Hay cosas de las que es mejor no hablar. Otros cuentos


Hay cosas de las que es mejor no hablar

Autor: Carmen

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Cuento publicado el 27 de Marzo de 2010


Hay cosas de las que es mejor no hablar si queremos mantenernos dentro de los límites de la cordura. Cuando mamá y yo nos mudamos a la casa de mi tía paterna, no arrastrábamos angustias ni añoranzas. Yo la había visto dos veces en vida de papá y ya ni recordaba sus rasgos. Como ella no tenía más parientes que su hermano, nosotras heredamos sus bienes. Nunca hubiéramos imaginado que la solución a nuestra ajustada situación económica vendría de la mano de una persona a la que ni siquiera habíamos mencionado en tantos años. Mi padre guardó los motivos de su distanciamiento hasta la tumba, pero eso ahora no nos preocupaba. Un abogado nos informó que en el plazo de tres meses dispondríamos de sus cuentas bancarias y que, si deseábamos, podríamos mudarnos a su casa. Esto lo hicimos con premura para no tener que afrontar otro mes de renta, puesto que yo me había quedado sin trabajo. La vivienda era antigua -puertas de madera maciza, vitraux, escaleras, cuartos arriba y abajo, un mediano parque profusamente arbolado con una pequeña construcción en medio de la espesura- y estaba ubicada en un barrio algo apartado del centro; mas ahora podría conservar el auto que pensaba vender. La posibilidad de explorar este espacio me llenaba de excitación. Todas las habitaciones estaban amuebladas y elegimos dos contiguas, dejando por el momento libre el dormitorio que había ocupado mi tía. La cocina tenía artefactos un poco antiguos pero en perfectas condiciones de uso. Mamá, chef por vocación, se apropió inmediatamente de este espacio con mi total consentimiento. Yo prefería escudriñar detrás de cada puerta. La primera noche, cansadas por la mudanza, comimos frugalmente e intentamos mirar algo en el viejo televisor que se negó a funcionar. Inspeccioné los botones, moví la antena, lo enchufé y desenchufé, pero permaneció absolutamente mudo. Mamá dijo que era mejor; que así nos iríamos a dormir más temprano. Subimos a nuestros aposentos, nos despedimos con un beso y yo me acosté al instante. Me sumí en un sueño profundo y sin imágenes. Voces, sonidos y música creciendo, me volvieron lentamente a la conciencia. Me costó ubicarme espacialmente hasta comprender que no estaba en mi antiguo dormitorio. Presté atención al ruido que había perturbado mi descanso. Venía de la planta baja, como si se estuviera celebrando una fiesta. No tenía lógica. Me senté en la cama tratando de hacer funcionar de nuevo mi cerebro. Me calcé las chinelas, me eché la campera sobre los hombros y bajé. Un lechoso y movedizo resplandor se derramaba por la puerta del comedor que yo había cerrado antes de subir. También desde allí provenían las voces y la música. A medida que bajaba, la familiaridad de los ruidos se hizo patente. Seguramente mamá, desvelada, logró que funcionara el televisor. Abandonando toda cautela me apresuré a entrar en la habitación. El televisor, efectivamente, estaba encendido. Pero no había espectadores. Iluminé el salón y rastrillé con la mirada toda su superficie, cada rincón. ¿Tal vez mamá, cansada, olvidó apagarlo al retirarse? Giré el botón a la posición de off. La pantalla se oscureció y los ruidos desaparecieron. Apagué la luz, cerré la puerta y volví a mi dormitorio. Antes de entrar, me asomé silenciosamente al cuarto de mamá. Dormía con tanto abandono que postergué las explicaciones hasta la mañana. Me despertó un delicioso aroma de café y tostadas recién hechas. Abrí la valija y saqué mi salto de cama. Bajé deleitándome con los colores que el sol pintaba sobre el piso y las paredes con la paleta de los cristales. Mi madre estaba terminando de acomodar la mesa del desayuno y se la veía muy descansada. Me saludó con una sonrisa y mientras tomábamos café le relaté mi incursión nocturna. Ella negó rotundamente haber bajado. Es más, aseguró haberse dormido inmediatamente. Además -acotó- la experta en electrónica era yo y ella nunca se metía con ningún aparato. Esto era muy cierto, por lo que pensé que posiblemente no lo hubiera desenchufado como creí y que, de tanto toquetearlo, hubiese entrado en cortocircuito tardíamente. Por el momento, esta endeble explicación me satisfizo. A medida que pasan los días se van acumulando pequeñas situaciones extrañas que tratamos de racionalizar. Cuadros que, sin acordarnos, mamá o yo cambiamos de lugar, artefactos que se encienden solos por alteraciones del fluido eléctrico, puertas que se abren o cierran por corrientes de aire, comida que se hecha a perder porque alguna se olvidó de guardarla en la heladera, prendas que, seguramente dejadas en un momento de prisa, aparecen al tiempo en lugares inverosímiles. Hoy, lo que me produjo más inquietud, fue encontrar sobre mi mesa de luz la cuchilla grande que siempre está colgada de la campana de la cocina.

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2010-04-10 12:03:42
Nombre: Carmen
Comentario: Gracias por tu comentario y tu interés, Mónica. Son de gran interés para mi. Saludos.


Fecha: 2010-04-09 20:06:56
Nombre: monica
Comentario: Coincido en que puede dar a una historia bastante rica en misterio y suspenso, mas que nada a tu excelente redaccion, sos muy clara y eso de gran importancia... me quede con ganas de mas


Fecha: 2010-03-31 08:24:10
Nombre: arturo
Comentario: Y como se llama el blog para poder verlo.


Fecha: 2010-03-30 09:05:29
Nombre: Carmen
Comentario: Gracias, Arturo. Estoy publicándola por capítulos en mi blog.


Fecha: 2010-03-30 09:00:07
Nombre: Carmen
Comentario: César: agradezco tu opinión que da cuenta de que, por suerte, nuestros escritos son apreciados por un grupo de lectores heterogéneos.


Fecha: 2010-03-29 15:24:25
Nombre: arturo
Comentario: Espero, realmente, que escribas la novela y si es asi me encantaria poder leerla. :D


Fecha: 2010-03-29 11:02:39
Nombre: César Muñoz
Comentario: ¡Susto! Está notable como cuento. Justamente, lo demás se lo imagina el lector y eso se traduce en calidad. Indudablemente tienes madera. Saludos Carmencita.


Fecha: 2010-03-29 05:34:50
Nombre: Carmen
Comentario: Yo pensé lo mismo, Arturo. Así que lo estoy adaptando para una novela. Gracias como siempre por el comentario.


Fecha: 2010-03-28 20:17:57
Nombre: arturo
Comentario: Es un cuento interesante pero da la sensacion de ser solo la introducción para uno mas extenso. Deja sensacion de querer mas.