La amante del juez. Cuentos cortos románticos


La amante del juez

Autor: Hamilton Batista

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Cuento publicado el 28 de Enero de 2012


Era la noche del 20 de Junio estaba cayendo un torrencial de agua que las calles eran casi imposible de transitar, no había energía eléctrica, nos alumbrábamos con una lámpara de gas y dos velas. Los niños del barrio estaban gozando de un baño con suficientes aguas, ya que el agua potable era muy escasa y solo se podía almacenar de 3:00 AM hasta 4:15 AM. Estábamos Andrea y yo sentado en la entrada de la casa nuestra, distraído por las alegrías de los niños y el sonido del agua. Uno de los niños, Jesús, dice: -Andrea, creo que es el carro de Daniel que se quedo enchivado en la zanja de la avenida. Todo el barrio creía que él era el novio de Andrea, pero Daniel era mi novio. Se me alteraron los nervios y me dispuse a salir en pos de ayudarlo, pero Andrea me detuvo y me razonó que con tantos niños en la calle, ellos podrían recatar a Daniel sin la necesidad de que yo me mojara. Yo les pedí ayudas a los niños y ellos felices acudieron al rescate. Empujaron el carro hasta el frente de la casa, yo salí con un paraguas a buscar a Daniel y les di a los niños diez pesos para que se lo compartieran.

Daniel estaba con su camisa amarilla y su pantalón negro empapados de agua, lo hice pasar a mi habitación para que se cambiara de ropa. Yo le pedí el favor a Andrea que prepara un chocolate caliente con jengibre y canela, la cual ella era una experta. Yo entro a la habitación para buscarle una pieza de ropa que le sirviera a Daniel, solo encontré un pantalón azul y una camiseta blanca que le sirviera. No le quedo como su ropa, pero por lo menos tenía una vestimenta seca. Cuando salimos del cuarto, ya Andrea tenía servido el chocolate en la mesa de sala. Entre nos bebíamos el chocolate, comenzamos hacer chistes, historietas y anécdotas; es decir comenzamos a reírnos y disfrutar de la mojada noche. Luego Andrea buscó una botella de mamajuana, la cual les entramos inmediatamente. Se me ocurre traer un radio-casetera de baterías y poner todas las canciones de merengue que poseía y comenzamos a bailar los tres como niños. Entre la noche avanzaba también arrastraba nuestras alegrías y borracheras. Luego cambiamos de ritmo y comenzamos a bailar y escuchar viejos pero sabrosos boleros. Entre bailes de aquellos románticos boleros, Daniel me roba el mejor beso que yo recordara hasta entonces. Pero la borrachera pudo mas que el amor y el deseo carnal, y nos quedamos dormidos como pudimos los tres en el sofá.
Ya había dejado de llover cuando Andrea se despertó a las 3:25 AM, nos arropó y comenzó a recoger el agua potable que se utilizaría ese día. Con el sonido del agua al caer en los envases me despierto yo unos 22 minutos después de Andrea, he inmediatamente me puse a ayudarla. Cuando llenamos el último envase con agua, nos fuimos para la cocina y preparamos un café. Mientras nos bebíamos el café comenzamos a charlar sobre mi futuro con Daniel y claro el futuro de él también. Fue tan larga e interesante dicha charla que ya era el medio-día, cuando Daniel nos interrumpió alegando que tenía hambre y que íbamos a salir a comer a un restaurante o que cocinásemos algo de comer. Yo con la alegría y el sabor romántico de la noche anterior me ofrezco a cocinar el mejor manjar de Daniel, un sancocho prieto el cual lo acompañaríamos con un par de hermoso y grandes aguacates maduros que habían caído de la mata por causa de la lluvia de anoche. Daniel nos deja solo en la cocina y se va a bañarse. La energía eléctrica no había llegado todavía. Daniel tuvo que usar mi ropa azul de baño, ya que la del olía a demonio. Se sienta él en el comedor a esperar que el sancocho estuviese listo y yo desde la cocina lo miraba tiernamente como una persona enamorada y con un deseo de hacerle sentir el hombre más feliz de la tierra; él me retornaba la mirada como la de un hombre tierno, comprensivo, maduro, inteligente y locamente enamorado de mí. Pasaron unos 30 minutos antes que comenzáramos a comer. Por las conversaciones, Andrea notó que debería dejarnos a sola y se fue para la calle a visitar algunos vecinos.
Preparo un café y entre nos bebíamos el café, Daniel narraba nuestra historia de amor con todas sus dificultades y triunfos desde que nos conocimos con una locuacidad que solo él sabía hacerlo, claro como abogado que él era. Mas tarde me di cuenta que era preparando el terreno para una decisión que teníamos que tomar que cambiaría el rumbo de nuestra vida. Aunque era un abogado prominente no dejaba de ser hombre y como tal en los momentos que uno se siente que esta en el edén con una simple palabra te bajan a la tierra; y fue así cuando él lo hizo cuando me dijo que no sabía como enfrentar lo nuestro y que le diera mi opinión. Me quedé como cuando mis padres siempre me decían que yo era el ser por lo cual ellos vivían, luchaban y eran capaces de todo para que yo fuera feliz, pero me enviaban a la escuela y por mas de ocho horas hasta que ellos regresaban de los trabajos no nos veíamos, luego me exigían que hiciera mis tareas, mas tarde tenía que salir a vender maní por las calles y cuando regresaba me corregían porque como criatura infante que era a veces me distraía con los otros niños o les mentías sobre las pocas ventas que hacía esos días, y después no había mas tiempo que bañarme e irme a dormir; Así me quedé yo con lo de Daniel. Yo comencé a opinar, no como un abogado porque a puras penas había terminado el cuarto año de educación primaria, porque tuve que lanzarme desde muy temprana edad a buscarme la vida por tiempo completo para ayudar a mis padres que al igual que a mí; los dioses de la educación y bienestar económico desconocían de nuestras existencias. Lo único que me queda de honra, si así se le puedes llamar, es que casi siempre obedecí los Diez Mandamientos de la fe cristiana evitándome problemas judiciales. Recuerdo cuando le dije que reconocía que una persona de mi nivel educativo y mi personaje ante la sociedad era un obstáculo por el porvenir de su profesión, a él se le rompió el corazón.

