ÔĽŅ La vieja Josefa. Cuentos cortos de terror
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La vieja Josefa

Autor: Rubén Lofeudo

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Cuento publicado el 04 de Julio de 2014


Voy a contar una historia, donde puede apreciarse la deformación humana o tal vez la falta de sensibilidad de la raza hacia lo que suponíamos que era poco menos animal, ya que el hombre siempre así lo considero como ejemplo instructivo frente a la Sociedad que ha legislado nuestras leyes.

¬ďCierta vez, en una aldea lejana, encontramos frente a un lecho de muerte, a un m√©dico de cabecera, al hijo de la futura difunta y a esta, en su camastro. Una anciana ya vencida por la vida, tranquila y resignada al traspaso para el otro mundo, a la edad de 92 a√Īos, miraba y escuchaba el dialogo entre el m√©dico y su hijo, que estaban discutiendo airadamente sobre las √ļltimas horas en este incre√≠ble mundo de la muy pobre e ignorada mujer.


El médico le solicitaba al hijo, cuyo nombre era Torcuato, que asistiera con su presencia al inmediato desenlace de su madre con la vida terrenal, mientras Torcuato le retrucaba que justamente en esos momentos debía levantar la cosecha, pues el excesivo calor reinante podía quemar el bien capital de tantos meses de labor.
El sol reinante afuera de la habitaci√≥n era abrasador y se ensa√Īaba en querer entrar en la vivienda y emanaban los olores del campo que circundaban la casa con el t√≠pico aroma a trigo y alfalfa irritados por algunas mangas de saltamontes que buscaban mordisquear las tiernas hierbas. El m√©dico no lograba hacerle entender al testarudo y afanado Torcuato que la indefensa anciana no pod√≠a quedar sola en ese estado terminal, pero a su vez tropezaba con la intransigencia de la avaricia que sosten√≠a el hijo.

-¬°Va a morir de un momento a otro! le gritaba indignado el galeno.
-¬°Qu√© opinas t√ļ, madre querida! rechinaba Torcuato mirando a la vieja.

La moribunda mujer torturada por la avaricia de su hijo, le dec√≠a con los tristes ojos que cumpliera su deseo de recoger el trigo y la dejara morir sola en la l√ļgubre pieza.

El m√©dico, que hab√≠a acompa√Īado a la familia durante casi una vida, se enfureci√≥ y golpeando el suelo con su zapato le infiri√≥:

- Es Ud. Teodoro, un bruto en potencia y no le permitiré que haga tremendo salvajismo. Si en realidad considera sumamente necesario recoger esa maldita cosecha, al menos vaya a contratar a la vieja Josefa, que se dedica a tomar el cuidado de enfermos y fallecientes a cambio de algunos pesos. Si no me obedece mis suplicas, lo dejare morir como a un perro cuando llegue a enfermar, me entiende o debo repetírselo nuevamente?

El campesino, un hombre corpulento, de gestos lentos, torturado por el miedo que le impacto el m√©dico y por el amor atroz al ahorro, dudaba en la decisi√≥n, calculaba y murmuraba en voz alta: ¬ŅCu√°nto cobrara la Josefa?
-¬°Yo que s√©! le gritaba el m√©dico. Todo depende del tiempo que Ud. la contrate. Haga un trato con ella, pero que no se demore m√°s de una hora, ¬Ņme ha entendido?

El infeliz de Teodoro se decidi√≥: Ya voy, ya voy, no se enoje, se√Īor m√©dico.
El médico se retiró repitiéndole: ¡Tenga mucho cuidado Teodoro, que yo no bromeo cuando estoy realmente enojado!

Teodoro, quedo solo junto al lecho de su madre y con voz resignada le dijo:
-Voy a buscar a la vieja Josefa, ya que el médico lo ha solicitado. No te muevas hasta que regresemos, espéranos en calma.

