Gritos en el Viento . Cuentos cortos románticos


Gritos en el Viento

Autor: Aya Ghobashy

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Cuento publicado el 15 de Julio de 2009


Septiembre 2020


Temprano, una mañana de septiembre, estaba en mi camino a la universidad. Como siempre tomé el nuevo metro que fue construido en el centro de la calle “Abbassia”.

Era común competir entre los pasajeros para lograr entrar en el vagón del metro y estando adentro encontrar rápidamente el mejor lugar. Así que no difiere en nada a los relatos de mi madre, acerca del metro-subterráneo y de su sufrimiento cada vez que lo abordaba. Afortunadamente ese día estaba completamente vacío, pues era el primer día de la escuela y los estudiantes todavía estaban disfrutando otra semana de reposo y relajación. Lo que me sorprendió fue que había un asiento vacío. Entonces me senté viendo alegremente todo lo que había alrededor.


Me sentía afortunada, pues mi asiento estaba junto a la ventana; así que relajé la cabeza en el cojín, esperando la llegada a la estación.

Mientras estaba sentada, miraba desde la ventana y disfrutaba de la vista de los coches y autobuses llenos de personas, pensaba que se veían como “el estomago de una lombriz”. De repente se paró el metro. Creí que sólo se habían apagado las luces, y que pronto comenzaría a moverse de nuevo.

Sin embargo, el tiempo avanzó y el vagón no se movió ni un ápice. Luego vino el conductor y anunció que el metro había fallado, y que necesitaría veinte minutos para que actuase de nuevo. Dijo que quien quisiera salirse para coger un autobús, que lo hiciese, y quien quisiera sentarse y esperar, que esperase.

Dado que no sabía otra forma de llegar a la Escuela y que sólo faltaban cinco minutos para la primera clase, preferí permanecer en el metro hasta que todo se arreglase. Además, el metro estaba completamente vacío de personas, pues todos habían corrido para intentar coger otro medio de transporte y así llegar a tiempo a su trabajo.

Decidí escuchar música hasta que se moviese el metro. Apenas acercaba los audiófonos a mis oídos cuando escuché un llanto llevado por el viento, desde la parte derecha de la ventana.... No pude entender de dónde venía el llanto... miré a la derecha y a la izquierda, pero no había nada. El metro estaba casi vacío, sólo había dos hombres, completamente dormidos, y una mujer que tejía su ropa a la luz de la mañana.

Pensé que el sonido había sido inspirado por mi propia imaginación. Levanté los audiófonos y ya casi tocaban mis orejas, cuando volví a escuchar el llanto. Esta vez estaba acompañado de una voz semi-humana que hablaba muy despacio y con profunda tristeza, tan conmovedora que provocaba las lágrimas del que la oyese.

Habló la voz, y aunque no sabía de dónde venía, escuché muy atentamente y afiné todos mis sentidos para interpretar sus palabras.

La voz lloró fuertemente, acompañada por el sonido del viento, y decía:

“Ay mi historia, que nunca me aburro de contarla a los oídos de la vida…

Ay mis heridas, que no encuentro cura para ellas, a pesar de que ha pasado el tiempo y sus causas se han ido por fin debajo de la tierra

Ay la amada de mi alma… ¿dónde estás en este tiempo triste? Es muy duro sin ti.”

La voz se quedó en silencio por un momento, que me pasó como horas. Me imaginé que el mundo se había detenido a mí alrededor, y que no había nada, sólo la voz hablando y mis oídos escuchando con gran interés.

Momentitos más tarde escuché el canto de un ave... un canto triste, tenía el eco de un pájaro muy viejo.


La voz habló de nuevo:

"¿Has llegado, mi amigo?
¡Cuánto feliz me pongo cuando te veo!

Pues eres el único recuerdo que me queda de ella… del amor de mi alma"

La voz se quedó en silencio y aumentaron los cantos de los pájaros. Luego volvió a decir:

"Bueno, mi amigo... Pensé que te habías hartado de la historia, pero si quieres, te la cuento de nuevo... ...
déjame recuperar mis recuerdos”

Pasaron unos momentos hasta que la voz profunda empezó a contar al ave:

"Yo nací aquí, en este pedazo de tierra, y aquí también la conocí.

Nació en este pavimento, en el otro lado, en el lugar de esta terrible cosa llamada Metro.
La vi, y me fascinó el verde de sus hojas, su bien hecho tallo marrón y la prosperidad de las flores a su alrededor.
Creció delante de mí, y cada día su prosperidad me fascinaba más y más...
Vivía por ella y deseaba darle mi vida…
Busqué mensajeros... supliqué a las aves que le informasen sobre mi amor. Y tú, mi amigo, me ayudaste en mi juventud, y te dirigiste a contarle de mi amor y de mi ansia...
No envió su respuesta. Esperé mucho tiempo, se rompió mi corazón del ansia. Me rodeó la desesperación… y llegué a pensar que no me amaba y nunca me amaría.

Hasta que me sorprendió un día, una flor de las que le cuidaban a ella, dijo que me quería… tanto como yo a ella. Me lo envió por la brisa y por su perfume delicado. Me sentí alentado por el corazón.
Y comenzaron mis días a disfrutar de mi amor, con ésta que me hizo probar la dulzura de la vida.
Le enviaba los granos de polen con las mariposas y con el viento, ella los recibía y los guardaba como verdaderos tesoros. Luego creó con ellos hermosas flores durante la primavera y más tarde deliciosas frutas que ganaron la admiración de la gente que pasaba por ahí

Fuimos felices durante muchos años, disfrutábamos del amor, y vivíamos entre el canto de los pájaros, los perfumes de las flores, y los preciosos colores de las mariposas.

