chica B. Otros cuentos


chica B

Autor: Tyler Durden

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Cuento publicado el 04 de Marzo de 2010


Yo conocí a una auténtica chica B. Fumábamos donde no se podía fumar y bebíamos mucho donde se podía beber. Lo pasábamos bien. Nos conocimos una noche de fin de año. Yo llegaba a casa borracho, con pasos torpes y ella estaba allí, en la puerta de mi edificio, esperando. ¿Tienes un cigarro? Me preguntó al meter la llave en el agujero y yo le respondí que allí mismo no, pero que en casa tenía varios cigarros, que si subía conmigo, compartiría mi ración de tabaco con ella. Ella accedió sin poner demasiadas trabas, debió creer que estaría mejor esperando en casa de alguien que en la calle.


Conoces a un tal Sergio? Volvió a preguntar. Yo a esas horas y con algo de alcohol en el cuerpo, no conozco ni a mi padre, pero a todo decía que si, no quería que se fuera. Ella esperaba a mi vecino, que le había dado plantón por otra más guapa. Saque unos vasos de ron a palo seco y con la fuerza y las ganas que te da el alcohol nos dirigimos a su puerta buscando explicaciones. Eran las siete de la mañana y yo no quería montar espectáculos, pero tampoco quería que se fuera. No es que fuera especialmente guapa, pero era una mujer cálida.

La conseguí convencer de que el mejor sitio para esperar era mi casa y allí fuimos. Charlamos y bebimos hasta que se hizo de día y se acabó el tabaco, momento en el cual tuve la genial idea de coger el coche para ir a comprar más. Suerte que un bar regentado por chinos cerca de casa nos hizo el favor de abrir temprano y suministrarnos nuestra dosis, con la mala fortuna por mi parte de encontrarnos con su hermana y dos amigas que venían en ese momento buscando un bar donde comer algo. Maldita hora en la que salí de casa en busca de tabaco. Su hermana la convenció de que mejor era cambiarnos el teléfono y dejarlo para otro día, no se fiaba de mi y yo tampoco me fiaba de ella, pero eran cuatro contra uno y al final tuve que ir a casa a terminarme el ron yo solo.

Al día siguiente me escribe un mensaje y me pide que olvide lo ocurrido la noche anterior, no entendía nada. Parecía otra mujer. Me dice que no sabe como subió conmigo a casa ni como fue a aporrear la de mi vecino. Yo me quedé con las ganas de decirle que subió porque estaba loca de celos y yo caliente como un gato, pero en vez de eso, le dije que por mi bien, que todo olvidado y aún y así le deseaba mucha suerte con mi vecino. Mientras enviaba el mensaje cruzaba los dedos y le deseaba la peor fortuna con él. Mierda. Se ha escapado.

Tres días después de despierta de la siesta otro mensaje. Con un ojo medio cerrado y el otro cerrado del todo consigo ver su nombre, por lo que de golpe se me abren los dos. Y ahora parece de nuevo otra mujer, no una tercera, sino la misma que subió a mi casa a beberse mi alcohol. Ahora se lo ha pensado mejor y quiere explicarmelo todo más despacio delante de unas cervezas. Que alegría sentirme irresistible. Que alegría más tonta.


Si algo bueno tenía era que conocía los mejores lugares de la ciudad. Locales en los que yo ni siquiera había reparado antes, ella los convertía en lugares de atmósfera cargada, luces bajas e íntimas charlas donde apetecía estar. Y allí estaba yo. Sentado delante de una cerveza, a la cual siguieron 5 o 6 más por cabeza con sus correspondientes visitas al lavabo. Cada visita era una visión más demacrada de mi en el espejo y una belleza más especial en mi acompañante. Bebimos y fumamos y me engañó para decirme que quería venir a mi casa a dormir, excusándose con que tenía familiares en su casa durante unos días.. Dudo mucho que una mujer así hubiera tenido familia que hubiera querido estar en su casa. Todo a su alrededor era caótico pero atractivo. Era la noche de Reyes y era mi regalo. Las mañanas eran difíciles a su lado. Resacas y excusas. Siempre tenía que irme antes de que pudiera darle la opción de ir a algún sitio a seguir bebiendo, a seguir fumando. No parecía tener final. Una noche que pasó en mi casa me sorprendió pidiéndome un vaso de agua. Creo que fue la primera vez que la vi bebiendo algo sin alcohol y me dijo que era para unas pastillas, que no pensase nada malo, que sólo eran para no estar nerviosa y que todo marchara bien. A mi no me hizo ninguna gracia, aunque todo empezaba a tener más sentido. En otro de nuestros encuentros en su casa me recibió con la luz apagada. Me han cortado el suministro, se han debido confundir. Yo no sé si realmente se habían equivocado, no pagó el recibo o realmente quería que ese día estuviéramos a oscuras, cualquier cosa hubiera podido ser real, pero a mi me apeteció la situación y le seguí el juego. Cuando acabamos con la cerveza me pidió que me quedara a dormir y yo accedí, era dulce por las noches y a mi me gustaba experimentar con ella.

Mis amigos empezaron a mirarme raro cuando me veían con ella, no era la mujer que les puedes presentar a tus padres y salir airoso sin una charla por su parte preguntándote hacia donde estás encaminando tu vida y que la novia que tenías antes, a ellos les gustaba mucho más. No recuerdo cuanto tiempo estuve con ella, un mes, quizá más, lo que si recuerdo es el momento en el que dejé de contestar sus mensajes y descolgar sus llamadas. Fui cobarde e hice lo fácil. Darle la razón a la mayoría y verme con mujeres más adecuadas. Cenas aburridas y conversaciones imposibles de las que yo escapaba bebiendo y siendo el más simpático de la fiesta y en una de esas salidas me la encontré en uno de nuestros antiguos locales de salidas furtivas. La vi con otro tipo, la verdad es que era el vivo retrato de ella en masculino, ropa tirada, pelo revuelto y ese aire de persona que no tiene nada que perder que siempre me ha dado mucha envidia, es cierto, envidio a todos aquellos que no les ata nada, que no temen tocar fondo y sienten lástima de los tipos como yo, esclavos del reloj y los horarios y que se ríen de mi en mi cara.

La seguí al lavabo y casi la zarandeé bajo la música mientras le gritaba al oído que la había visto con otro tipo. Y qué? Respondió ella, es que estás celoso?... ¡Celoso, que va!
Me alegro mucho por ti. Se dio media vuelta y no me escupió porque eso hubiera sido ponerse a mi nivel y ella no era así, ella estaba por encima de todas esas cosas y si, desde luego que si estaba celoso, hubiera hecho lo que ella me hubiera pedido en ese momento sin rechistar, pero no pidió nada, ella sabía que yo había perdido y ella ganaba, tan sencillo como eso, no hizo falta que me lo dijera.

Han pasado un par de años y no la he vuelto a ver, atravieso una rutinaria felicidad que lejos de desesperarme me tiene anestesiado y yo de vez en cuando, fantaseo con ella, busco su número en mi móvil y estoy tentado de llamarla, pero no se si estoy seguro de estar preparado para tocar fondo.


//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2010-07-05 12:22:06
Nombre: Martha Alicia L
Comentario: Sí,... me gustó. Me pareció que la forma en que está contado se deprende de aquello que dice: es áspero,seco, sin adornos ni vueltas.
Me gustó.