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El día especial

Autor: José Ángel Rodríguez Ramones

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Cuento publicado el 22 de Enero de 2010


El año pasado se sentía menos frío. Y ahora este jodido frío cala con más ganas. Este viento se mete por los agujeros de las viejas “garras” que traigo; es que ya no me quedan muchos parches. La recolección está muy fregada. Ya nadie quiere tirar nada, aunque ni les sirva; nomás les sirve para hacer montones y montones de ropas arrumbadas en los closets. Con tanta falta que me hacen.

Pero ya pronto se pondrá mejor la junta de desperdicios. Qué digo desperdicios ¡Manjares y lujos! Ya hasta me imagino el olor a pavo relleno, que de lleno no le queda nada, está más vacío que mis bolsillos agujerados; pero si se le busca bien, se les arranca un pedacito de pellejo y carne pegada al hueso. Eso sí es como para chuparse los dedos. Y las sobras tan deliciosas de lo que fue pastel de carne no hay como las de los Márquez; esos sí son dadivosos: tiran muchísima carne, han de ser muy ricos, tanto así como para hartarse ellos y luego tirar carne, tanta que hasta pueden prepararse una docena de tacos.
Bueno será mejor que me prepare para el trabajo, en lugar de seguir soñando despierto. ¡Ah! Pero nada como los sueños: a uno le dan ánimos para sobrevivir los días pensando en que llegue ese día especial. Aunque a veces no haya nada. Por eso es importante darle duro a la chamba.
Me veo en el espejo estrellado que cuelga de la pared. Miro que los pelos y la barba estén perfectamente desaliñados. Pues hay que cuidar la imagen. Si a uno lo ven más o menos peinado dicen: “Este ni ocupa y anda pidiendo dinero”. Y pos la cosa no jalaría bien.
Busco entre las bolsas de plástico mis mejores harapos. Hago girones la nueva chaqueta que me regaló Marcial, un buen amigo. Me la dio poquito antes de que colgara los tenis. Se murió de bien jodido. Siempre le dije que me hiciera caso pero era tan terco. Le dije que si seguía haciéndose el ciego le iban a partir su madre. Eso ya está muy choteado, ya no funciona, además de que ya son muchos ciegos en esta ciudad .Y por eso un buen día se lo madrearon unos cabrones que eran más vivos que él. Ni le dio tiempo para correr.
La cosa es que hasta esa chaqueta tuve que romperla y enlodarla un poco, no estaba tan sucia. En este negocio de pedir limosna hay que cuidar muchos detalles. Hay que crear una imagen de jodido para poder ganarse unas monedas. Pues es como el dicho “Como te ven te tratan”. Yo diría “Como te ven, te dan”.
Luego, tomo las botas que de botas nada más tienen la suela. Mas bien parecen huaraches con tantos orificios y pedacitos de lo que fue piel. El pantalón que uso es único para mí, no tengo otro. Calzones ¿para qué? Al mundo llegamos sin ellos. No se ocupan. Tomo las migajas de pan duro que guardé de hace tres días, las trago casi sin masticar porque si lo hago vomitaría por el sabor. Pasa que la panza es muy glotona y exigente; si me pongo a sacarle el sabor el rancio del pan haría que comenzara a “guacarear”.

Levanto el mugroso costal viejo. Lo acomodo en la espalda. Ahí pongo lo que encuentre en los basureros; casi todo lo que unos no quieren otros los aprovechamos. Y para completar el disfraz tomo el bastón. No lo uso por necesidad. Todavía a mis 65 años tengo algo de fuerza, no mucha pero basta para no ocupar ese pedazo de madera tan molesto. Lo uso para completar la imagen de limosnero. Si la gente ve el bastón se convence de que uno está jodido.
Alguien me preguntó una vez por qué no me hacía el paralítico y causar más lástima. Le dije que la gente al ver tanta desgracia, limosnero y paralítico, no se la cree de tan fregado que uno está. Pienso que la gente de por aquí ha dejado de creer en muchas cosas y luego cree en cada pendejada. Se han de estar volviendo locos.
Más locos están por estas fechas de diciembre. Le ponen tantas ganas en adornar las casas con esos pinches adornos navideños que ni siquiera saben por qué lo hacen o qué es la navidad. Para ellos navidad es comprar y gastar para hartarse, para ponerse bien felices. Hacen todo lo que ven y oyen en los chingados comerciales y anuncios; son un chingo que si fueran comida, no habría gente con hambre, como yo. Las personas nomás ven los anuncios y se los creen.
La otra vez, un cuate que se dedicaba a revender adornos revendidos y pirateados me dijo cuando le pregunté que cómo le hacía pa’ vender tanto y me dijo: “Pos el pedo ´ta así. Con la crisis que dicen que hay, la gente piensa que comprando en lugares que dicen que apoyan a la economía con sus precios bajos, que son caros hasta la madre, van a ahorrarse unos pesos. Y el anuncio ´ta fregón porque la gente se viene sobres como abejas a la miel, como puercos al matadero, como mensos pa´ que se los jodan. No hay crisis porque la gente está compre y compre”.
Además de eso, la gente se preocupa un friego por el pinito que no puede faltar, porque sin él no es navidad. Que bueno que compra un buen de arbolitos, que no sé de dónde sacan tantos: no importa mucho porque de todos modos van a parar al basurero. De ahí los traemos nosotros acá pal callejón. Esos pinitos jalan conmadre como leña. Por estos días hacemos una lumbre al final de este callejón. Nos juntamos tres o cuatro camaradas a calentar el cuerpo. También a echarnos unos tragos de ese tequila de a veinte la botellita.
Ora sí, ya me voy a vagar por las viejas calles de la ciudad. El trabajo no espera, tampoco el hambre y la necesidad. Pero ya pronto llegará ese día especial donde me daré un festín con las sobras de todos y disfrutaré con lo que todos tiren en el basurero.

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2010-03-15 12:41:10
Nombre: Carmen
Comentario: Un relato estremecedor que pinta los desequilibrios de esta sociedad. Tanto para unos, y tan poco para otros. Una denuncia en la que todos deberíamos sentirnos involucrados.