El efecto Van Damme. Cuentos cortos policíacos


El efecto Van Damme

Autor: Francisca Carrasco

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Cuento publicado el 10 de Noviembre de 2011


Celeste, fanática de las películas de terror, de las de suspenso y de las películas en general, no podía dejar de pensar en la vista la noche anterior. La historia era simple, una joven que se había visto envuelta en drogas y prostitución, simplemente por no escuchar los consejos de su padre. Lo bueno era que se trataba de las películas en que estaba el efecto Van Damme presente, ese que se aflora, cuando en una película, alguien que parecía más bien simplón, terminaba siendo el principal atacante, con movimientos precisos y certeza a la hora de actuar. Esto, se intensificaba, pues en este caso, se trataba del padre de la chica, quien la adoraba y por si fuera poco, era un ex guarda espalda de gobierno, lo que remataba en que por supuesto todo terminaba bien. Celeste pensaba, pensaba y pensaba mientras permanecía quieta, muda y descolocada. Sus ojos estaban fijos en la bolsa de cocaína puesta en su mesa. Sus piernas permanecían inmóviles. Intentó mover su mano y no logró hacerlo. Por unos breves segundos sintió miedo, había escuchado de esas parálisis que dan sin motivo, mucho más comunes aquellas que se producen por el consumo de drogas. Minutos más tarde, y en estado de pánico y tranquilidad a la vez, al fin, pudo mover sus dedos y sonrío. Su mente no reparó demasiado en el hecho y volvió a la pensar en la película.

-Cuanto desearía que yo consumiera drogas, siquiera por una razón como el amor, quizás así valdría la pena, quizás lo habría de mirar de una mejor manera, pensaba. Cuanto desearía haber tenido un padre sin efecto Van Damme, que me adorara, que intentara detenerme…

Celeste hace cinco años, prácticamente no salía de su casa. Pasaba los ratos viendo películas, entreteniéndose con alguna telenovela, cocinando un cup cake lo mejor decorado posible. Ella simplemente adoraba cocinar por cinco horas uno de estos pastelitos, esmerarse en su decoración y comerlo poco a poco mientras veía la pantalla. Siguió pensando.
-Quizás debí ser chef.
En ese minuto observo por su ventana, una caravana se asomaba, se trataba de un funeral. Celeste lo disfrutó. Si no sales de tu casa, cualquier cosa es interesante. Estaba por terminar el desfile de automóviles, cuando comenzaron a abrirse lentamente sus puertas, cerca de doscientos policías bajaron de ellos.
El interrogatorio se salió de las manos, el novio de Celeste sacó un arma que guardaban bajo el sillón e intentó hacer una aparición del tipo efecto Van Damme, cinco segundos después cayó muerto. Celeste no volvió a mover sus dedos.




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