Resignación. Cuentos cortos románticos


Resignación

Autor: Eliane

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Cuento publicado el 28 de Enero de 2019


Es una noche de verano de las mas calurosas, siendo ya las diez de la noche decido acostarme, la ventana se encuentra abierta procurando dejar entrar un poco de aire. El calor es casi sofocante, las sábanas me queman y se hace insoportable permanecer en la cama. Me levanto dirigiéndome al balcón buscando calmar este tormento. Por la ventana entra una brisa suave que hace estremeces sutilmente mi camisón de seda blanco, pero no lo suficiente para refrescarme, observo a mi alrededor buscando privacidad y dejo caer suavemente al piso el pequeño paño de seda que deslizándose sobre mi piel me acaricia con decoro, me siento más aliviada, como si me desprendiera de una pesada carga, solo con mi desnudez.
Es una noche de verano de las mas calurosas, siendo ya las diez de la noche decido acostarme, la ventana se encuentra abierta procurando dejar entrar un poco de aire. El calor es casi sofocante, las sábanas me queman y se hace insoportable permanecer en la cama. Me levanto dirigiéndome al balcón buscando calmar este tormento. Por la ventana entra una brisa suave que hace estremeces sutilmente mi camisón de seda blanco, pero no lo suficiente para refrescarme, observo a mi alrededor buscando privacidad y dejo caer suavemente al piso el pequeño paño de seda que deslizándose sobre mi piel me acaricia con decoro, me siento más aliviada, como si me desprendiera de una pesada carga, solo con mi desnudez.
Luego de unos instantes permanezco allí de pie frente al balcón con las manos posadas sobre el marco, de repente siento tu respiración sobre mi cuello, casi tomándome por sorpresa haces a un lado mi cabello con tus manos para besarme, cada vez que me besas me recorre un fulgor por el cuerpo estremeciéndome, sabes que me gusta y no dejas de hacerlo, tus labios suaves me queman, se marcan en mi piel como fuego, al mismo tiempo recorres mi espalda con tu mano como si dibujaras sobre mi piel, envuelvo tu nuca con mi brazo extendido sobre mi sin poder verte aún; abrazando mi cintura te aferras a mi cuerpo como si fueras a morir allí, siento tu virilidad a punto de estallar y una vos me susurra que esto recién esta por comenzar. Me pasas tímidamente tu lengua húmeda por el cuello haciéndome erizar la piel y en ese mismo instante tus fuertes dedos se hunden en mi ser provocando una explosión en mi, haciéndome temblar casi sin control. Me sujetas para no dejarme escapar, me giras de un solo tirón y tomando mi rostro en tus manos me besas con toda pasión fundiéndose nuestros labios rabiosos de placer. Conduciéndome a la cama que nos espera con ansias voy desnudándote sin quitar un instante mi mirada de tus ojos inyectados de lujuria. Empujándome suavemente sobre las sábanas caigo como ofrenda a nuestros instintos carnales. Me observas intentando saciar tus impulsos y te dejas atrapar por el deseo de poseerme. Te vuelcas sobre mi y aprietas fuerte mis muslos mientras tu lengua despiadada juega con mi intimidad, luego, ya complacidos del jugueteo y con un ardor desmedido nuestros cuerpos claman uno por el otro y sin compasión te pierdes dentro mio, haciendo el amor con locura. Luego rendidos nos miramos con ternura y nos dormimos abrazados ya satisfechos de candor.
Transcurrida un poco la noche me despierto con el llamado a la puerta, mientras me dirijo a abrir pienso quien podrá ser a estas horas. Al abrir me encuentro contigo, sorprendida vuelvo la vista a la cama donde hacia unos instantes nos habíamos amado con pasión desalmada y la hallo vacía, y mientras el reloj de la sala merca minutos pasadas las diez, me entrego de nuevo a ti sin más que simple resignación.




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