ÔĽŅ ŅEl origen del Cajůn?. Cuentos cortos rom√°nticos
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¬ŅEl origen del Caj√≥n?

Autor: Javier Cotillo (JACO)

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Cuento publicado el 05 de Julio de 2007


I. EL ORGULLO LADRA SU VANIDAD

Ah√≠ te quedas. ¬°Y..., para siempre! ‚ÄĒamenaz√≥ furioso, el Flaco Nicanor; luego, mirando el mismo lugar, agreg√≥‚ÄĒ te quedas con tus caprichos. ¬°Todo termin√≥ entre nosotros!‚ÄĒ. Y para asegurarse de que hab√≠a hablado con claridad, reiter√≥ con cierta arrogancia‚ÄĒ. Nunca m√°s a mi lado. Nunca m√°s caminado juntos. A partir de hoy, ¬°ABRIDORES! ‚ÄĒDio media vuelta y sali√≥ a la calle a pasos largos. Fuera, compar√≥ su furia con la inmensidad de la gente. Era insignificante. Se sinti√≥ rid√≠culo por la insolencia con que hab√≠a actuado.


Mientras ganaba espacio, ladraron en sus o√≠dos la dureza de sus palabras, Nunca m√°s a mi lado. Nunca m√°s caminado juntos... Por eso pens√≥ que no hab√≠a posibilidad de volver a buscarla. En este punto, ya hab√≠a culminado la calle de todos los d√≠as. Se encontraba en la esquina, en la cual, con ella, acostumbraban voltear a la izquierda. Sin embargo, esta vez, dobl√≥ a la derecha, para sumergirse por una callejuela extra√Īa. Al menos, era el camino m√°s directo para escapar con prisa hacia ninguna parte. Se sent√≠a envuelto en s√≠ mismo, vac√≠o, como sin existencia, recordando las ocasiones que hab√≠an compartido las caricias de la luna hilvanando, juntos, los compases de una canci√≥n para tragarse el sabor del mismo dolor. Pero la gente veneraba esa capacidad de entendimiento cuando ejecutaban primorosos falsetes que pronto se hicieron famosos por estas tierras; pues lograban seducir a todos, menos a ellos mismos, porque estos prodigios los reproduc√≠an de lunes a domingo, y cuantas veces quer√≠an.

Para saborear su total libertad, en adelante tendr√≠a una sola preocupaci√≥n: √Čl; y, nada m√°s que √©l. Una ocasi√≥n para gozarla lentamente, sin desperdiciarla, a sorbos, de a pocos, como un trago fino, hasta la √ļltima gota.

En este punto, record√≥ haber le√≠do alguna vez la historia de una flecha que quiso ser libre. Tan intensa era la ilusi√≥n de la flecha por ser libre, que hizo hasta lo imposible por salir de la flecher√≠a. Por fin le toc√≥ el turno de ponerse frente a la cuerda del arco. El arquero, levantando el brazo hacia lo alto, templ√≥ al m√°ximo la cuerda y..., solt√≥ la flecha. √Čsta, feliz‚Ķ, ya en el aire, empez√≥ a gritar: ¬°Libre, soy libreee, por fin..., libreee...! Entonces, el arco le respondi√≥, ‚ÄúMentira, no eres libre. Aun en el aire, dependes de m√≠, porque llevas la direcci√≥n y la fuerza que yo te he dado‚ÄĚ.

El Flaco Nicanor quer√≠a desmentir la historia de la flecha. Demostrar√≠a que es posible independizarse de las cadenas del pasado. Por eso se entreg√≥, sin control, al trago, al tabaco y a las mujeres..., o no necesariamente en ese orden; pues, el turno de los factores, nunca alter√≥ al producto. Sin embargo sus interlocutores, con agobiante letan√≠a, preguntaban por su compa√Īera de siempre. Que d√≥nde estaba, que por qu√© tan solo, qu√© hab√≠a ocurrido, que no era posible despu√©s de t√°nto tiempo, que deber√≠a buscarla, que no sea vanidoso y otros porqu√©s a los que Nicanor, aprendi√≥ a explicar sin aclarar nada.

