Extracto de una pareja

Autor: Nadia Rivas Sepúlveda

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Cuento publicado el 31 de Diciembre de 2016


Al fin el sueño de toda una vida se había cumplido, era la esposa del policía Robinsón Cartes, que mas podía soñar, ahora sería Aidan Rosas de Cartes.

La fiesta fue un éxito, ella bailaba radiante al lado de su gran amor, otras aventuras había tenido (antes), pero nada se comparaba con lo que sentía por él, lo miraba y le decía “te amo y nunca dejaré de hacerlo”, el también a través de su mirada expresaba lo mismo.


Los invitados observaban la pareja de novios y comentaban, que pareja más hermosa, se les ve tan enamorados y todos decían “ellos serán felices por siempre “.

La pareja de recién casados partieron a su luna de miel la que duraría una semana, para luego llegar a su casa que sería su residencia y continuar cada uno en sus respectivos trabajos, Robinsón en el Cuerpo de Policías, Aidan a un par de kilómetros de la ciudad, trabajando en la Escuela Especial, en la que se desempeñaba por más de dos años.

Por fin regresaron a su nuevo hogar, quien los vio llegar comentaban : lo felices que se veían, pero otros decían que los primeros meses siempre eran así.

Cada uno retomó sus funciones laborales, por las mañanas muy temprano Robinsón la llevaba al colegio en auto, para luego volver a la ciudad a desempeñar su trabajo, así se les veía todos los días, las semanas, los meses, ella vivió para él y él para ella. Todos aquí en la ciudad los recuerdan como las personas que siempre vivieron como el primer día de casados, donde estaba uno estaba el otro, siempre unidos irradiaban tanto amor, de esos amores que son para toda la vida.

La felicidad fue aún más grande con la llegada de su primer hijo, las personas que estuvieron más cerca de ellos decían que en esa casa se respiraba tranquilidad, pureza y por sobre todo amor.

Todo era felicidad, en más de una oportunidad se escuchó comentar a Aidan, que Dios la había premiado al darle un esposo tan bueno y comprensivo, ella no sabía de soledad porque él se preocupaba que cada día fuera distinto al otro.


Pasaron los años, el niño creció, pero una noche al regresar Aidan al hogar, Robinsón la esperaba, dicen que él la abrazó con infinito amor, ella inmediatamente supo que algo extraño pasaba y efectivamente a él lo habían trasladado a otro Cuerpo de Policía, en otra ciudad, por lo tanto no llegaría todos los días a casa, no podría irla a dejar, ella debía aprender a vivir sola y a enfrenta los problemas.

Aidan lloró abrazada a él por muchas horas, pués no se imaginaba la vida sin él, los tres eran una familia.


Hablan con el pequeño Robinsón, al cual igual le cuesta entender, pero ella le explica que el papito debía trabajar en otro lugar porque su superior así lo había órdenado y en su trabajo las órdenes no se cuestionan.
Por la noche prepararon las cosas, Aidan no podía disimular su pena, pero sacaba fuerzas de flaquezas y le decía que lo superaría, tenía que superarlo.

Él le decía que no temiera, que de donde estuviera estaría pensando en ellos, ya que para él ellos eran toda su vida.

Los días continuaron, Robinsón llegaba dos veces a la semana y otra veces más seguido, ella trató y trató hasta que aprendió a manejar, se iba y venía del trabajo todos los días con su hijo, Robinsón la llamaba por teléfono sagradamente todos las noches y así fueron pasando los meses, todo el mundo creyó que Aidan había superado la separación, pues él religiosamente, libre que tenía se venía a estar con ellos, con Aidan en especial, ya que el pequeño, buscando cariño se iba donde los abuelos.

Los más cercanos a Aidan comentaban que desde que Robinsón trabajaba lejos, la mirada de Aidan ya no brillaba y cuando se lo decían, ella sólo respondía que era producto del exceso de trabajo que tenia.

Pero en realidad Aidan poco a poco fue apagándose y al cabo de un año ella enfermó gravemente, Robinsón vino en cuanto le comunicaron, él no lo podía creer, si casi siempre estaban juntos, pero el Médico le explicó que Aidan era de esas personas que amaban con todo el alma y no son capaces de superar la soledad, que ya no se podía hacer nada, ya estaba muy mal.

Robinsón caminó por los pasillos como un autómata, la amaba demasiado como para soportar perderla. De pronto escucha la voz del pequeño Robinsón que le dice que la mamita estaba ahí, indicándole el lugar.

Robinsón se acerca a Aidan y ella al mirarlo le pide perdón por no superar su partida, pero le dice que ella lo intentó, más no pudo. El se abrazó a ella pidiéndole ¡por favor que viviera…! ¡que no soportaría vivir sin ella!. Aidan en un hilo de voz le pide que cuide de su hijo y que la perdone por haberle fallado.

La partida de Aidan consternó a la ciudad y mucha gente decía : que los matrimonios demasiado felices nunca duran mucho.

Robinsón al cabo de algunos años jubiló y regresó con su hijo a la ciudad y al hogar que había compartido con ella, con su gran amor. Creo que él nunca la olvidó, pues, jamás se le vio con alguien más...




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