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Odio

Autor: Héctor

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Cuento publicado el 24 de Agosto de 2016




Nunca he sentido ese estado de borrachera del coraz√≥n al que llaman amor, mis sentimientos desde que nac√≠ fue de un profundo odio hacia la humanidad, quiz√°s, hacia mi madre un poco de ternura, no podr√≠a explicar c√≥mo entend√≠a el t√©rmino ternura, es muy confuso, me suger√≠a una niebla algodonosa que produc√≠a placer por su flacidez, la recuerdo acarici√°ndome en la noche, la evocaci√≥n me trae la aspereza de sus manos, yo, desapasionado esperando se alejara para sumergirme en mis pensamientos, los √ļnicos que me daban placer, siempre jugando al villano realizando mal√©volas proezas; sus resultados me produc√≠an grandes satisfacciones, hasta quedar dormido, el sue√Īo jugaba a mi favor, tambi√©n las escenas eran de terror. Durante el d√≠a me motivaba con revistas, novelas y pel√≠culas de miedo, mi preferido; Nosferatu el vampiro, ese ser depreciable por sus dudas al cometer el crimen, su calvicie con una pelusa desagradable, la expresi√≥n de bobo sorprendido en sus bellos actos, la inocencia en su rostro al cometer el crimen, aumentaba la maldad de sus sentimientos por la contradicci√≥n de los mismos.

Mis amigos eran compatible con mi maldad, siempre esperando la oportunidad para hacer da√Īo, solo nos parec√≠amos en parte, ellos eran de acci√≥n, yo de introspecci√≥n, era un gusto escucharlos, sus logros y los futuros, all√≠ beb√≠a la sabidur√≠a de sus relatos, en casa pensaba sobre ellos d√°ndole m√°s √©nfasis a la acci√≥n. Luego en el reencuentro correg√≠a sus errores, se los perfeccionaba con mayor depravaci√≥n, les encantaban ser corregidos, me apodaron el maestro ciruela del espanto.
Me hice adulto, siempre con la misma carga, era consciente que continuando con esta actitud mi destino más próximo: el loquero.
Los primeros s√≠ntomas fueron psicosom√°ticos, soriasis, asma, alta presi√≥n sangu√≠nea, mis dos √ļltimas adquisiciones un tic nervioso en el dedo me√Īique, cuando comenzaba no pod√≠a dominarlo, y una risita silenciosa, nerviosa, rid√≠cula, usaba mi mano sana para ocultar el rostro por la burla que produc√≠a al ser descubierta, los rostros de sarcasmo aumentaban la velocidad del movimiento de mi est√ļpido dedo que no paraba de tamborilear junto a la risita gallin√°cea, era un verdadero suplicio.
Mis pensamientos rodeados de enemigos esperando un descuido para atacarme, siempre a la defensiva, mirando de reojo, observando a la gente, un gesto casual del otro me produc√≠a malestar, seguro dirigido a mi persona, esperaba lo peor, sus caras no eran amables. Le√≠ en alguna parte que el desconocido toma car√°cter de enemigo, cuanta verdad, recorte el comentario, lo llevaba siempre en la billetera, lo le√≠a, lo memoric√©, era mi salmo n¬į3, de la nueva biblia que ten√≠a pensado escribir, el n√ļmero 3 lo eleg√≠ por ser mi preferido, de ni√Īo lo adopt√© como c√°bala, caminaba por una vereda embaldosada y saltaba de tres en tres las losas, si ten√≠a que hacer algo lo repet√≠a tres veces, me daba tranquilidad y agotamiento.

Cuando observaba alguna persona, lo hacía intentando descubrir maldades en su rostro, las comparaba con las mía, nunca me superaron, no les gustaba ser examinados, unos hacían puff, se retiraban o rehuían mi mirada, otros se enojaban y ponían cara fea, por suerte nunca tuve graves problemas, salvo alguna que otra puteada.
Mi odio hacia la humanidad aumentaba d√≠a a d√≠a, no soportaba a la gente, en una oportunidad estaba sentado en un caf√©, en otra mesa una anciana me miraba fijamente, ahora yo era el molesto, cruzamos miradas de odio, me puso nervioso la vieja idiota, me levant√© y me dirig√≠a a ella, levant√≥ la vista, me observ√≥ fijamente, le√≠ sus pensamientos que dec√≠an ¬ĖImb√©cil, a mi no me ganar√°s, soy m√°s poderosa que t√ļ.
Fue su culpa, nunca me hubiera desafiado, le pegué un bofetón que le hice saltar la dentadura postiza, la inmundicia cayó al suelo, la destrocé con fuertes golpes de mi borceguí, arrepentida lloraba, acerqué mi rostro al de ella, diciéndole, -¡Y ahora… quién es más fuerte, contesta vieja cretina!
Sent√≠ un terrible golpe en la cabeza, despert√© en un m√≥vil policial, me encontraba esposado, al mirar por la ventanilla, numerosos curiosos con gestos simiescos de furia me gritaban, no entend√≠a, todos lo hac√≠an al mismo tiempo, la profec√≠a se hac√≠a realidad: ¬ďDesconocido, enemigo¬Ē.
Me dieron cinco a√Īos de condena por golpear a la vieja. Sal√≠ con m√°s aversi√≥n al g√©nero humano, especialmente a los ancianos.
Había llegado la hora del desquite.







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Fecha: 2016-10-26 13:56:22
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