La Playa . Cuentos cortos románticos


La Playa

Autor: Julia Campos

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Cuento publicado el 18 de Mayo de 2014


Mírame aquí, envuelta en pinceladas de color azul turquesa, un agua de colores va vistiendo mi cuerpo en este momento de confusión, en un tiempo anterior he sido una famosa pintora, ahora solo soy una paleta con colores opacos, y pinceles que han perdió su pelo por el uso, estoy así por un dolor desgarrante que me agobia, no es dolor físico, sino un dolor que me coloca al borde de un estado involuntario donde he perdió momentáneamente la lucidez, pero al instante de recobrar mi sensatez me encuentro rodeada de personas que me miran como si estuviera desnuda de cuerpo y alma, miro por la ventana y me encuentro con un paisaje casi imposible de repetirse, un atardecer con nubes casi rosadas con un sol en el ocaso color naranja de los que habían en mi paleta cuando pintaba mis mas irreverentes cuadros, luego corro con mis torpes pasos por el pasillo hasta mi habitación. Me llamo Isabel pero todos mis cuadros tienen el nombre de BELA que era mi nombre artístico.

Mírame aquí, me encuentro otra vez aquí luego de haber intentado escapar varias veces para encontrar a mi amado esposo, que desde hace muchos años murió, pero que mi mente, cabeza y cuerpo no quieren aceptarlo, estoy otra vez aquí sentada en una hamaca mirando al infinito del mar, mirándome las marcas en mi piel de cada unas de las cosas vividas en todos estos años que me pesan porque son muchos, algunos vividos con intensidad, amor, desamor, pero siempre desde mi uso de razón amando a la persona que ocupo gran parte de mi vida, recordando cada uno de los trazos de él en mi cuerpo y de los míos en el suyo, reviviendo cada uno de los momentos que plasmé los colores en un lienzo con mi pincel o con mis dedos, ahora son inútiles mis dedos, mis manos tiemblan y es una proeza encontrar formas a mis figuras pero de todas maneras pinto con la misma alegría como lo hacía desde que por primera vez tome un pincel en mis manos, ahora trato de pintar algunas cosas pero me entristece el no poder utilizar la técnica que mas me gustaba el Oleo sobre lienzo, porque el olor es muy fuerte y mi cuerpo ya no lo aguanta, pero encuentro a mis mejores aleados los pasteles y los lápices de colores que siempre están conmigo. Toda la casa está llena de obras de mis manos inútiles, pero son admiradas por todas las personas que visitan y habitan en ella.
Mírame aquí, acompañada de muchas personas de mi misma edad, todos quieren saber algo de mí, de mi alocada vida, de mis costumbres, que a veces llegan a atiborrar mi paciencia, pero aspiro un poco de aire, recuerdo la paciencia con la que mi esposo trataba su tiempo, su vida y empiezo a disfrutar de la compañía de todos, contándoles sucesos en mi vida que en algunos casos suenan fantasiosos, otros románticos, y les invade la curiosidad de preguntarme como es amar incondicionalmente a alguien toda la vida, porque todos saben de mi mente lúcida unas veces y otras no, de mis escapadas de la casa, que se debían a la falta de raciocinio sobre la muerte de mi esposo, y mis respuestas siempre son las mismas, creo que para mí fue como cuando deseas pintar en Oleo y te encuentras lienzo correcto, el pincel correcto, la espátula perfecta, sobre todo el color vida, que hace que el magenta se vea pálido en mi paleta, pero evado un poco el tema porque me pone feliz recordarlo, pero me pone triste su ausencia, entonces empiezo a contarles cuando por primera vez mi amado esposo me invitó a salir, fue a un teatro fantástico, todavía escucho la música de los instrumentos y las voces retumban en mis oídos, fue un concierto fantástico, luego tomada de su mano caminé mirando los paisajes de nuestra pequeña ciudad, llegamos a un sitio cómodo donde fue la segunda vez que me puede perder en su mirada tratando de descubrir todos sus secretos, saber un poco más de su vida, recorrer el paisaje de su cuerpo con mi mirada y terminar una noche con risas, besos, caricias que jamás olvidaré, creo que yo siempre busque fuerza en él y creo que él tranquilidad conmigo a lo mejor la encontramos a lo mejor no.
Mírame aquí en la casa de la playa donde siempre iban y venían gente todo el tiempo, todos me dejaban bellos recuerdos, siempre me hacían feliz los niños con su alegría y sus sonrisas, llegaban llenos de arena luego de haber jugado en la playa, se acercaban donde sus abuelos, abuelas, tíos, algunos se acercaban para mirarme, abrazarme o sentarse en mi regazo para contarles un cuento sobre Dragones, príncipes y princesas, que terminaban en vivieron muy felices para siempre, claro era algunos de los inventos de mi cabeza, luego les regalaba una hojas y lápices de colores a lo mejor buscando en alguno de ellos un artista en potencia.