Capitulo 2

La Josefa era una vieja perversa, envidiosa, con una avaricia tal que su codicia le hac√≠a ver todo ¬ďde color dinero a cambio de¬Ē. Era planchadora de profesi√≥n, pero hacia lo que fuese para conseguir un poco m√°s de plata. La plancha le hab√≠a curvado las espaldas, como si los ri√Īones se hubiesen roto en trozos sobre el resto de su cuerpo. Se comentaba tambi√©n que la agon√≠a ajena le produc√≠a una especie de amor monstruoso y c√≠nico. No hablaba de otra cosa que de muertes y que hab√≠a concurrido a todas las variedades de fallecimientos, sabia de los sufrimientos con tal meticulosidad de detalles que era monstruoso escucharla.
Cuando Teodoro irrumpió en su casucha, la encontró preparando un brebaje para una de sus víctimas.
R√°pidamente le proporciono los datos de su visita y la necesidad urgente de su madre en su profesional compa√Ī√≠a.

La vieja retiro las manos del caldero donde estaba preparando la p√≥cima de color azulada y transparentes, sus dedos eran largos y delgados donde se apreciaban las largas u√Īas de color negruzco.

-¬ŅTan mal se encuentra? le pregunto con una s√ļbita simpat√≠a.
-El medico dijo que tal vez no pase de esta noche, contesto Teodoro.
-¬°Entonces se encuentra jodida tu madre! dijo la vieja Josefa.

Teodoro dudo unos instantes, pues necesitaba encontrar alg√ļn que otro pre√°mbulo para solicitar la propuesta. Pero al no encontrar palabras que le fluyeran libremente de su mente convulsionada, largo de un solo golpe:

¬ŅCu√°nto me cobrara por cuidarla hasta el final? Ud. ya sabe que no somos ricos, no puedo pagar ni una sirvienta para los aseos de la vivienda, siendo ese el principal problema por el que se encuentra as√≠ mi madre. Demasiado movimiento, demasiado cansancio, la pobre trabajaba con sus 92 a√Īos como si fueran diez. Hoy ya no se encuentran personas tan laburadoras.

La vieja Josefa fue clara y concisa, para contestarle r√°pidamente:

- Yo tengo establecidas dos tarifas y son la siguientes:
-Por cada día de cuidado le cobrare 50 pesos y otros 50 pesos si debo quedarme por la noche. Por ser Ud. un hombre pobre, le cobrare la mitad de la tarifa.

El ignorante campesino, comenzó a sacar cuentas, reflexionando que conocía demasiado a su madre, esta era tenaz y no se entregaría muy fácilmente, sabía que era fuerte y la cosa podía prolongarse por muchos más días de los previstos, pese a la opinión del médico, la separación del alma del cuerpo, podía dilatares a más de ocho días.

-Mire do√Īa Josefa, yo preferir√≠a que me hiciese un paquete completo, o sea hasta que se produzca el corte final. Debemos arriesgar, si muere enseguida, Ud. se beneficia y es peor para m√≠, pero si se muere ma√Īana o pasado, mejor ser√° para m√≠ y peor para Ud., le parece?

La vieja Josefa lo miraba sorprendida, ya que nunca hab√≠a hecho un contrato a precio alzado. Dudaba y sospechaba que la quer√≠a enga√Īar con la sugerencia, eran ambos un par de irresolutos avaros.

- ¡No podré decirle nada, hasta que no vea a su madre!, dijo la usurera vieja bruja.
-¡Vamos a verla de inmediato! respondió el campesino Teodoro.

La vieja Josefa se sec√≥ las manos y parti√≥ detr√°s del ansioso aldeano. No hablaron en casi todo el recorrido, el andaba a grandes zancadas y la vieja corr√≠a tras sus pasos; ya estaban llegando a la vivienda y en la mente de Teodoro se manifestaba la duda. ¬ŅY si ya est√° muerta?

Capítulo 3

Llego jadeante, abri√≥ abruptamente la puerta e inmediatamente pudo comprobar que su madre aun respiraba. La pobre anciana a√ļn no hab√≠a muerto, mientras sus tristes ojos vidriosos observaban los ya dispersos movimientos alrededor de su apoltronada cama de muerte. Permanec√≠a boca arriba, con sus huesudas y nudosas manos sobre la colcha color violeta, parec√≠an dos cangrejos deformados por los reumatismos, la fatiga y los trabajos incansables que hab√≠an realizado.


