“¿Bailamos?”

Autor: Alan Gabriel

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Cuento publicado el 12 de Diciembre de 2016


Quizás la vida sea solo un juego de azar, quizás sea una partida de naipes en donde una especie de mano divina toquetea las cartas y hace que ganes o pierdas pero siempre, siempre y en todo momento debes de jugar. Yo no sabía cuánto cambiaria mi vida en el instante en el que lo conocí, en el instante en el que yo nací no tenía conciencia de la potencia con la cual su entrada, sus ojos, su perfume y todo él cambiarían mi existir y lo pondrían en un lugar mucho más feliz, al mismo tiempo en que mis padres decidieron ir a aquella boda, a aquello que yo creía, cómo una mujer de apenas 18 años era una prisión, era perder la libertad y ganar peleas sin sentido, eso era para mí el matrimonio, ahí, en aquella Iglesia, en aquel salón, en aquella borrachera perdí una parte de mi para ganar una parte del mundo, él, mi mundo.

Habíamos hecho el viaje de una hora por carretera sólo para asistir a una boda de alguien a quien ni conocía, ni me interesaba conocer, yo, quizás me habían desecho el corazón en una batalla anterior hasta tal grado de aborrecer a los hombres, a las bodas y a los todos sin sentido, a la misma vida, llevaba ropa en una maletita, vestido de ocasión, rojo, tacón y corte largo, pero a la celebración en la iglesia llegué con tenis desgastados, una blusa color no recuerdo y unos ojos sabor desvelo, dolía cada instante en aquellos lugares, dolía sin el que un tiempo dije: “el amor de mi vida”, había perdido la llama, el gas, las ganas y había ganado un aire solitario, me separé de mis padres y de mi hermana menor, y tomé asiento en un lugar algo apartado, algo oscuro, ahí podía estar en paz y perder el tiempo, quizás un texto a algún amigo o amiga, quizás sólo esperar que alguien importante llamará. Cuando ahí me esperaba ahí el que después sería el único que quería que llamara, que quería que respirara, el único.
La misa comenzó con y mi madre alcanzo a gritar: “Victoria, ven a sentarte con nosotros”, yo alcance a hacer un ademán de negación y seguí metida en mi celular, la novia entro de la mano del padre, se veía hermosa, pero el peinado no le quedaba, el ramo no me gustaba (entiendes siempre que a las mujeres no nos gusta nada, quizás envidia, quizás simplemente deseo de molestar) era bella, pero era un factor de incógnita en mi ecuación, una “X” en mi vida que jamás volvería a aparecer, el vestido tenía pequeñas incrustaciones de perlas y una serie de flores color plateado, el tiempo se detiene siempre que pasa una novia, siempre el olor de la rosa o de la Lili en flor dan un toque de pureza y un cierto aire de poder, un poder para parar el tiempo, pero no el mío, mi reloj no podía parar con eso, era un momento memorable para ellos pero incoloro para mí, seguí en mi celular hasta que la ceremonia termino, el tiempo paso lento, aburrido, cansino, mi madre tomo mi mano mientras caminaba a fuera, la costumbre de felicitar a una novia, de agradecer y desear suerte, mis ojos crecieron, mi corazón salió y mi vida de verdad cambió, colocar al hombre que nadie busca pero que todas quieren y que te guste y que sea lo que buscas en un lugar donde sabes que no lo hallaras es azar, es un momento donde el tiempo del corazón pará, se Re ensambla y se cura, mi nerviosismo se notó, sus ojos eran de un color miel fuerte, penetrante, su mirada con un toque de a ver buscado mucho, de estar cansado de ver a gente mísera por todos lados y yo, yo me deshice con el paso de su olor, con el aire elegante, con la mirada hermosa y con unas manos limpias, sin malicia, paso de largo, esperé verlo de nuevo, lo hice.
Corrí al hotel a arreglarme, jamás había puesto tanto empeño en verme linda, no por qué no lo fuera, sino porque jamás había sentido una presencia que me pusiera feliz, que pusiera en alerta mi instinto de pantera, era hermoso y yo debía de estar a la altura, mi belleza natural se transformó en una de revista, una hora antes estuve paseando por la capital y el frío de la ciudad era crudo, duro, pero yo no lo sentía, estaba en el momento más feliz de mi vida y estuve imaginando cientos de historias con él, sólo para él era esa sonrisa, lo había visto una vez y nada me aseguraba que lo volvería a ver, pero estaba segura que mis pasos, mis manos y mi destino conducían a ese amor a primera vista, no me di cuenta de la pequeña llovizna minúscula que calló, corrimos al hotel, me arregle, pinté mi sonrisa de carmín, mis labios teñidos de rojo, un rojo intenso, así como los sentimientos que el despertó, asemejaba sangre, mi vestido hizo un juego extravagante, lindo, provocador, colgué un bolso color negro, tacón del mismo color y salí del hotel en busca de mi felicidad, del amor.

