El cuervo. Cuentos cortos de terror


El cuervo

Autor: Dario Gomez Porta

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Cuento publicado el 17 de Mayo de 2013


¿Es de noche o es de día?, parpadeé y por el rabillo del ojo note que la madrugada ya era alba. Permanecí sentado y quieto más de un minuto hasta despabilarme, tras una rápida higiene di paso a recolectar mis ropas esparcidas por el cuarto. Aunque escuchaba el bramido de mis entrañas no había tiempo para un desayuno. Salí. Iba camino hacia el andén cuando un susurro me hizo volver sobre mis pasos. ¿El cuervo me habló? Me detuve a mirarlo y el me devolvió la mirada, me hizo un gesto para que me acercara pero me paralicé, aleteó bruscamente las alas acercándose y masculló en susurros -¡no corras!…, mi pecho se hundió, y con la garganta congelada por el miedo corrí sin mirar atrás, solo quería alcanzar el vagón. La puerta cerró detrás de mí, increíblemente la espesa multitud me tranquilizaba, ¿que había visto? ¿Fué real? Las literas de casas pasaban a gran velocidad pero para mi sorpresa la fulminante mirada del ave negra estaba clavada en mis ojos a la par del convoy,
¿Es de noche o es de día?, parpadeé y por el rabillo del ojo note que la madrugada ya era alba. Permanecí sentado y quieto más de un minuto hasta despabilarme, tras una rápida higiene di paso a recolectar mis ropas esparcidas por el cuarto. Aunque escuchaba el bramido de mis entrañas no había tiempo para un desayuno. Salí. Iba camino hacia el andén cuando un susurro me hizo volver sobre mis pasos. ¿El cuervo me habló? Me detuve a mirarlo y el me devolvió la mirada, me hizo un gesto para que me acercara pero me paralicé, aleteó bruscamente las alas acercándose y masculló en susurros -¡no corras!…, mi pecho se hundió, y con la garganta congelada por el miedo corrí sin mirar atrás, solo quería alcanzar el vagón. La puerta cerró detrás de mí, increíblemente la espesa multitud me tranquilizaba, ¿que había visto? ¿Fué real? Las literas de casas pasaban a gran velocidad pero para mi sorpresa la fulminante mirada del ave negra estaba clavada en mis ojos a la par del convoy,
Mi estupor no terminaba allí, nadie parecía notarlo excepto yo. Me perdí entre el pasaje y al llegar solamente pude correr, caminaba a grandes pasos veloces para descansar del trote, siempre sin mirar hacia atrás. Al llegar a destino el miedo que es curioso me hizo volver la cabeza y mi perseguidor levantó vuelo junto a una bandada de palomas hasta perderse en el cielo.

//alex


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