Caramba! Si era injusta la vida!. Bueno nadie dijo que fuera justa, es verdad, una quiere desde que tiene uso de razón que sea justa, pero eso es un deseo, no una ley.
Bueno, hoy parecía que tenía un día un poco mejor, había podido levantarse sola, sin la ayuda de sus ocasionales ayudantes, que le obligaban a hacer lo que ellos quisieran, a comer aun sin tener hambre o beber sin tener sed. Le ponían la ropa que les parecía adecuada sin pensar si ella tenía frío o calor, todos tenían derecho sobre ella, como si ya hubiera muerto. Alcanzó a ver sobre de su escritorio todo ocupado con cosas desconocidas para ella, ya no estaban sus apuntes, ni sus porta-retratos con sus fotos predilectas, es verdad, había mas orden, reconocía que era medio caótica para sus enseres, pero siempre decía que en medio de su caos, nunca perdía lo que realmente le era necesario… Siguió camino hacia la cocina, fue a preparase un mate, hacía tanto que no tomaba! Puso la pava, mientras se le dividían las ideas, no sabía que hacer con su tiempo libre, que no era tal! Estaba desocupada porque no podía hacer nada útil, estaba impedida por ese maldito malestar que precedía sus mañanas, y se agrandaba por las tardes para hacerse imposible de tolerar por las noches. Pero hoy no, hoy estaba mejor, se acercó a la ventana y mirando hacia afuera vio a una anciana que la miraba extrañada, los ojos caídos, los párpados casi cerrados, sólo por el reflejo de unos ojos semiocultos se daba cuenta que la observaba… La boca fruncida, como si un elástico estuviera apretando sus labios, que casi ya no eran, su boca parecía desdentada, pues estaba hundida, su nariz alejada por la flacura de la cara, asemejaba una bruja, sus cabellos eran cual resortes finos y desaliñados, entre blancos y amarillentos, como la piel de su rostro.

… Sintió pena por ella y pensó mejor partir antes de llegar a ser un espantajo como la pobre mujer!
Giró sobre sus pasos, y apagó la cocina, pues ya escuchaba el murmullo del agua para el mate, pero se le habían ido las ganas de tomarlos. Al volver a mirar la ventana cayó en la cuenta que estaba frente al espejo de su cuarto de baño…

//alex


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