Quiebre. Cuentos cortos románticos


Quiebre

Autor: Patricio J. C.R

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Cuento publicado el 26 de Junio de 2019


Ella lo miró fijamente, pero aún así prefirió mentir. La oportunidad la interpretó como una amenaza y optó por resolverlo guardando silencio. Javier lo notó, pero solo se resignó a extender ese silencio incómodo. No sería la primera vez ?pensó-.
El sol atravesaba tenuemente el cristal esmerilado de una ventanal cercano. Unos pocos haces de luz se engarzaban fugazmente en los ojos de ella, decantando a contraluz en una serie de relieves caóticos que se disponían en la profundidad de sus ovalados y hermosos ojos marrones.

Javier, recostado inconvenientemente en una silla de aspecto raído, se inclinó para incorporarse de pie, pero ella en un reflejo intencionado, le tomó la mano y no se lo permitió. ? ¿pasa algo?- le dijo él. La mujer no respondió con palabras. Su rostro expresó sorpresa para luego concluir en desilusión. Quizás estaba arrepentida, pero ya era muy tarde.
Era el momento en que las promesas dejaban de serlo, palabras que tan solo quedaron en las buenas intenciones de un inicio frenético. La lógica no tuvo espacio en este quiebre. Para ambos, el desenlace que estaban viviendo era irreal, pese que para Javier como de costumbre? intuía.
-Hasta aquí llegamos entonces- habló ella con voz titubeante. Él por su parte, la miró evadiendo sus ojos, por lo que únicamente asintió con un ligero movimiento hacia abajo. Por alguna razón, llegó un momento en que los momentos vividos, se redujeron tan solo a un prematuro acopio añejo de felicidad, quedando tan lejos de lo que fue, dando paso a un inherente sentimiento de incertidumbre, provocado por errores tan evitables como mínimos.
Al cabo de unos minutos, no se dijo nada más. Ella intentó acercarse, pero él no pudo hacerlo. Se miraron, se sonrieron y sin ningún gesto, se agradecieron y despidieron en otro lenguaje. Parecían solo quedar sombras de un pasado intenso sobre un futuro ya negado. Ella decidió pararse y en un simple y condicionado caminar, su silueta se fue desvaneciendo entre la gente.

Por un momento Javier sintió miedo. Las experiencias tristemente eclosionaban en fotogramas que lo abrumaban en pequeños flashes delante de sus ojos. La sensación de deja vu se hacía evidente. Historia repetida, historia ya contada, historia que ya es costumbre. Deseó llorar por un instante, pero no lo hizo. Quizás por tratarse de un lugar público, o bien, porque el momento para el llanto ya había pasado.
Con una respiración profunda, Javier se levantó y tomó sus cosas. Mientras caminaba hacia la salida, percibió el inminente atardecer de otoño y sonrió. Los extravagantes matices rojizos se reflejaban en las techumbres de las hogares, en una suerte de filtro post-apocalíptico; sin embargo, le pareció hermoso. Una pequeña brisa enfriaba las enrojecidas mejillas del chico, mientras una sirena a lo lejos, desviaban las miradas de los transeúntes en dirección hacia el estremecedor sonido.
No tardó mucho en oscurecer, el día estaba llegando a su fin. Pero lejos de ser un contratiempo, para Javier significaba algo. Como su madre siempre le enseñó: ?Las experiencias de hoy, siempre se valoran mañana?. Y así fue.




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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2019-06-26 08:39:55
Nombre: Jorge C.
Comentario: Interesante escena Patricio. Tu prosa se torna explícitamente poética en algunos momentos,,como si estuvieras relatando desde la emoción. Es por ello que me hace dudar si el texto es autobiográfico o es al 100%, ficción. Esa duda lo hace un poco más interesante.
Creo que faltaron unas líneas más extensas para mejorar las transiciones.
Sobre el texto en sí mismo, me quedan algunas dudas sobre la mentira que ella prefirió guardar en un principio. Me da un poco de curiosidad el antes de este desenlace. Creo que quisiste sólo el momento del quiebre, cómo el título de tu trabajo.
Éxito.