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Mi √°ngel

Autor: Alex Diaz

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Cuento publicado el 20 de Abril de 2016


Al abrir los ojos, solo pude observar su rostro.
Sus ojos negros, emitiendo una peque√Īa luz, -¬°hermosos!- mir√°ndome fijamente sin parpadear, por un momento imagine que estaba so√Īando -ya que ese rostro imborrable a partir de ese momento en mi vida- nunca lo hab√≠a visto.

Su mirada penetrante, casi hipnotizante, sus labios cerca de los míos, su aliento, su rostro y su cabello, ese cabello negro;

Esa imagen, no permitía que mi mente se despejara y pudiera saber que fue lo que paso;
-su rostro, que bello rostro-pensaba
Y al pensar nuevamente en ella, mis ojos al parecer se apagaron.

Negro, blanco y un poco de color, no sabía qué era lo que pasaba; mis ojos poco a poco se abrieron y sentí que pude levantar un poco la cabeza, allí me di cuenta que estaba acostado y con las piernas y brazos entumidos, inamovibles; pero, intactos.
-ja ja- reí un poco
-como llegue aquí-
Encaje la mirada a mí alrededor y observe que había una muchedumbre que sólo murmuraba y con rostros de asombro, tristeza e inclusive indignación se percibía un ambiente no tan amable o tranquilo, y por cierto la gente murmuraba y murmuraba
-¬°c√≥mo detesto a la gente que murmura a sabiendas que hay gente cerca! ¬Ėme reprochaba entre dientes
Me da la impresión de que son personas cobardes, que no son capaces de decir las cosas de frente. En fin.

-¬°Bah! Olvidemos lo de la gente cobarde ¬Ė me dije;
Pensé que era momento de levantarme; así que, con un poco de ganas y unos quejidos como apoyo o más bien motivación, trate y trate de incorporarme, después de varios intentos me di por vencido, no pude ni mover un dedo.
Lo √ļnico bueno de permanecer acostado era que mi espalda, ahora s√≠, estaba recta, bueno al menos eso era lo que sent√≠a

-Ya, ya, no te emociones- me dije
Deb√≥ ser sincero, mi espalda es un poco encorvada, y al recordar e imaginar mi espalda no tan recta; record√© la voz que todas las ma√Īanas siempre dec√≠a, me imagino que esos comentarios iban dirigidos a m√≠- ¬°c√≥mo no est√° derecho, chinga!-
A√ļn no entiendo el porqu√© de esas palabras

Con los ojos abiertos, mirando cada persona que se encontraba alrededor, busqué a la mujer de rostro bello, hipnotizante, y sobre todo imborrable;
¬ŅC√≥mo olvidar un rostro tan bello?
¬ŅC√≥mo olvidar que estuvo tan cerca de besarme?
-Pero, ¬ŅPor qu√© a m√≠?- pens√©
-¬Ņno la conozco?, ni creo que me conozca
-¬Ņde d√≥nde sali√≥?

¬°Zaz! Como imaginando el dolor por un fuerte golpe en el cuerpo; me estremec√≠ al mirar a la mujer de bello rostro agachada, arrodillada y con su rostro frente a otro rostro, su cabeza inclinada y sus labios -¬°ohhh! Sus labios- besando otros labios que no eran m√≠os. Sin conocerla imagine llorar como un ni√Īo que pide atenci√≥n.

Ella, sin moverse y s√≥lo besando los labios de aquel cuerpo inerte, parec√≠a disfrutarlo; yo, por el contrario me imaginaba derramar l√°grimas, al mirar nuevamente a aquella mujer ¬ďinfiel¬Ē vestida de color negro y con sus manos cubiertas por unos guantes del mismo color, acariciando el rostro de aquel cuerpo.

De pronto, observe como de su espalda brotaron unas alas de color negro con las cuales logro elevarse a la altura de aquel cuerpo inerte. Sus pies convertidos en garras cogieron el cuerpo y se elevaron muy alto, muy pero muy alto para luego dejarse caer y sumirse en el suelo, mi mirada se pasmó y mi cuerpo nunca más se movió; ahora vivo en un aparador para recordarlo, mi ropa es cambiada cada temporada y soy observado todos los días, pero nunca más por aquella mujer.





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