Adiós. Otros cuentos


Adiós

Autor: Abraham Saúl

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Cuento publicado el 13 de Diciembre de 2010


Ese sentimiento que hacía tiempo que lo carcomía volvía a hacer su aparición como una mancha de sangre, que comenzaba como una gota para luego transformarse en una verdadera laguna. Imperturbable, aún cuando sabía que ese pesar se transformaría prontamente en un deseo desenfrenado de actuar, dejó en el suelo lo que tenía en la mano y comenzó a respirar pausadamente. Aspiraba y Exhalaba, aspiraba y exhalaba, una y otra vez. Sin embargo, la ansiedad iba en preocupante aumento. Sus manos comenzaron a temblar y un frío hilo de sudor recorrió su espalda. Por primera vez tuvo miedo. Una sensación de pánico sin precedentes. Su corazón, como una máquina desincronizada, bombeaba alocadamente y sin un patrón definido. Intentó calmarse, encendiendo un nuevo cigarrillo. A esa altura de la noche llevaba fumados más de treinta. Por su cabeza se sucedieron miles de imágenes sin sentido que, a pesar de que buscaban serenarlo, lo turbaban todavía más. Estaba casi sin control cuando comenzó a idear su nefasto plan. Aún con la respiración entrecortada, armó el rudimentario artilugio como si se tratase del marinero más calificado. Ya no buscaba la calma, solo acabar con el suplicio de una vez por todas. Contó hasta 10, y un par de números más seguramente...
Ese sentimiento que hacía tiempo que lo carcomía volvía a hacer su aparición como una mancha de sangre, que comenzaba como una gota para luego transformarse en una verdadera laguna. Imperturbable, aún cuando sabía que ese pesar se transformaría prontamente en un deseo desenfrenado de actuar, dejó en el suelo lo que tenía en la mano y comenzó a respirar pausadamente. Aspiraba y Exhalaba, aspiraba y exhalaba, una y otra vez. Sin embargo, la ansiedad iba en preocupante aumento. Sus manos comenzaron a temblar y un frío hilo de sudor recorrió su espalda. Por primera vez tuvo miedo. Una sensación de pánico sin precedentes. Su corazón, como una máquina desincronizada, bombeaba alocadamente y sin un patrón definido. Intentó calmarse, encendiendo un nuevo cigarrillo. A esa altura de la noche llevaba fumados más de treinta. Por su cabeza se sucedieron miles de imágenes sin sentido que, a pesar de que buscaban serenarlo, lo turbaban todavía más. Estaba casi sin control cuando comenzó a idear su nefasto plan. Aún con la respiración entrecortada, armó el rudimentario artilugio como si se tratase del marinero más calificado. Ya no buscaba la calma, solo acabar con el suplicio de una vez por todas. Contó hasta 10, y un par de números más seguramente...
Lo encontraron a la mañana siguiente, con la mirada perdida en la nada y suspendido de un cordel de paz infinita...

//alex


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