II. LA U√ĎA Y LA MUGRE DEL SAL√ďN

Cierto d√≠a, Nicanor se cruz√≥ con un amigo a quien no ve√≠a desde su infancia. Era el amigo √≠ntimo, de esos a los que uno no olvida jam√°s. Se abrazaron con exagerado j√ļbilo. Despu√©s del saludo inicial, de rato en rato, se palmoteaban los hombros reiterando su alegr√≠a por ese feliz reencuentro. Recordaron de todo, hasta de Cristal, la primera enamorada del Flaco Nicanor. Es cuando a √©ste se le removieron cada uno de sus doscientos ocho huesos. Hab√≠an tocaron su lado flaco.
‚ÄĒ¬ŅQu√©...? ‚ÄĒdijo incr√©dulo‚ÄĒ, ¬Ņhaz visto a Cristal? ¬ŅEst√° aqu√≠? ¬°Regres√≥ de Madrid! ¬°No, no lo puedo creer! Mi dulce Cristal, en Lima. Dios m√≠o, ¬Ņqu√© hago?
‚ÄĒ¬°C√°lmate Nicanor, por favor, c√°lmate! ‚ÄĒrecomend√≥ el amigo, y luego, agreg√≥‚ÄĒ Es m√°s..., quiere verte; o mejor dicho, ‚ÄúQUEREMOS VERTE‚ÄĚ.
‚ÄĒ¬°¬°¬°Me... quiere... ver!!! ‚ÄĒapenas musit√≥, acentuando cada palabra, como un t√≠mido susurro, mezclando su asombro con un poco de vanidad. Luego, cruz√≥ el √≠ndice derecho sobre sus labios, para que no le oigan queriendo que le oigan los dem√°s. Esta actitud anul√≥ la segunda parte del mensaje ‚ÄúQUEREMOS VERTE‚ÄĚ. Por eso, escuch√≥ s√≥lo lo que quiso escuchar. Lo dem√°s, ya no le import√≥.

Sacudido por sus pasiones, retir√≥ bruscamente la mano de la boca y se dej√≥ llevar por su contenida emoci√≥n. ¬°EXPLOT√ď! Es decir, estall√≥ como un loco, pero de contento, carcajadas y llanto; entre su fantas√≠a y la realidad‚ÄĒ ¬°Mi amada, me quiere ver! ‚ÄĒrepet√≠a‚ÄĒ ¬°Mi adorada ha venido a buscarme! ¬°Ella no puede vivir sin m√≠! ¬°Por fin se dio cuenta que somos el uno para el otro! ‚ÄĒSus ojos chispeaban de j√ļbilo y sus palabras se atropellaban unas con otras, sin control‚ÄĒ. Lleg√≥ la hora de reconciliarnos ‚ÄĒrepet√≠a emocionado‚ÄĒ. Tenemos que casarnos. Le dar√© hijos. Una docena. Veinte. Mejor cien hijos. Hijos, m√°s hijos, entre ella y yo. Muchos hijos, hasta llenar la casa. Todos los hijos del mundo‚ÄĒ. Y mientras sacaba sus propias conclusiones, corr√≠a de una mesa a otra, alrededor de su mesa, moviendo las sillas, bebiendo de su vaso, de todos los vasos, hasta de la botella, como un fest√≠n de ilusiones, invitando a unirse a su fiesta, fiesta... ¬°Fiesta fiesta fiesta!

Despu√©s de un breve silencio, sigui√≥ hablando: Amar no es mirarse a los ojos, es mirar juntos el mismo horizonte. S√≥lo entonces, la palabra ‚Äúamor‚ÄĚ es inmortal porque se nutre en el presente de lo pasado y del futuro. As√≠, amar ya no es historia, sino puro sentimiento, y tiene la fuerza para adorarla nuevamente hoy viviendo otra vez el ayer, muchas veces m√°s, cuantas veces queramos, alimentando las perspectivas del ma√Īana. Como consecuencia, su amor es para siempre. Cristal de mis ilusiones..., ¬°mi dulce Cristal! Y..., ¬°me quiere ver!‚ÄĒ concluy√≥ con extra√Īa ternura mientras cerraba las p√°ginas de un imaginario libro de amor.