Mírame aquí, caminando por esta playa con los pies descalzos, el alma desnuda, sintiendo la suavidad de la arena, dejando señales que se borraban con el llegar de las olas, con el sol que siempre me cobijaba cada mañana, con el cielo azul como una acuarela lista para plasmar el mas fantástico cuadro en mi cartulina blanca, siempre llevaba conmigo un bolsito lleno de recuerdos viejos y nuevos, de esta vida que más que nada me dio satisfacción, felicidad, desafecto, pero sobretodo haber conocido el amor desde mi perspectiva como en los cuadros que pintaba, que recorrían todas las galerías dentro y fuera de mi país, tratando de que miren esa misma perspectiva y puedan entender con dibujos y colores este mundo y todo lo que se viene con él.
Mírame aquí, sentada en uno de los pasillos de la casa de la Playa, ésta que me ha dado cariño todos los días, que a pesar de mis huidas y regresos se ha vuelto mi hogar, sabiendo que al igual que yo y toda le gente que me rodea está esperando que algún día cercano o lejano nos visite el ángel que nos llevará hacia donde el cuerpo ya no tenga sentido y podamos deshacernos de todo lo material, y entre mis pensamientos, busco en mis hojas guardadas con mucho esmero recuerdos de unas manos que pintaron el universo de colores y dieron muchas miradas para descubrir un mundo que a lo mejor no conocían, en esa carpeta encuentro algunos bocetos con dibujos de mi querido Gato llamado José, que murió hace mucho tiempo con todos los años encima, pero feliz de haber tenido tanto cariño y cuidados , lo recuerdo mucho, me enseño tantas cosas, era paciente, hábil para cazar sus pájaros imaginarios, inteligente, perezoso pero a veces altanero y soberbio, con su cuerpo musculoso, pelo largo entre rubio y blanco, ojos azules, afiladas uñas, siempre frotaba su cabeza en la cara de mi esposo, impregnándole de sus feromonas como diciéndoles “eres solo mío”, ocasionalmente le lamia su cara, creo que nos consideraba igual que él pero más grandes.
Mírame aquí, acostada en una cama cansada pero con una felicidad que me invade el pecho, agradeciendo a la vida porque pude vivir en el mismo siglo que mi amado esposo, y que ahora sé que cuando me llegue el sueño eterno voy a volver a tener sus manos entre las mías, sus risas, su mirada, como aquel cuadro que pinté con mucho afán para una exhibición, donde no hacía falta que posara, simplemente tenia cada recodo y cada gesto de su cuerpo que venía a mi memoria solamente con cerrar mis ojos, agradeciendo a las personas que me hicieron feliz y a las que yo pude hacer feliz, satisfecha de haber dado toda la vida alimento tanto al cuerpo como al alma porque con todos mis trazos alrededor del mundo dieron vida a cada fibra de mi cuerpo, así como el amor que pude sentir dentro de mi corazón.

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2015-07-27 09:59:46
Nombre: RconR
Comentario: Muy hermoso¡Eso es alegría de vivir!