La vieja Josefa, se acercó para escucharla respirar, le pregunto alguna cosa, para oír su voz y así dar el diagnostico afín a la propuesta.
Su opinión ya estaba formada, la viejita no pasaría de la noche. Pero cuando Teodoro intento saber su opinión, esta le dijo que su madre era muy fuerte y tal vez durara algunos días más.

-¬ŅEn definitiva, cuanto me hace por el cuidado? dijo alterado el hijo.
- Bien, supongamos que dure tres días. El convenio será de 300 pesos!
-¬ŅComo dice? ¬°Se ha vuelto totalmente loca, 300 pesos no los tengo!

Así estuvieron discutiendo durante varios minutos frente a la anciana, que miraba la contienda fundada en su muerte. Ambos eran demasiado obstinados para dar el brazo a torcer.
La vieja Josefa amago con enfilar hacia la puerta y acabar la conversa, pero el desesperado Teodoro, mirando de reojo a su madre, tuvo que aceptar las condiciones impuestas por aquella malvada bruja.

-¬°De acuerdo, le abonare los 300 pesos, pero todo incluido!.
Ya solucionado el entuerto, beso a su madre y le soltó al oído:
-¬ŅViste cu√°nto te quiero viejita? Y sali√≥ a las zancadas a cosechar su trigo, ya acamado en el suelo bajo el intenso y quemante sol.

Capítulo 4

La vieja Josefa, ya instalada junto a la cama de la viejita, hab√≠a tra√≠do trabajo alternativo, pues mientras tanto realizaba tareas contratadas para otras familias que necesitaban de su quehacer. En definitiva los moribundos no necesitaban m√°ximos consuelos, ya que estaban muy conscientes de sus √ļltimas horas en este mundo.

De pronto, miro a la anciana y le pregunto a quemarropa:

-¬ŅDo√Īa, ya ha recibido los √ļltimos sacramentos cristianos?

La viejita, dijo que no, moviendo la cabeza hacia ambos lados. Josefa que era muy creyente y devota, salto de su silla y pegando un grito:

- ¬°Dios m√≠o, Dios santo! ¬ŅSera posible tal herej√≠a? Voy de inmediato a buscar al cura p√°rroco, trate de no morirse mientras tanto!

Sali√≥ corriendo de la vivienda y parti√≥ hacia la capilla, que estaba muy cercana al lugar. Entro a la capilla como un rayo y arrodill√°ndose a los pies del cura, le suplico que la acompa√Īara para suministrar los santos sacramentos a una moribunda terminal. El cura entendiendo el noble pedido, se coloc√≥ su sombrero de paja, su amito y corri√≥ detr√°s de la vieja Josefa, no sin antes llamar con un grito al joven acolito que se hallaba lustrando unas portas cirios.

Los 3 acalorados individuos iban corriendo por las calles del pueblo, mientras los transe√ļntes y vecinos que los ve√≠an pasar, se persignaban y se sacaban sus sombreros al paso del acolito, que iba tocando las campanillas que anunciaban el paso de Dios por el campo tranquilo y ardiente.

El pueblo estaba perplejo y todos quer√≠an saber hacia d√≥nde se pod√≠a dirigir aquel trio, que los desconcertaba en su carrera alocada por los campos aletargados por el calor reinante. Las mujeres que lavaban sus ropas en las aceras no dejaban de santiguarse y las gallinas que corr√≠an asustadas a lo largo de las cunetas, balance√°ndose sobre las patas hasta llegar a alg√ļn agujero y escapar de tal vor√°gine. Un potro amarrado en un prado se asust√≥ y comenz√≥ a tirar coces a diestra y siniestra, con los perros callejeros corriendo detr√°s del monaguillo que iba arrastrando su sotana roja, mientras repiqueteaba las campanillas. El sacerdote con su cabeza inclinada sobre sus hombros y su sombrero de paja ladeando al costado, lo segu√≠a a grandes zancadas. La vieja Josefa los segu√≠a sin prisa ni pausa, con la lengua fuera y traspirando la gota gorda, con las manos juntas como si estuviese frente al altar.

Desde el campo sembrado, Teodoro vio el alboroto que sucedía frente a su vivienda y se preguntó que estaría sucediendo. El peón, a su lado, un poco más espabilado le respondió: ¡Le estarán llevando el bueno de Dios a tu madre!. Sin sorprenderse mucho, Teodoro pensó que era muy posible tal aseveración y prosiguió con su trabajo.

