|
Cena de gala
Lucía Caetano
 (219 puntos / 82 votos)
Seguro que muchas mujeres han soñado alguna vez con ser reinas por una noche. ¿A que sí? Pues un día yo estuve a punto de hacer realidad ese sueño gracias a una invitación sorprendente. Claro que digo "a punto" porque la noche no fue como yo imaginaba...
Todo comenzó la tarde de un viernes cuando mi amiga Antonia y yo paseábamos por un céntrico parque, tratando de aliviar los calores del verano. Estábamos cotorreando sobre los últimos escándalos del corazón- es nuestro pasatiempo favorito-, cuando un desconocido con muy buena planta nos abordó.
"¿Podrían dedicarme un minuto?", nos dijo, muy educado."¡Y una hora si tú quieres!", respondió mi amiga, mirando sus ojos verdes. El chico tenía una labia que para qué y comenzó a soltarnos un rollo sobre un nuevo producto alimenticio que su empresa estaba a punto de lanzar. Para iniciar la promoción del mismo, habían decidido organizar un ágape por todo lo alto en el hotel más lujoso de la ciudad. Y él tenía la misión de elegir a dos amas de casa-ésas éramos nosotras-para hacerles vivir una noche de ensueño. "Podrán ver un vídeo muy especial que les hemos preparado-nos explicó-.
Luego les daremos un banquete único y, para acabar la noche, les haremos entrega de un regalo sorpresa. ¿Qué les parece?
Por supuesto, dijimos a todo que sí y aceptamos presentarnos en el hotel a las 21.00 horas.
"¡Y vengan muy guapas!-nos dijo antes de despedirse-las estaremos esperando".
¿Se imaginan el desenfreno que vivimos esa tarde Antonia y yo? Las dos supusimos que teníamos que ir con traje de noche y, como ninguna teníamos de eso en nuestro guardarropa, salimos a la carrera a comprarnos uno. Después de gastarnos hasta el último euro de nuestros ahorros, nos fuimos a la peluquería. Sesión completa de maquillaje y peinado y las dos corriendo a mi casa para vestirnos. Tras colgarnos encima las pocas joyas que teníamos, salimos rumbo al hotel.
Al llegar allí, el recepcionista nos miró un poco alucinado y nos señaló el lugar donde se iba a celebrar la reunión. Como unas reinas, entramos en el salón y...¡nos encontramos con unas doscientas señoras como nosotras! La única diferencia era que ellas iban vestidas normales y nos miraban como si fuéramos bichos raros. Completamente abochornadas, nos sentamos a ver el "vídeo especial", que no era otra cosa que un anuncio de treinta segundos en el que se alababa las virtudes adelgazantes de unas galletas para gordas. Después de repetirnos el vídeo unas seis veces-querían que luego les diésemos su opinión-por fin llegó la hora de la cena.
"¡Por fin!-dijo Antonia-seguro que nos dan una buena mariscada". Ya, ya. Nuestro gozo en un pozo.
Lo único que había en el plato que nos sirvió el camarero era una galleta estratégicamente colocada. "¿Es una broma?", le pregunté, realmente mosqueada. "No, señora. Es para que nos den su opinión sobre el producto", dijo muy digno. ¿Se imaginan cuál era el regalo sorpresa de la noche?
¡Sí, un lote completo de galletas dietéticas! Qué pardillas.
|
¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario aquí
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado. Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)
|
|