Sufríamos mucho... bebíamos copas de amargura diariamente... y el amor de mi alma se enfermaba de vez en cuando, pues absorbía gran cantidad de gases y hum; lo que deshizo su pecho y quemó su corazón.
Era un ángel suave que prefería a los otros antes que a sí misma. Bebía gran cantidad de los venenos y las toxinas que llenan el aire, sólo para proteger a los humanos.

Compartí el trabajo con ella pero su enfermedad me partió el corazón. Ella nació débil, con la raíz frágil y en cualquier momento podía marchitarse.

A pesar de todo eso, éramos felices en nuestra vida juntos, hasta que vino el fatídico día... ... ... "

Se detuvo un poco la voz, y sentí que mi corazón se detuvo con ella...

No era fácil creer lo que oía, y era imposible salir del lugar sin escuchar el resto de la historia. Gracias a Dios que el metro estaba descompuesto.

Aumentó la voz que lloraba con el triste canto de lo pájaros, y luego empezó a hablar de nuevo:

"Fue el peor día de mi vida...
Los vi venir desde lejos, con las hachas y las pequeñas máquinas en sus manos…

No había comprendido al principio lo que iban a hacer...
Los vi cuando se acercaron a los primeros amigos...
Y....
Empezaron a golpearlos fuertísimo con sus hachas…
¡Mi corazón casi detuvo su palpitar del horror!
¡No podía imaginarlo!
¡La iban a matar!
¡Se la llevarían, aunque haya sufrido mucho por ellos!
¡No!… ¡No!… ¡No lo harían!…
Mantuve la esperanza, y la apoyé... le aseguré que no la podrían tocar… pues les había ofrecido mucho…

Lloró mi amor…

Sus lágrimas eran como unos cuchillos que me mataban…
Deseé darle mi vida…
Pero....
¿Desde cuándo la vida da lo que espera el corazón?
Los vi acercándose...
Le tocaba el turno a ella…
¡Grité!
Atestigüé al viento....
Supliqué a los pájaros....
Pedí la ayuda de las mariposas…
Pero eran más débiles que la voluntad de los humanos, que tienen los corazones petrificados, que la piedra es más suave y más misericordiosa que ellos.
La golpearon fuertemente con las hachas....
¡NO!
¡¡MI BEBÉ!!
¡¡El amor de mi vida!!
La mataron…
Se la llevaron…
Y con el viento, me envió un “te quiero” con el último respiro....
Se la llevaron… ¿A dónde, mi bebé?
No sabía....
¿Y dónde está ahora?
Mi vida es durísima sin ella....
Ya no quiero vivir… que ya me corten y que me lleven con ella”

La voz paró de hablar... se calmó el llanto... y aumentó el canto triste de los pájaros.

Volteé mi cabeza rápidamente hacia donde venía la voz de los pájaros

Y ¡Dios mío! Vi un gran árbol, tenía muchas ramas que se extendían hacia todos lados. No tenía ni una hoja verde. Se escuchaba el sonido de una ruptura fuerte en la parte inferior... con el grito de un gorrión, que parecía que me iba a dejar sorda...

Luego, se callaron todas las voces, excepto la voz de unos pies que venían desde lejos...

Los vi...
Llevando sus hachas...
Empezaron a pegar fuerte...
Se lo llevaron....
"¿A dónde? No sabía "

¡Y de repente!
Se encendió una luz del metro. Cerré los ojos fuertemente, como si hubiera estado dormida.

El metro lanzó sus silbidos y se rellenó con personas en pocos minutos...

Finalmente se marchó... pero mi mente nunca pudo olvidar lo que ocurrió aquel día

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2012-05-01 13:51:51
Nombre: Fatma Ahmed
Comentario: Ohh Aya me encanta tu cuento... Es GENIAL.
¡Q dios te ayuda para poder escribir mas y mas !



Fecha: 2011-05-05 05:53:41
Nombre: Juan
Comentario: Excelente. Maravilloso. Fantástico. Tiene lo que un cuento debe tener: la capacidad para hacer que quien lo lea desee que no acabe nunca. Estupenda narración. La idea, el mensaje, el árbol viejo y su lamento, tú en el metro, todo está perfecto. Ha sido un gusto leer este cuento. Mis mejores deseos. Saludos.


Fecha: 2011-02-04 02:30:42
Nombre: noha
Comentario: srta Aya es simplemente chevere , bacano muy bien amor sigue asi. tu hermanita Noha :)


Fecha: 2010-10-07 08:37:45
Nombre: Manuel De Jesus
Comentario: esta muy bonito el cuento, me encanto muchisimo
saludos:


Fecha: 2010-01-30 02:41:21
Nombre: Aya
Comentario: Gracias por sus animos :) espero seguir escribiendo pronto,Dios mediante.


Fecha: 2009-09-01 08:51:20
Nombre: ROMAN ADRIAN
Comentario: Sencillamente hermoso...

me cautivo.


Fecha: 2009-08-18 05:43:40
Nombre: Requiem
Comentario: Realmente me gusto tu cuento. Un poco largo quizás, pero vale la pena leerlo. Sigue escribiendo así, que ya tienes un lector ;)
Suerte!