Capítulo 5

La viejita recibi√≥ los santos sacramentos, se confes√≥, fue absuelta y comulgo en la gracia de Dios. El cura se march√≥ rumbo a la iglesia y dejo solas a las dos mujeres en la casucha h√ļmeda y asfixiante.

Fue entonces que la vieja Josefa comenz√≥ a mirar a la moribunda y se preguntaba si la cosa durar√≠a demasiado. Estaba anocheciendo, el aire m√°s fresco entraba en fuertes r√°fagas por el ventanal y hacia aletear una estampa de San Crist√≥bal M√°rtir, patrono cristiano de la aldea, que se sosten√≠a mediante dos alfileres en la cabecera de la cama. Las telas del cortinado, anta√Īo blancas y ahora amarillas y cubiertas de manchas de moscas, parec√≠an querer echarse a volar, querer partir, tal como el alma de la anciana. Esta, estaba inm√≥vil, con los ojos abiertos, parec√≠a esperar con indiferencia la cercana muerte, que tanto tardaba en llegar. Su respiraci√≥n entre cortada, silbaba de su garganta oprimida. Dentro de muy poquito habr√≠a sobre la tierra una viejita menos, que nadie ya extra√Īar√≠a con dulces sentimientos.

Al caer la noche regreso Teodoro y al acercarse a la cama, comprob√≥ que su madre a√ļn estaba con vida y le pregunto: ¬ŅC√≥mo est√°s?, como hac√≠a en otros tiempos cuando ella padec√≠a alguna indisposici√≥n.

Luego le dijo a la vieja Josefa, que volviese a las 5 de la ma√Īana, sin ninguna demora posible, ya que deb√≠a proseguir con la sesga del trigo.

Capitulo 6

Puntualmente llego la vieja Josefa para ocupar la fiel vigilancia de la pobre moribunda. Teodoro estaba sorbiendo una sopa de verduras que el mismo había preparado. Al verla llegar, se levantó de la silla y fue a encarar la puerta de salida, cuando la vieja Josefa le pregunto:

-¬ŅY bien, ya se ha muerto su madre?

El también, de manera cínica, con un frunce malicioso en el rabillo de los ojos le contesto:

-¡Esta mucho mejor! Y sin saludarla se dirigió al exterior, cerrando la puerta con un leve pero sonoro portazo.

La vieja maldita, inquieta, se acerc√≥ a la agonizante, que permanec√≠a en el mismo estado, oprimida e impasible, con los ojos abiertos y las manos crispadas sobre la colcha y ya iba haci√©ndose a la idea que la cosa se extender√≠a varios d√≠as m√°s, raz√≥n por la cual el p√°nico le iba oprimiendo el coraz√≥n de avara, mientras que una c√≥lera furiosa le indicaba que aquel ladino de Teodoro la hab√≠a enga√Īado y contra la pobre moribunda que no quer√≠a dar el paso al otro mundo. Se puso a trabajar con sus cuestiones particulares, no apartando los ojos de la indigente viejecita.
Al mediodía, volvió Teodoro para el almuerzo y mirando casi burlón a la Josefa, se mostró contento y perspicaz. En definitiva, estaba recogiendo su cosecha de trigo en muy excelentes condiciones. Se sirvió un trozo de pan con una fetas de jamón y una buena copa de buen vino. Al finalizar su alimentación, retorno a sus tareas en el campo.

La vieja Josefa estaba desesperada; cada minuto que pasaba parec√≠a un tiempo robado. Por momentos, le ven√≠an unas ganas locas de agarrar por el cuello a aquella viejita necia, obstinada y cabezota y apretarle el garguero para detener esa peque√Īa respiraci√≥n que le robaba su tiempo y su dinero. Pero tambi√©n pensaba en el peligro y como se le estaban ocurriendo otras ideas en la cabeza, las fue llevando a cabo. Se acerc√≥ sigilosamente a la cabecera de la cama y le pregunto a la moribunda:

-¬ŅYa ha visto Ud. al diablo?

