Siempre hay esperanza. Otros cuentos


Siempre hay esperanza

Autor: Carmen

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Cuento publicado el 20 de Marzo de 2010


La noche, agazapada en la calle mal iluminada, le hizo desear volver sobre sus pasos y refugiarse en la casa. Trampa violenta la vida, pensó. Él era un hombre pacífico y vivir en medio de la inseguridad le provocaba angustia, le restaba atención a su labor docente y lo indisponía de ánimo. Pero no podía faltar a la escuela. El sustento de su familia estaba en juego. Años de búsqueda infructuosa lo aferraban a ese trabajo que era su ingreso seguro. Las clases particulares tenían el flujo y el reflujo de los avatares económicos. Llegó a la esquina y esperó el ómnibus. Siempre salía con un holgado margen de tiempo para llegar a horario. Esa noche no esperó mucho. Subió al coche casi vacío, marcó la tarjeta y se sentó. Sacó el libro de su portafolio. Últimamente era el único espacio que le dedicaba a la lectura. Estaba releyendo El nombre de la rosa, obra que lo había atrapado a medida que avanzaba las páginas. Después de la compenetración de los sentidos, la penetración de la mente. Éste era un ejercicio habitual en él. Como el impacto social y ambiental que experimentó en su primer acercamiento a la escuela. Un edificio descascarado acorde a las precarias casas que se apretujaban enfrente y a los costados. Las autoridades del colegio, como el edificio, se habían dejado ganar por el abandono. Los chicos concurrían a la escuela sólo para comer. Cuando pudo evaluar la situación, creyó que desde su cátedra de Lengua podría conformar espacios de trabajo adonde los alumnos pudieran expresarse, elaborar sus carencias y posibilidades. La tarea fue ardua y los procesos de modificación escasos. Pero no se desanimó y siguió trabajando con unos pocos entusiastas. Claro que arrastrados por Leandro, el Colorado para sus compinches, quien le agradeció un acto solidario por su familia concurriendo al taller de teatro y regalándole un brazalete. “Usted sabrá cuando usarlo”, le dijo. Un cráneo blanco de cuencas sangrantes resaltaba sobre un fondo negro. Él agradeció el presente, lo guardó en el bolsillo de delante de su portafolio y esta vez no le hizo ningún comentario a su mujer. Cerró el libro al aproximarse a la parada, bajó y caminó hacia la escuela. Los faroles, que habitualmente conjuraban a su sombra estaban apagados esta noche. Notó que apuraba el paso y que su corazón latía aceleradamente. ¿Había escuchado algún ruido? Para llegar a la calle principal adonde estaba el colegio, todavía tenía que atravesar una angosta callejuela que se internaba entre las casas. No se sorprendió demasiado cuando el oscuro grupo se desprendió de las sombras de le entrada. El cuchillo refractó los rayos de luz que llegaban desde la puerta de la escuela. Presintió durante un instante su muerte. Un destello de comprensión le hizo extraer rápidamente el brazalete del maletín. “¡Miren, me lo dio el Colorado! ¡Me dijo que se los mostrara!”, dijo enardecidamente. Una mano se lo arrebató y lo entregó al propietario del arma. Vigilado por cuatro pares de ojos, mientras el cabecilla escrutaba su salvoconducto –esto era lo que él necesitaba creer-, pensó en que había cometido una tontería, en que su intuición no lo podía engañar, en que entonces para qué se lo había dado, en que tal vez no conocieran al Colorado, o peor aún, en que fueran de una pandilla enemiga, en su mujer, en sus hijos, en él. Y descubrió que si tanto deseaba vivir, era porque todavía conservaba la esperanza.

El joven delincuente le devolvió el brazalete después de una eternidad. Mientras hacía una seña al grupo, le dijo: “Mejor que se lo ponga para caminar por este lugar”, y dio la vuelta con sus secuaces para ser engullido por la callejuela. Él, aligerado de dudas y temores, traspuso la calle hacia su lugar de trabajo, reflexionando en cómo incorporar cinco nuevos integrantes al taller de teatro.


//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2010-03-22 05:29:43
Nombre: Carmen
Comentario: Gracias por comentar, Arturo.


Fecha: 2010-03-21 18:24:05
Nombre: arturo
Comentario: Es un cuento de la vida real. Resulta un tanto opresivo, como resulta a veces la vida real. Por lo tanto es un buen reflejo. Carmen, una vez mas lo mejor el final.


Fecha: 2010-03-21 08:30:29
Nombre: c
Comentario: Gracias por el comentario, Martha. Por cierto que la literatura nos permite soñar un final feliz. Alguna vez será.


Fecha: 2010-03-20 13:07:54
Nombre: Martha Susana
Comentario: Muy real muy bueno, nos lastima que lo sea tanto!



Fecha: 2010-03-20 07:42:18
Nombre: Carmen
Comentario: Gracias por el comentario, Tomi. Deja el sabor de algo compartido. Un abrazo.


Fecha: 2010-03-20 03:58:22
Nombre: tomi martinez d
Comentario: Impactante cuento por la situación actual y casi cotidiana. Muy bien escrito y descrito.me ha gustado mucho.