De pronto, entrecerrando y poniendo los ojos a un costado, empez√≥ a desatar los nudos del mensaje, uno a uno, repitiendo palabra por palabra, receloso..., como si en su inconsciente se hubiera subrayado, repentinamente, la segunda parte del recado, ‚ÄúTe queremos ver‚ÄĚ. Qu√© ¬°¬°¬°QU√Č..., QU√Č!!! ‚ÄĒEstall√≥ fren√©tico. ‚ÄĒC√≥mo es eso de ¬ŅTE QUEREMOS VER? ¬°Gordo desgraciao! ¬°A ver, aclara de una vez! ¬Ņ¬°C√ďMO ES ESO DE QUE QUIEREN VERME!? ¬°EXPL√ćCAME, SI PUEDES!‚ÄĒ mastic√≥.
‚ÄĒ¬°C√°lmate herman√≥n, c√°lmate!
‚ÄĒ¬ŅHerman√≥n? ¬°T√° lejos... v√≥n!
‚ÄĒ¬°C√°lmate..., c√°lmate! ¬°Primero, escucha!
‚ÄĒ¬°Ya! ¬°Qu√© me vas ha decir! ¬ŅQu√© las gallinas son c√≥ndores? ¬ŅCu√°l es tu argumento para disfrazar tu traici√≥n? ¬°Estoy entendiendo todo! ¬°Mi amigo √≠ntimo, sac√°ndome la vuelta! Lo de siempre. La historia se repite. ¬°Se repite, una vez m√°s!
‚ÄĒNo; no es as√≠ ‚ÄĒinsisti√≥ el amigo‚ÄĒ. Recuerda que ustedes fueron enamorados un solo d√≠a. En abril de hace diecisiete a√Īos, para ser m√°s exacto.
‚ÄĒ¬°Qu√© bien que llevas la cuenta!, ¬Ņverdad? Pero sab√≠as que la amaba.
‚ÄĒEs cierto, la amabas, en tiempo PASADO, y plat√≥nicamente. Pero nunca me preguntaste por mis sentimientos.
‚ÄĒ¬°Tus sentimientos?
‚ÄĒClaro; mis sentimientos.
‚ÄĒ¬Ņ¬°Qu√© hay con tus sentimientos!?
‚ÄĒEs que yo tambi√©n la amaba, y la sigo amando.
‚ÄĒPero no como yo. ¬°La am√© como a nadie!
‚ÄĒNo seas vanidoso. S√≥lo te importas t√ļ. Crees ser el √ļnico que tiene sentimientos. Sigues siendo ego√≠sta. ¬ŅPor qu√© no te esfuerzas un poco y ves m√°s all√° de tus narices? ¬°Anda, int√©ntalo!
‚ÄĒ¬°Lo estoy intentando! Y, sin embargo, cuanto m√°s analizo, confirmo que eres un sucio y vil ¬°traidorrr! T√ļ, llevabas mis cartas de amor y las flores que compraba con mis propinas. T√ļ le dec√≠as cu√°nto la amaba y le entregabas los acr√≥sticos que escrib√≠a para ella. T√ļ me ofreciste que le convencer√≠as para que me acepte como enamorado. Y, seg√ļn t√ļ, tambi√©n te encargar√≠as de hacerme buena imagen ante su madre. ¬Ņ¬°Y!? ¬°NADA! ¬°AL FINAL..., NADA, DE NADA! Resulta que mi buen amigo trabajaba para su propio beneficio. Y yo pagaba las entradas al cine y al teatro, las palomitas de ma√≠z, los helados y los chicles..., para que la besaras mejor.


