Una princesa africana. Cuentos cortos románticos


Una princesa africana

Autor: Roberto Bagnato

(4.18/5)
(184 puntos / 44 votos)


Cuento publicado el 20 de Marzo de 2012


Paris

Al final del boulevard de Estrasburgo se encuentra la entrada principal de la estación de trenes del este o Gare de l’Est, ni bien entras, a la izquierda hay una librería y a la derecha un autoservicio llamado “manufActure”. Si te sientas al fondo podrás observar mejor el fluir de gente, cada uno con su bandeja, cada uno con su historia, manos inquietas, rostros con prisa, caras de viaje, ojos perdidos.


Entre tantas mesas se desplaza una camarera, vestida con camisa color rojo como el color de las mesas. Es una chica africana, de tez oscura pero de rasgos alargados, tiene ojos claros, parece etíope o de por ahí. Sonríe a todo el mundo, todos le devuelven la sonrisa, además de bella es muy delicada, sus movimientos recogiendo platos, vasos y sobrantes y colocándolos en la bandeja son ágiles aunque sutiles, da gusto ver como mueve sus brazos y manos. ¿Habrá estudiado ballet clásico de niña?

A partir de las 2 de la tarde la sala se va vaciando, me quedo ahí, afuera llueve, no tengo prisa.
Espero el momento oportuno para hablar con ella cuando se acerque.
Se llama Asia o Assia y es de una parte de Sudán que no le entendí bien. Su inglés es limitado aunque mejor que mi francés. Mezclando ambos idiomas y gesticulando me cuenta que se cansa un poco ya que desde niña le falta parte de la pierna derecha, dice algo comprensible en casi todos los idiomas: “souvenir” “guerre” (recuerdo de una guerra)… y yo que me quejaba de mi maltrecha muñeca derecha.
Lleva unos pantalones negros muy sueltos y se mueve casi igual que el que tiene las dos piernas sanas. No deja de sonreír, es una sonrisa bonita, tiene ojos buenos de un color marrón claro que no había visto antes. A mis preguntas responde que vive en Francia hace 12 años y que es abogada. Está muy agradecida con el gobierno Francés que le ha ayudado económicamente y con la beca de sus estudios, pero a la hora de buscar trabajo en lo suyo es algo más complicado. De momento seguirá aquí, dice que es un privilegio para ella y su familia poder vivir y trabajar en Europa. Ella me hace las preguntas de rigor, algo abrumado ante su actitud y las cosas que me cuenta de su vida, le doy respuestas breves que resultan ecos triviales a mis oídos, sin embargo, ella escucha interesada, intentando hacer un esfuerzo para comprender cada una de mis palabras.


Un cruce de caminos en este breve espacio de tiempo que es la vida. Se despide, me da las gracias (¿?) ¡gracias a ella por la lección!, “heure du repas” me dice ”bon voyage!”… una última sonrisa y se va a disfrutar de su almuerzo.
Allí va otra niña, otra princesa, que a pesar del dolor que es la vida, ella le pone una sonrisa, una actitud positiva y dedicada. Otro ejemplo anónimo que no aparece en ninguna guía de viaje por París. Pero si un día pasan por aquí, después de ver la Torre Eiffel, el museo del Louvre y cuanta cosa más, deténganse un momento en el autoservicio que está a la entrada de la Gare de l’Est y dedíquenle una sonrisa a esta princesa desheredada.

Un par de horas más tarde, en la terraza de la famosa cafetería de la Paix frente a la ópera, un hombre se queja amargamente del tiempo que tiene que esperar para que le sirvan un café… entonces en mi mente se vuelve a reflejar la sonrisa de Assia.

//alex


¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario más abajo
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado.Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)

 

Nombre:

email:

Contraseña de usuario:

Comentario:

 

Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2012-03-25 17:27:06
Nombre: Carmen
Comentario: Una historia optimista que nos hace pensar que a veces nos hacemos problemas por nimiedades. Me gustó mucho.


Fecha: 2012-03-21 06:10:21
Nombre: Martha Susana
Comentario: muy buen ejemplo, de los que escasean, además de hermosa historia de una hermosa muchacha...