Funesta felicidad. Cuentos cortos románticos


Funesta felicidad

Autor: Gustavo González

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Cuento publicado el 04 de Enero de 2014


Noche fría de verano y un reencuentro con una completa desconocida, paradojas que con el pasar del tiempo cobraban sentido e incluso parecían ser lo más lógico en mi mundo, si es que existe algo realmente lógico en él.

Para mi eras como un llamativo fruto inmaduro, que a pesar de lo amargo, agrio e incluso insípido que pudiera ser, quería reclamar para mí. Extraño y fascinante fue tu sabor, definitivamente nada (todo) lo que esperaba, nada más acercarme a ti me impregné y enloquecí con el suave y dulce aroma de tu cuerpo… o tal vez fue el brillo de tus grandes ojos oscuros que contrastaban maravillosamente con tu blanquecina piel, lo que termino por despojarme de mis últimos hilos de lucidez.
Noche fría de verano y un reencuentro con una completa desconocida, paradojas que con el pasar del tiempo cobraban sentido e incluso parecían ser lo más lógico en mi mundo, si es que existe algo realmente lógico en él.

Para mi eras como un llamativo fruto inmaduro, que a pesar de lo amargo, agrio e incluso insípido que pudiera ser, quería reclamar para mí. Extraño y fascinante fue tu sabor, definitivamente nada (todo) lo que esperaba, nada más acercarme a ti me impregné y enloquecí con el suave y dulce aroma de tu cuerpo… o tal vez fue el brillo de tus grandes ojos oscuros que contrastaban maravillosamente con tu blanquecina piel, lo que termino por despojarme de mis últimos hilos de lucidez.

Pienso que así fue, creo que basto con eso para pisotear la cordura y acariciar la mal mirada locura, el hecho de descubrir lo que el pudor mezquinamente trataba de esconder y recorrer tu belleza descobijada, no hizo más que confirmar mi locura y atarme a un ingrato y provechoso latir, al cual echo mano cada vez que la vida pareciera ser demasiado holgada, cada vez que un gran vacío aparece a mis pies, pero que de pronto aparece como una oscura nube en el cielo repentinamente tenebroso, azotándome entre gélidos vientos y penetrantes lágrimas.

Asi es como siento, con tu huracán trastornando mis entrañas y luego tu primavera iluminándolo todo, asi permaneceré, abrazando esta funesta felicidad, hasta que mis brazos se fatiguen, el tedio se apodere de mi pluma y la sangre de ésta carezca de voluntad para imprimir lo que deseo, enmohecida por el olvido.

//alex


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