III. EL OTRO FLACO NICANOR

Qu√© inocente soy, o mejor diciendo, ¬°ERA! ‚ÄĒAqu√≠, Nicanor se hundi√≥ en una silla con los brazos ca√≠dos a los costados y las piernas rectas, sin rodillas, como dos maderos. Era otra persona. Hasta su joroba se encorv√≥ con exageraci√≥n para quebrar su huesuda espalda. Su rostro, ensombrecido, acentuaba todav√≠a m√°s a su descarnada figura, que se torn√≥ conmovedora cuando tom√≥ su pa√Īuelo para secar el sudor de sus ojos. Luego, a su quebrada imagen, trat√≥ de imprimirle dignidad sin conseguirlo, pero lo intent√≥ insistiendo, con voz entrecortada, en beber la √ļltima porci√≥n de licor que quedaba en el fondo de las copas; pero este vano intento result√≥ una desafortunada imitaci√≥n de gran se√Īor que tuvo el efecto de arrojar escombros sobre los huesos de su cuerpo, y, hasta sobre sus sentimientos. Luego, como un mu√Īeco, tom√≥ su chaqueta marr√≥n y su viejo sombrero para huir de ese lugar, mientras su amigo le dec√≠a: Estamos alojados en el Santa Fe. Nos casamos ma√Īana. En la Iglesia del Pilar. A las siete de la noche. Te esperamos. No faltes.

Las dos √ļltimas palabras las escuch√≥, apenas, ya al borde de la calle; pero, herido como estaba y aun cuando la intenci√≥n del amigo fuera otra, √©l las interpret√≥ como una burla; una burla ruin y baja, como una estocada innecesaria al vencido. ‚ÄúNo faltes‚ÄĚ, repiti√≥ en su mente, y no s√© por qu√©, su soledad se hizo m√°s silenciosa, su coraz√≥n de visti√≥ de noche y su orgullo de penumbra. Hab√≠an desaparecido la bizarr√≠a en su mirada y la mueca de suficiencia de sus labios. La verdad fue que, sigui√≥ caminando‚Ķ y‚Ķ caminando, mientras las gruesas gotas de la lluvia invernal se hund√≠an con facilidad entre su ropa, ba√Īando la tela y a la miseria de sus pensamientos, para reivindicar al hombre que todav√≠a quedaba en ese espantajo, quien, agobiado por la herida de su orgullo, nunca antes pisoteado, m√°s, adormecido por el abundante licor ingerido, y quien sabe, por no saber a d√≥nde ir, se qued√≥ dormido al pie de un √°rbol, expuesto a las inclemencias del clima.

IV. UNA NUEVA LUZ

La aurora se filtró por entre las hojas de los árboles, hiriendo las pupilas de Nicanor. Su dolor de cabeza se había intensificado multiplicándose en mil punzadas. Era terrible. Cuando quiso quejarse, una intensa tos repiqueteó su garganta. Volaba en fiebre. Quiso ponerse de pies, pero perdió el equilibrio. No se sabía si el sudor brotaba de sus poros o los esparcía la lluvia.

Una trabajadora de la municipalidad, encargada de la limpieza p√ļblica, al verlo igual que un redivivo, hizo la se√Īal de la cruz y se retir√≥ como alma que lleva el viento. Otro intento, y con acopio de todas sus fuerzas, se impuls√≥ y... aprendi√≥ a caminar de nuevo. El dolor de cabeza se extendi√≥ r√°pidamente por todo su cuerpo, especialmente por la espalda y los m√ļsculos de ambas piernas. Se sinti√≥ d√©bil, muy d√©bil. El fr√≠o de la noche y la lluvia hab√≠an hecho su trabajo. Como pudo, sali√≥ del parque. En su camino encontr√≥ un remedo de restaurante, con unos tablerillos como mesas y una peque√Īa pizarra que invitaba su Rico caldo de gallina. Tonificado con el humeante plato, el remedo de hombre se puso de pies y reconquist√≥ la calle, pero la fiebre segu√≠a prendida como garrapata en perro sarnoso.

Si de algo pod√≠a sentirse orgulloso, Nicanor, era de su excelente memoria: Est√°n en el Santa Fe. Se casan ma√Īana..., es decir hoy. En la Iglesia del Pilar. A las siete de la noche. Me esperan. Que no falte. ‚ÄúTodav√≠a me invita el desgraciao‚ÄĚ, se dijo... decepcionado‚ÄĒ. Pero es preferible as√≠. No ir√© ni de vainas. Se cree el escogido por la reina Victoria ‚ÄĒmurmur√≥, lleno de envidia, pero no de rencor‚ÄĒ. Pude casarme con ella, pero as√≠ es mi destino ‚ÄĒmonolog√≥ con irresponsable conformidad.