La viejita murmuro que no le hab√≠a visto; entonces la vieja Josefa le informo que en su larga trayectoria de cuidar moribundos, a la mayor parte de ellos, antes de expirar a los agonizantes, se aparec√≠a el diablo en persona. Le comento tambi√©n que tra√≠a una escoba en la mano, una cacerola en su cabeza y envuelto en una s√°bana blanca, lanzaba gritos aterradores. Cuando uno lo ve, quiere decir que todo ha acabado y se vive solo unos cuantos instantes m√°s; le enumeraba a todos los que el diablo se les hab√≠a aparecido delante de ella en el √ļltimo tiempo: Ana Corti√Īas, Jos√© Maldonado, Raquel Suarez, N√©lida Mart√≠nez, Ramona Pereyra, por nombrar algunos.

La viejita que estaba muy asustada, removía sus esqueléticas manitos e intentaba girar la cabeza en torno a la habitación en busca del diablo tan mentado que le comento la vieja Josefa.

De improviso, Josefa desapareció de los pies de la cama, donde estaba sentada, tomo una sábana blanca de un armario y se envolvió en ella, se colocó una olla en la cabeza que saco de la cocina y tomo la escoba de barrer el patio con su mano derecha, y con la izquierda sostenía una sartén para hacer sonar estruendosamente.

Ni bien estuvo preparada la escena, se apareció por el costado lateral de la cama, subida en un banquito, lanzando gritos aterradores agudos dentro de la olla metálica que le tapaba la cabeza y revoleando con la amenazante escoba, como si fuera el tétrico diablo de la narración que momentos antes le había graficado a la moribunda.

Aterrorizada la pobre infeliz, con la mirada enloquecida, la viejita hizo un esfuerzo sobrehumano para levantarse y huir, sacando sus hombros y pecho fuera de las cobijas de la cama, pero luego volvi√≥ a caer sobre el colch√≥n, dando un quejido desesperado, suspiro por √ļltima vez.
Por fin, todo había terminado.

La vieja Josefa, con suma calma, volvió a su lugar todos los objetos que había utilizado en su obra; la sábana blanca en el armario, la olla y la sartén en la cocina y la escoba en el patio trasero de la casa.

Luego se acercó al cadáver, le cerro los grandes ojos, puso sobre la cama un plato con agua y unas florcitas que recogió de una maceta en el patio y arrodillándose, se puso a recitar con sumo fervor las oraciones de los difuntos, que por su oficio, ya se sabía de memoria.

Al anochecer, cuando regreso Teodoro a la vivienda, encontró a la vieja Josefa rezando piadosamente junto al costado de la cama y de inmediato hizo un grosero cálculo, conviniendo que la vieja había salido ganado, ya que solo estuvo con la moribunda un par de días, mientras que lo contratado había sido por tres jornadas. Se despidió de la vieja Josefa y enfilo hacia el consultorio del médico para darle las buenas nuevas de que su madre había expirado en la gracia de Dios.

Hay veces que se gana y otras que se pierde, pens√≥ lastimosamente el campesino Teodoro por su contrato con la vieja Josefa, pero gracias a los cielos, la cosecha hab√≠a sido levantada con √©xito!¬Ē

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2016-10-22 07:20:15
Nombre: Lau.C
Comentario: me gust¬®¬ģ mucho Tu historia pero, m¬®¬Ęs me gustar¬®¬™a una segunda parte donde la vieja Josefa pagara por sus maldades.


Fecha: 2014-07-18 19:03:06
Nombre: Ximena
Comentario: El hijo se llamaba Torcuato o Teodoro?
El final no esta concluso.
Cuando la Vieja Josefa se disfraza de Diablo,y pretende matar del susto a a la pobre anciana, apareció el Arcángel Miguel, la vieja Josefa arrepentida pide perdón a la anciana, la madre de Torcuato Teodoro, le pide a la Vieja Josefa que le narre a su hijo lo sucedido y que a pesar de su avaricia ella lo ama, que pedirá a Dios padre le perdone y que encuentre una mujer que le de hijos.. Te amo hijo..." Fin "


Fecha: 2014-07-04 18:19:29
Nombre: Lucia Belen
Comentario: insólito cuento! me dejó triste y mal... Pero está bien contado...