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La marioneta

Autor: Mauro Riesco

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Cuento publicado el 19 de Enero de 2012


Dioni al entrar no encontró nada, los pasillos y los estantes no tenían lo que deberían, el niño desilusionado salió y volvió a entrar, como si su acción pueda cambiar las cosas. Al ver que esto estaba sucediendo realmente y no había ningún cambio, exploto en llantos; los cuales de mucho no sirvieron, ya que la demostración de sufrimiento era inútil en el medio de la nada. Bajó el picaporte, con el mismo entusiasmo que un empleado cansado y frustrado comienza su ardua jornada laboral, abrió la puerta y salió del lugar.

Mientras volvía a su casa, sacándose las lagrimas sintió un extraño ruido, voltio y… nada, la calle estaba igual que la juguetería, nuevamente lagrimas, no podía creer que la vida fuera tan triste.
Después de unas cuantas cuadras al haberse recompuesto un poco, volvió a sentir ese extraño ruido, entonces ya furioso grito (despreocupado, total… nadie lo escucharía).
– ¡Basta!... ¡Basta!... Deja de seguirme--.
Y corrió desesperado, intentando escapar de algo.
--“¡Solo quería ser usado!”
El grito que se escucho freno al niño, lo detuvo, lo paralizo, en ese momento formo parte de la nada que lo rodeaba; atónito y medio desquiciado, por los sucesos del día, contesto:
--“¿Quien?... ¿Quién quiere ser usado?
La nada se trasformo en silencio y este en ansias de respuesta, así como cuando uno espera la caída de una gota que apenas se empieza a formar en una canilla, ya cerrada.
--“yo”--
La voz salió del pasto, la locura del chico estaba por desbordarse…
--“basta, no me jodan, ¿quien anda ahi?”—pregunto el niño con un gramo de lucidez.
--“Soy Roble, la marioneta del primer estante, no creo que me hallas visto…, nunca nadie lo hace, ni me han probado, si quiera para ver de que soy capaz, estoy en ese privilegiado lugar y nunca una mirada”—dijo el juguete muy afligido.

El joven seguía pasmado mirando el pasto.
--Tus portazos y llantos me revivieron, me siento en la misma tormenta que vos, hace ya 20 años— (desde que naci, pensó la marioneta). – eh decidido hacer algo por mi y por alguien que creo que esta en mi misma situación, nos podemos ayudar--.
Dioni ya loco completamente, decidió hablarle al pasto, con una voz excesivamente quebrada.
--Sos una marioneta y me pensas ayudar, yo solo veo el pasto… —dijo el niño dudando su mirada.
--¡Por lo menos soy una voz en la nada y vos un niño en plena soledad!—contesto perdiendo ya la calma la marioneta.
--Pero una voz en la nada, hablarle al suelo y que este me conteste, no me parece algo que me haga salir de esta tristeza o locura— entrando en razón dijo Dioni.
Roble solo hizo 2 o 3 movimientos como intentando buscar una solución al problema y entendiendo al joven.
Ambos pensaron unos cuantos minutos….
--¡te hago aparecer, te pinto, te hago un traje, una mascara! ¿Se puede, no?, vamos a ser la posta, basta de tristezas—como resolviendo el enigma, casi que lo cantó el niño de la felicidad que lo golpeo. Entusiasmado por su conclusión seguía mirando hacia el mismo lugar, como si ya la pudiera ver, ahí sentada, pensando.
--No—retumbo en la boca del juguete.
Acobardado por la respuesta, entendiendo poco y nada, con los dientes tiritando el niño... --¿Por qué no?, vos vas a tener a alguien que te use y yo uno de los juguetes que tanto deseo—
--Porque no, soy esto y lo voy a seguir siendo… Yo que gasto en moverme por nosotros y vos que no te das cuenta. Delire, me compró tu dolor, pero no sos otro hipócrita como los demás, con miedo —. Gruño Roble ya totalmente envuelto en rabia.
--Bueno capo, pensa algo vos entonces—respondió el niño con completa normalidad sin entender los insultos.
El pasto no contesto nada…, el chico espero varias horas
El suelo tristemente ya no tenía voz, parecía que ya no estaba más ahí eso que nunca estuvo.

//alex


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