La fiebre continuaba enraiz√°ndose en el cuerpo, mas no en el hombre quien, removiendo entre los escombros de su ego, sac√≥ a relucir la √ļltima porci√≥n de su acostumbrado orgullo, para decirse entre dientes: ‚Äú¬ŅY, por qu√© no debo ir? ¬°Ah! ¬°Pues... ir√©! ¬°S√≠ se√Īor, ir√©! ¬°Es m√°s... ‚ÄĒreiter√≥ convencido‚ÄĒ, cantar√© para ellos como nunca. Cantar√© con todas mis fuerzas, mi coraz√≥n y mi guitarra‚ÄĚ.

Al pronunciar la palabra guitarra, repentinamente se call√≥, como aguijoneado por su conciencia. Al instante record√≥ lo que le dijo hace mucho tiempo, antes de abandonarla: ‚Äú¬°Ah√≠ te quedas! ¬°Y..., PARA SIEMPRE!¬°Qu√© cre√≠as!, ¬Ņque seguir√≠a aguantando tus caprichos?...‚ÄĚ. ‚ÄĒMuy arrepentido, musit√≥‚ÄĒ ¬°Pobrecita! ¬°Pobrecita mi guitarra! ¬ŅEstar√° all√≠ todav√≠a? ¬°T√°nto tiempo..., sola! ¬°Qu√© hice..., Dios m√≠o!...

V. NUEVAMENTE JUNTOS

Despu√©s de aproximadamente cinco a√Īos, el Flaco Nicanor y su famosa guitarra estaban nuevamente juntos, pero casi acabados. √Čl, con una persistente fiebre que le llevaba al borde del colapso; su guitarra, descolorida y sin brillo, apenas viva. Sus cuerdas y los trastes estaban muy oxidados. Las clavijas hinchadas y el capotraste inservible. El caj√≥n, por la humedad y el tiempo, ten√≠a algunas costillas fuera de lugar. Parte de la contratapa se hab√≠a descolado. Seguro que le restar√≠a resonancia. Por esas razones cantar√≠a en sol mayor, aunque su voz se acomodaba mejor en mi menor. Pero, sin capotraste..., ¬Ņc√≥mo? En la hora de la verdad, ya ver√≠a qu√© hacer. La fiebre segu√≠a inclemente. Sin saber el porqu√©, el recuerdo de Cristal, esta vez, tuvo un extra√Īo sabor a... traici√≥n.

Obligado por la fiebre y el dolor, Nicanor quiso reposar unos segundos. Pero se durmi√≥ varias horas. Se despert√≥ consternado ‚ÄĒ‚ÄúLas once de la noche‚ÄĚ, pens√≥, y mientras inger√≠a unos calmantes, se tranquiliz√≥ a s√≠ mismo‚ÄĒ ‚ÄúJusto el momento para presentarme al Gran Sal√≥n de Recepciones y dar mi excepcional concierto‚ÄĚ‚ÄĒ. Se sec√≥ el sudor. Visti√≥ sus mejores galas y sali√≥ acompa√Īando a su guitarra.


VI. UNA SERENATA SIN IGUAL

Como era predecible, no le dejaron entrar al Gran Hotel por no tener invitaci√≥n. Pero, cuando insisti√≥ de que era invitado de ‚ÄúCristal, la novia que se cas√≥ a las siete de la noche en la Iglesia del Pilar‚ÄĚ, uno de los taxistas le se√Īal√≥, con el √≠ndice, que hab√≠an salido del 104.

El Flaco Nicanor, pese a la fiebre que arrancaba su salud, recobr√≥ sus ilusiones. Entonces se dijo: ‚ÄúNo me ver√°n, pero..., por lo menos me escuchar√°n‚ÄĚ. Y como pudo, tom√≥ la acera con direcci√≥n al √≠ndice, cont√≥ cuatro ventanas, seguro que la cuarta correspond√≠a al departamento 104, donde estar√≠an alojados Cristal y su ex amigo.