A Daniel se le había ofrecido la oportunidad de ser un Juez de paz, pero la sociedad, aunque no por ley pero por costumbre, exigía una persona con familia ya que proyectaba mas seriedad y estabilidad. Ese era el sueño de él, ser juez. Él debería casarse y en mi personaje no era el que la sociedad aceptaría; Una persona sin educación y con un concepto del amor y la vida que esta sociedad no comprendía y por ende no lo digería. Y fue así con una liga de sentimientos y razonamientos les jugamos a la sociedad su mismo juego hipócrita que ella suele jugar con los individuos.
Entre Andrea, Daniel y yo pactamos el convenio de que Andrea y Daniel se unieran por lo civil, pero en lo sentimental y en la casa yo era la pareja amorosa de Daniel. Andrea ante la sociedad era la pareja ideal para un juez. Una mujer que cursó estudios universitarios, pero que decidió ser mujer de la casa. Y yo iba a ser la amistad inseparable de ambos, a los que ellos darían cobija en su techo. Así lo hicimos. Daniel aceptó el puesto de juez civil, Andrea nuestra mejor amiga, la esposa del Juez y yo la pareja más feliz y agradeciendo la vida por haberme entregado al hombre que amaba, aunque rebelde con la sociedad, por la forma de lograrlo y tener que ocultarlo.
Pasaron dos años y la bendita sociedad intervino de nuevo en nuestro destino, los hijos. Ya había presión en el mundo social en que Daniel se desarrollaba, como si una familia sin hijo no es una familia. Teníamos que resolver lo de los hijos con una buena estrategia. Sabíamos que no podían ser mío, pero yo me anegaba que él se acostara con Andrea para que dicho matrimonio concibiera niños. Después de unos meses de luchas sentimentales y razonamientos, cedí a la idea de que Daniel y Andrea tuviesen relaciones sexuales para que los hijos por los menos fuesen biológicamente de él y claro de mi mejor amiga. Cuando nació Danielito, fue otra bendición del cielo para mí. Entre Andrea, Daniel y yo hubo mejor compresión. Fue tan maravilloso el cambio en nuestro hogar que decidimos tener tres hijos más, Vicente, Andrés y mi princesa Lucerito. Nosotros ajustamos nuestras vidas alrededor de los niños y cuidándonos de que la sociedad no descubriera nuestro pacto, les ocultábamos a nuestros hijos el pacto. Daniel y yo nos íbamos a nuestra habitación y Andrea a la de ella después que los niños se dormían y nos levantábamos mucho antes que ellos, y entre otras cosas que se tenían que ajustarse pasaron quince años hasta que Danielito nos descubriera. Les razonamos a Danielito el por qué de nuestra vida, él porque nos amaba a los tres aceptó seguir el juego ante sus hermanos y la sociedad. Pero antes de que él pudiera comprender bien el por qué de nuestra forma de vida, una tragedia tocó la puerta de nuestra casa; Daniel es asesinado.
Soledad y tristeza reinó en nuestro hogar desde la muerte de mi compañero hasta que Andrea y yo decidimos legalizar nuestro status y la de los niños y así enfrentar a la sociedad. La mañana del 21 de Marzo, Andrea, los niños y yo nos presentamos ante el juez civil de la primera circunscripción para levantar un acta de matrimonio entre Andrea Pérez Fariña y yo, Vicente Barreiro Robles.

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2012-01-28 09:00:57
Nombre: Lucia Belen
Comentario: No se si los errores son adrede, para acentuar la poca educación del que relata. de ser así, me gustó el cuento, final inesperado, bien llevado.