Mi mirada siempre fija a la entrada, siempre puesta en las personas que llegaban, jamás me había visto tan desesperada por ver a alguien, jamás sentí ese miedo enorme de ver a uno, nerviosismo, bebí un par de copas, el cristal quedo lleno de labial, la copa tenía un adorno que yo quería que se quedará en sus labios o en su mejilla, la espera se vuelve un rompecabezas donde la pieza final está lejos, la música inicio y el susodicho que ni nombre tenía aún no llegaba, el momento en el que entro fue épico, apoteósico, mi estómago se puso blando, se hizo añicos de los nervios, no tenía mariposas, era el arca de Noé la que se movía en mi abdomen, buscando que cada especie bailara una canción de amor, su entrada fue un terremoto a mi mundo, sí, así se siente el amor, como un sismo, como un tsunami, sus pies eran como de hierro, como de bronce puro, quien conoce algunos pasajes del apocalipsis sabrá que Dios tiene pies de bronce, en ese instante mi mundo, mi dios, mi diablo y mi todo era ese hombre de estatura media, vestido con un traje gris que asentaba sus pómulos, unos veinte años, seguridad en su paso, en su andar, seguridad que mostraba con su sonrisa, vivía, era feliz y eso me parecía ilógico porque yo lo era desde el momento en que lo vi, sonó una tambora, unos timbales, trompetas que alegraban el día donde aquellos consumaban su amor ¿y yo?, pues yo me enamoraba de Miguel Ángel, paso dejando un aroma a hombre y dejando en mi locura, aquel que rompió mi corazón comparado con él era un simio, un niño con mocos en la cara incapaz de plantarle cara en nada a Miguel Ángel, mi cara siempre girada a donde él tomó asiento, en mi vida había visto a nadie con tal fuerza y la noche, la noche seguía su curso y él, él no se acercaba, antes de finalizar la fiesta un piano, un vals adorno la noche y yo lo vi acercarse, caminar despacio para encontrarme a mí, yo ya había dejado mi mesa y estaba por irme, con la desilusión de mi vida, con el corazón emocionado, no roto, no seco, sino sólo ilusionado, y aquellos pasos de bronce puro, aquel aire de grandeza que ese hombre portaba se acercó a mí, sólo alcance a escuchar su nombre, su tarjeta de presentación fue la sonrisa y esa pregunta tan esperada –¿Bailamos? – dijo con voz ronca, nerviosa, conteste que sí, sí y sí, el sí de mi vida, no negaría mi felicidad, la que espere por dieciocho años, mi corazón salía por la boca, casi se incrustaba en él, sonaba al compás de un piano, de un vals y su sonrisa provocaba en mí una explosión atómica oculta, en mi mismo centro, en el interior, su perfume se metió en mis huesos.
De pronto un pequeño toque en el hombro y su voz envejecida, -Victoria, vámonos, ¿qué haces? -Nada, conteste, recordaba la noche en que te conocí, fue en una boda hace ya treinta años, -sí, lo recuerdo, pero ya vámonos, se casa nuestra hija. – Miguel, recuerdas ¿cuál fue la primera palabra que me dijiste? –Claro, fue un te amo con el corazón al pasar por tu mesa, pero la primer palabra que te dije fue: “¿Bailamos?”





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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2016-12-14 07:10:04
Nombre: Lola
Comentario: Es una historia muy romántica que puede ser real. Alguien puede aparecer en la vida, y seguir toda la vida, aunque a veces se pierda la esperanza e ilusión.


Fecha: 2016-12-14 06:59:44
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Fecha: 2016-12-12 19:41:15
Nombre: Martha Mana
Comentario: Ah! que hermoso! ese amor, me recordó mi adolescencia- juventud, que parece que sin él mueres y puede llegar a ser nada...El tuyo tuvo final feliz!