De alg√ļn lugar se consigui√≥ un ladrillo sobre el cual acomod√≥ su pie izquierdo, y encima de la rodilla su guitarra. Levant√≥ un poco la manga derecha de su saco y rasg√≥ como si fuera una vez las dos veces que su brazo subi√≥ y bajo con un solo movimiento sobre las seis cuerdas de su instrumento. Este artificio era un atributo perfecto pocas veces igualado, cuyo sonido, ten√≠a la virtud de abrir el alma del Flaco Nicanor, v√≠a al √©xtasis. Aqu√≠ arrug√≥ la frente para elevar la ceja derecha, y al instante recuper√≥ la bizarr√≠a en su mirada y la mueca de suficiencia en sus labios. En clara se√Īal de concentraci√≥n, tens√≥ levemente los escasos m√ļsculos de su rostro, como si se hubiera transportado a su mundo de leyenda. Luego, tres compases y un silencio..., y lo que vino despu√©s, fue para no creer.

Los labios del Flaco Nicanor se abrieron lentamente, mientras desde su garganta fluía una voz varonil que, a pesar de haber sido golpeada por los rigores de la noche anterior, tenía la fuerza de envolver en su melodía, entremezclándolo con las notas de su legendaria guitarra, desparramando por todos lados el embrujo de un conocido bolero:

♫♫ ♫♪♪
‚Äú‚ĶMe enga√Īas mujer,
con el mejor de mis amigos♫♪♪
que fue
♫♫♪ como un hermano
y con él te encontré
y a los dos perdon√©...‚ÄĚ ♫♫♪♪

No era Nicanor el que cantaba. Era el Flaco Nicanor quien, desde lo más profundo de su alma tejía, con su guitarra, la más perfecta melodía, endiosado quien sabe como Nerón y su trágica cítara cuando homenajeaba el incendio de la Gran Roma. Ante tal derroche, la gente que pasaba por la calle, se detuvo seducida por ese magistral concierto. El genio, en trance, cambiaba de ritmo con asombrosa facilidad y se entregaba a los compases de una zamacueca, ora de un vals o de una marinera y por momentos de un paso doble.

Las cuerdas, oxidadas como estaban, no resistieron el castigo. C√≥mo es l√≥gico, se rompieron la primera y la tercera, luego la segunda... Pero el Flaco Nicanor, ¬°ah√≠..., imperturbable! Ahora se fragment√≥ la quinta cuerda, pero la gran mu√Īeca y los prodigiosos dedos de Nicanor se multiplicaban para no perder un solo comp√°s. Hasta aqu√≠ resistieron la cuarta y la sexta cuerda, que se rompieron a la vez, en medio de una sandunga. La guitarra, ya sin cuerdas, enmudeci√≥ cuatro compases; entretanto Nicanor, acentuaba la cadencia con la boca, como si hubieran ensayado con las cuerdas, para romperse, justo, en ese punto.

Los extasiados espectadores adelantaron el fracaso del trovador pero, para asombro de todos, al iniciar el quinto comp√°s, el m√ļsico volte√≥ en un santiam√©n su instrumento, y continu√≥ el ritmo golpeteando el caj√≥n, usando los dedos de una mano, ya, marcando compases ligeros como una pluma, ¬°YA, RETUMBANDO COMO UNA TROMBA!, luego, con la palma de la otra mano, finalmente, con las dos manos, los dedos √≠ndice y medio de la izquierda, mientras la palma de la derecha le hac√≠a los silencios para enlazar, con total refinamiento, las notas de ‚ÄúLa Virgen Macarena‚ÄĚ o ‚ÄúEl Comp√° Mayt√≠n no ha Mueyto‚Äô.

La garganta del Flaco Nicanor, afectada como estaba, no dio para más. Su rostro hizo una mueca de intenso dolor y su voz se calló..., para siempre, igual que su guitarra. Desde entonces la pareja se perdió entre las sombras de la noche, y nadie los volvió a ver..., nunca más.

