El novio plantado

Autor: Pablo Guillen

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Cuento publicado el 23 de Marzo de 2017


La novia es una jovencita agraciada nacida con la belleza natural Dios le dio de regalo, tiene una cabellera abundante un poco más lo deje crecer, le llegara a la cintura, 1.65 de estatura, caderas y seno muy bien ponderados, sus ojos pintados de miel enamoran a cualquiera, la piel tersa y suave de concha nácar invita a que la toquen y la acaricien, y no se diga los labios sin necesidad de lápiz con sus besos embrujan al tosco de Raúl, el novio. El problema existente en la mente de la muchacha radica, no lo ama ni para firmar el juramento ante el altar, ese que dice “hasta que la muerte nos separe”.

El novio es sencillo, simple, vacilador, bromista, agradable a todos los amigos en derredor, gusta de beber el día de paga, por lo regular consume más de un par de cervezas, pero a veces por descuido se le pasa la mano, los amigos se ven obligados llevarlo a casa algo intoxicado. Es de piel morena, ojos negros, coincide en estatura con Malva, la novia hermosa, pelo crespo, manos callosas por el trabajo en el campo, los días de cita viste los mejores trajes y usa la mejor fragancia hechas de feromonas en la creencia que así, tendrá siempre a sus pies a la chica de sus sueños. La debilidad suya es la desventaja de estar profundamente enamorado de la doncella lo cual no empata con el pensamiento actual de ella. Una tarde la conoció cuando de visita en casa con su hermana menor Emilia, ambas estudiantes de la universidad.
Llevan dos años de novio, Raúl ha tomado la decisión de trazar el futuro de los dos; el noviazgo tiene una finalidad concreta, sellar la relación con un contrato matrimonial o si no, cada quien se vaya por su lado, una cosa así tiene su tiempo; se dan de besos, se acarician, se tocan y… nada más. Malva es de la misma idea, inmaculada es la pretensión conservase hasta después que el matrimonio se consume, por eso es la razón del límite fijado, la frontera delineada por ella. Viendo la situación, el mancebo desesperado por el amor alejado de lo idílico y cursi novelesco, le propone matrimonio, la respuesta viene después de dos meses de recordatorios, ruegos, suplicas por el sí con la repetida condición de llegar virgen al altar, exige la deje tranquila y se aguante de requerir la famosa prueba que si lo ama. Puestas las condiciones, fijan la fecha del feliz acontecimiento, pide a los padres la mano de Malva, hecho esto, hablan con el sacerdote y posteriormente corren las amonestaciones y hacen los preparativos de la boda.
Las dos familias se hayan complacidas por los vástagos próximos a contraer nupcias, igual las amigas, los amigos de la pareja, aunque ven la disparidad en cuanto a situación económica y de estudios, la futura esposa cursa estudios superiores, el joven trabajador de los campos agrícolas, a duras penas terminó la preparatoria, no obstante, los felicitan, esperan con el tiempo consoliden la unión y tengan muchos hijos o por lo menos lo intenten ya que la economía y el desorden existente en el gobierno deben conducirse con cautela. Solo una, solo una joven al leer la invitación a los esponsales estruja el sobre y hoja y lo arroja al piso con rabia y dolor enterarse Raúl se casa con la insulsa mal venida novia.
La iglesia está abarrotada, falta una hora para el inicio de la ceremonia, con tiempo y sin premuras los familiares y amistades ocupan sus lugares en las bancas del templo, las madrinas y padrinos con las manos ocupadas con los celulares en modo silente intercambian mensajes y chismolerías, el ambiente es festivo, nada presagia haya inconvenientes, lo planeado se cumplió, la pequeña multitud confiada espera llegue la hora del rito matrimonial. Raúl arriba con el mejor traje rentado de una tienda especializada para este tipo de eventos, de acuerdo a la costumbre el novio no debe ver el vestido ni a la prometida prior al casamiento, llega acompañado de los familiares y compañeros y ocupa su lugar bajo el altar, henchido de emoción, muy dispuesto a la espera de su amada se sume en el encantador futuro que los espera.

Llegada la hora, el sacerdote hace acto de presencia, conversa con algunos fieles y presentes en la ceremonia, intercambia palabras con Raúl, todos están pendientes y con la mira en las puertas el instante aparezca Malva del brazo del papa para entregar a la hija, comienza ser notorio la inasistencia de otros miembros de la familia, de la pretendida futura ama de casa, en especial los padres, es notable la contrariedad del cura por el retraso de la misa, consulta el reloj, busca con la mirada quien le de una explicación por la tardanza de lo otra parte interesada, baja del altar y casi al oído del novio murmura lo que todos saben. - ¿Qué pasa con la novia? – Es obvio, no tiene respuesta, las amigas y madrinas, cada una por su lado, envían mensajes sin acuse de recibo, pronto la angustia se apodera del ánimo de los presentes, después de una hora es el caos el que campea, la gente sale y entra, el párroco intentó poner fin al asunto retirándose para sus otras ocupaciones eclesiásticas, el contrayente, de alguna manera lo convenció esperase todavía un poco más.
Cuando viendo y convencido Malva no habría de presentarse al casorio en su rol estelar, además que la nave del templo iba vaciándose, Raúl, incólume, sereno, impidió la retirada de los invitados al hacer un anuncio. Se incorporó y se sitúo a un lado del clérigo, palmeó su espalda, con el micrófono en mano habló pausado.
Amigos, amigas, mi familia, el dia de hoy yo vine a casarme con la que creí es el amor de vida, Malva…!Malvada la que me dejó plantado! Como les dije, vine a casarme y salgo de aquí casado. ¿Quién de las que vinieron están solteras, sin compromiso, sin inconvenientes, quiera ser mi esposa?
Al instante el tiempo se detuvo, las voces, lo siseos callaron, las bocas se abrieron mas de la cuenta, las quijadas de las féminas por poco terminan en el piso, recuperadas por la impresión y de la sorpresa, se reinicio el bullicio ahora con mas fuerza, risas, carcajadas, chiflidos, imprecaciones a pesar de estar en un recinto sagrado, el padre rojo por el coraje y el sacrilegio no podía callar el escándalo.
¡NO, NO ESTOY VACILANDO, CALLENSE! – La voz de Raúl se alzó fuerte. - ¿HAY ALGUNA DAMITA QUE ACEPTE MI PROPOSICION?
De una hilera de atrás, una jovencita al parecer tímida , se abre paso entre la banca y el pasillo, con la cabeza baja camina despacio y con paso firme hacia el novio esperando quien lo acepte como esposo, llega, levanta la frente, la voz de Clarita se escucha fuerte y clara. – ¡YO QUIERO CASARME CONTIGO! – Es la joven que destruyó la invitación.
Después del bodrio escenificado por la ausencia de Malva, el sacerdote buena gente y mala cara, los esposó.




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