La Revelación

Autor: Hamilton Batista

(2.86/5)
(20 puntos / 7 votos)


Cuento publicado el 30 de Mayo de 2017


Marta y yo nos encontramos por primera vez en la facultad de medicina en el primer día del primer semestre. Hicimos casi de inmediatamente una buena y sana amistad, ya que ambos éramos de la misma provincia y aunque de diferente poblado. Durante las dos primeras semanas del semestre entre preguntas y mencionados diferentes personajes de nuestra provincia y con la intervención de una tercera paisana descubrimos que nuestros padres, es decir mi madre que había enviudado 3 años atrás y su padre que también había enviudado hacías dos años, andaban de noviazgo secretamente. Nos alegró lo de nuestro padres y dejamos correr nuestras imaginación con la idea de que podíamos tener un hermano o hermana en común y convertimos en la familia perfecta, porque estábamos tan feliz con nuestra amistad que siempre en nuestros tiempo libres andábamos juntos cómodamente y confidentemente entre ella y yo. El siguiente fin de semana decidimos ir a nuestros poblados e invitarnos uno al otro con la excusa de presentarnos a nuestros padres como los nuevos y mejores amigos de la universidad y así abrirles las puertas a ellos para que el secreto sea revelado. Ya que entre todos había armonía. El Plan resulto casi perfecto sino fuera porque ellos no revelaron lo del noviazgo, hubiese sido redondo. A mí me pareció que el padre de Marta era el hombre ideal que encajaba perfectamente en mi madre. Y así Marta le pareció mi madre para su padre. La relación de ambas familia se fortaleció y los encuentros de los fines de semanas era obligatorio y necesario para los cuatros.

Ya estábamos finalizando el semestre y en ese transcurso de tiempo, Marta y yo nos hacíamos cada vez más inseparables hasta construir sin darnos cuenta un muro contra otra estrecha amistad y no decir de relaciones amorosas, todos los compañeros y personas conocidas nunca se nos acercaros con la intención amorosa porque nos veían tan acoplado el uno para el otro que no pensaban que hueco para ellos, algo imposible. Y era que Marta y yo nos bastabas con nuestra amistad para llenar nuestras necesidades de socialización. Sí, recuerdo que varias veces discutimos si era peligroso esa relación que había entre ambos por el aislamiento social, porque de pareja amorosa no había peligro, estábamos claro en eso. Pero si nos planteamos si nuestros padres mantenían oculto su relación por eso, ya que entrado el segundo semestre, uno de esos días donde mi madre y Marta solían a ir de compra; mi madre practicó todo el día como conquistar y mantener un buen muchacho. Y ese mismo día en el estadio el padre de Marta me preguntaba sobre mi vida con las chicas universitarias y nada del partido como solía hacerlos. Fue cuando entonces finalizado el segundo semestre y antes que comenzara el tercer, Marta y yo nos propusimos a empujarlos a que el secreto sea revelado. Y fue así que una noche que deje a Marta en su casa más temprano de lo usual, ella lo encontró besándose en la cocina. Esa noche no hubo intercambio de palabras, pero la mañana siguiente y en el desayuno obligatorio y necesario para los cuatros, palabras fueron las que sobraron; y hasta de fecha de matrimonio se discutió. Y los secretos desaparecieron entre los cuatros, bueno eso creíamos.
Ya en nuestro último semestre, fue que desperté. Sí, lo que ustedes se están imaginando, pero como ustedes también pueden ver, había un problema, su padre y mi madre. Ya estaba todo planeado que nuestros regalo de graduación era convertirnos a Marta y a mí en hermano atreves del matrimonio de nuestros padres. Y relación amorosa entre hermanos es condenado en casi toda sociedad y principalmente por mí. Pensamientos consumían mi tiempo. Pensaba las consecuencias de atreverme a materializar mis sentimientos. Más que por mí, era por mi madre y mi futuro padre a quienes amaba tanto como a Marta. Llegué a pensar que pasaría si los cuatros aceptáramos esa posible relación entre Marta y yo. Pero me acobarde en tan solo pensar si la posible relación amorosa se terminara mal; que pasaría entre nuestros padres. Y así un sin número de pensamientos me habían detenido de alcanzar el amor de mi vida.

Estudiando para el último examen, mi sentimiento supero mi cobardía, y le dije que quería preguntarle, pero ella me interrumpió valientemente e inteligentemente con una sonrisa y me dijo que como hermana me ayudaría a conseguirme la perfecta novia para mí. Dos semanas más tarde ya éramos oficialmente hermano y un año y medio luego, éramos cinco los miembros de la más hermosa familia. Dos años más tarde Marta contrae matrimonio con Martin y dos años luego me caso con Rosa. Tanto ella como yo procreamos familias con nuestros respectivos conyugues. Pero ninguno de los dos nunca aceptamos vivir en pueblos diferentes, es más vivíamos en el mismo vecindario. Muchas veces me condeno y la condeno porque pasábamos más tiempo entre nosotros que con nuestros conyugues, que nos amaron tanto que nunca quisieron ver lo que los demás veían; y fueron ejemplar compañeros y hasta disfrutaban y admiraban la relación entre Marta y yo. Siempre nos ponían como un ejemplo perfecto de hermanos y amigos. La verdad que tanto Marta como yo nunca cruzamos la línea físicamente, porque en sentimiento estábamos juntos y era suficiente para ambos que no había la necesidad de consumir el pecado.
Recuerdo aquel 5 de Diciembre, cuando se nos informó del trágico accidente de vehículo donde los tres niños, Juan de 15 años, Mary de 13 y Joselito de 10, quedaron sin sus padres biológicos, Marta y Martin. Todos quedaron sorprendido, hasta mis padres y mi esposa de que no reflejaba nada de pena. Yo tampoco lo puedo explicar bien. De lo que estoy seguro era que estaba tan preocupado y decidido que mis tres hijos nuevos no quedaran afectado por el cambio de casa. Porque de familia y amor ya lo habían recibido desde antes de nacer cada uno de ellos. Para ellos compartir con sus dos hermanos-primos (Maribel de 12 y Héctor de 11), con Rosa, sus abuelos maternos y yo todos los días no les eran ni extraños ni nuevo. No se me hizo difícil ni nadie se opuso a que legalmente Juan, Mary y Joselito adquirieran unos apellidos nuevos.
Y hoy festejando mis 47, el mayor de mis hijos que en una semana tendrá 21 y la menor de mis hijas que apenas dos meses atrás cumplió sus 18, me han regalado la noticia de que se aman y que en 33 semanas seré abuelo. Los amos y lo apoyo aunque la sociedad y la iglesia los condenen. Ellos siempre tendrán un padre protector de la verdad y el verdadero amor.




¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario más abajo
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado.Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)

 

Nombre:

email:

Contraseña de usuario:

Comentario:

 

Últimos comentarios sobre este cuento