De entre los espectadores, alguien comentó, lleno de admiración:
‚ÄĒ¬°Qu√© serenata, se√Īores, qu√© serenata...! Ha sido para el 104. All√≠ est√° alojada su antigua novia. Cristal.
‚ÄĒ¬ŅNovia? ¬°Cu√°l novia! A esta hora, ya debe estar rumbo a Belo Horizonte, en viaje de luna de miel.


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Si alguna vez escuchas los compases de un caj√≥n sordo, pero sonoro..., de seguro es el Flaco Nicanor nutriendo a los bordones de su guitarra. Recuerda lo que dijo: ‚ÄúNo me ver√°n, pero por lo menos me escuchar√°n‚ÄĚ. Y, √©l..., ¬°fue hombre de palabra!

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2010-08-29 11:55:27
Nombre: tomi
Comentario: Sencillamente excelente.


Fecha: 2010-04-09 08:51:02
Nombre: João Luiz Vilar
Comentario: Sin palabras...


Fecha: 2009-08-05 15:53:03
Nombre: C√ɬ©sar Mu√ɬĪoz
Comentario: No se podía esperar menos de Cotillo. Su experiencia en la narrativa lo impulsa tal vez hacia un 4, lástima que el segmento de puntuación sea tan corto.
El cuento es cálido y denota la bonhomía del autor.


Fecha: 2009-04-05 08:13:31
Nombre: alcantara
Comentario: al vez una visión del perfecto individuo cotidiano -y perdonenme la abundancia de adjetivos en esta expresión. Hace que por un momento nos haga desear pareernos a Nicanor y a su nomenclatura de pasión, musica, despecho y agonía.


Fecha: 2008-10-14 09:09:07
Nombre: Aracely
Comentario: Es un cuento muy bonitos los cuales pude leer se ven que son relatos muy convincentes habla de historias y vidas de personas que un dia sufrieron pero asi no dejo de ser feliz


Fecha: 2008-06-12 19:07:17
Nombre: JACO
Comentario: Amigos(as):

Gracias, infinitas gracias a todos los que me han dedicado unos minutos de su preciosa existencia para leerme, y doblemente, por dejar sus generosos comentarios y consejos que me alientan para perfeccionar mis relatos.

Un cari√ɬĪoso y respetuoso saludo para todos.

√ā¬°√ā¬°√ā¬°√ā¬° G R A C I A S !!!!

Javier Cotillo
JACO



Fecha: 2008-06-10 14:06:47
Nombre: Arnulfo Camones
Comentario: He leido tres veces, y el cuento ha sido cada vez m√ɬ°s interesante. Cada lectura con un nuevo enfoque, como si fueran muchos cuentos en uno. El amigo de infancia, Cristal, el Flaco Nicanor y si guitarra haciendo de las suyas. TODO ESTA EN SU PUNTO, NADA SOBRA NI FALTA. ES UNA OBRA MAESTRA. JACOB NOS HA REGALADO TODO SU T√ɬČCNICA.

Voy a buscar más relatos de este artista de la palabra. Me encantó, palabra.



Fecha: 2008-06-10 09:38:31
Nombre: Graciela
Comentario: Muy bueno, entretenido, linda descripción de los personajes...lástima yo quería que Cristal se enterara...


Fecha: 2008-06-07 20:35:21
Nombre: Sonko Angelina
Comentario: √ā¬°El cuento se acab√ɬ≥, qu√ɬ© l√ɬ°stima! Una narraci√ɬ≥n tan bella no debe terminar... Su argumento tan perfecto y sus personajes caracterizados con una maestr√ɬ≠a que no s√ɬ© explicar, nos envuelve y uno, conforme lee es protagonista con el Flaco Nicanor. C√ɬ≥mo desear√ɬ≠a ser un personaje de jaco. Es un genio de nuestro siglo.

Besos para el gran autor


Fecha: 2008-06-06 16:38:35
Nombre: JUAN CARLOS
Comentario: ME GUSTO BASTANTE MUY CONMOVEDOR EL FINAL, JACO ERES UN MAESTRO DE LOS RELATOS.



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