Cara a cara contigo mismo. Cuentos cortos románticos


Cara a cara contigo mismo

Autor: Irene 9695

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Cuento publicado el 15 de Mayo de 2013


Ocho horas para el alba y solo soledad y silencio. Las acciones van dejando paso a un barullo de sentimientos, y los sentimientos te van planteando preguntas sin respuesta. El sueño hace intentos por apoderarse de ti y, mientras tanto, tú das el repaso a todo lo que has hecho en el día pero, también, a todo lo que te ha quedado por hacer. Piensas en la gente a la que odias y procuras mandar el recuerdo de esa gente al cuarto oscuro. Hoy no estás dispuesto a tener pesadillas. Piensas en la gente a la que quieres, en todas las veces que te ha hecho sonreír y, uno por uno, vas recordando los ojos de todos, sus gestos, los pequeños detalles que hacen que los encuentres fascinantes….

Y entonces, su imagen se hace presente. Hacía rato que ya la echabas de menos. Es la imagen de esa persona a la que tienes un cariño especial. Rememorar los momentos transcurridos con ella te hace sentirte especialmente bien. Una sensación de paz y seguridad llega a ti por un instante. Hacia tiempo que no la veías. Hoy has recordado tu momento preferido con ella con especial claridad.
Pero entonces te asaltan las dudas. La distancia y la falta de comunicación te hacen temer que esa persona ya no te quiera, que se haya olvidado de ti. Ni siquiera tú estás seguro de que tus sentimientos hacia ella sean los mismos de antaño…
Una sensación de desasosiego te empieza a recorrer el estomago y se instala en tu corazón. Ahora empiezas a comprender lo lejos que está esa persona, y tienes miedo. Tienes miedo de perderla, miedo de volver a estar solo, miedo de no volver a ser capaz de amar…
Buscas desesperadamente otro pensamiento al que aferrarte y recuerdas lo que estabas haciendo en el trabajo, lo que estabas estudiando. Das un repaso mental a todo lo que has aprendido y, tras asegurarte de que no lo has olvidado, decides saltar a otro pensamiento. Pero no encuentras nada. La tristeza que llena tu corazón te impide pensar con claridad. Tan solo llega hasta ti el recuerdo de esa persona especial y todas las dudas que ese recuerdo conlleva. Realmente la extrañas.

Todos tus intentos por sacar ese pensamiento de tu cabeza resultan fallidos. Este ocupa ya el puesto central en tu memoria. Luchas por convencerte de que todas tus dudas son solo tonterías. De que seguramente esa persona te ame aún…
Y vuelve a llegar a ti el recuerdo de los días felices transcurridos ya, pero te sientes vacío. En el fondo eres consciente de que esos momentos pasaron y de que jamás volverás a vivirlos. Eso te entristece.
Un montón de caras se están colando ahora en tu recuerdo. Las miras una por una intentando reconocer a alguien, pero no eres capaz. La imagen no es clara y las caras se ven borrosas.
Lentamente las caras van desapareciendo y ya no ves nada. Tan solo oscuridad te rodea. Pero tus temores siguen ahí, en tu corazón.
Poco a poco te vas olvidando de esas preguntas sin repuesta que te hacen que sentirte tan mal. La tormenta ya ha pasado. Te quedas inmóvil disfrutando de la tranquilidad y la calma. Al principio piensas en lo bello de ese momento... Después de todo la soledad no es tan mala. Luego te vas relajando, y tu mente se queda en blanco. Por fin los hilos de tu conciencia se desatan lo suficiente como para permitirte descansar…
Ahora es el momento en el cual, como todas las noches, el sueño se lo juega todo a una carta. Si en este instante no consigue inmovilizar los hilos de tu conciencia y mantenerlos desatados, no lo conseguirá en el resto de la noche. Con un sutil golpe, el sueño se apodera de ti.
Cinco horas para el alba y el sueño ha hecho bien su trabajo. Hoy no despertaras hasta el amanecer.

//alex


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