ÔĽŅ La Amistad. Otros cuentos
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La Amistad

Autor: Andrés D. Guinea y Eguiluz

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Cuento publicado el 17 de Enero de 2010


En un camino, cerca de un pueblo, encontr√© a un muchacho al que lo segu√≠a un peque√Īo corderillo, lo estuve observando y despu√©s de un rato, me acerque a √©l y le dije: ¬óV√©ndeme tu corderillo.
¬óNo se√Īor no lo vendo ¬órespondi√≥ de inmediato. ¬óTe doy trescientos pesos¬ó. (Tres veces m√°s de lo que pod√≠a valer)

¬óNo se√Īor ya le dije que no lo vendo. ¬óMe contest√≥ con cierto enfado.
¬ó ¬ŅPor qu√© no me lo quieres vender? ¬ótodav√≠a le Insist√≠.
— ¡Porque él es mi amigo! —Me respondió tajantemente. —Alzó al corderillo lo cargó en sus hombros y se marchó.
Al ver alejarse al muchacho con su corderito, me quedé con recuerdos de hace mucho tiempo, que me hicieron sentir mucha tristeza y melancolía.
Quizás inconscientemente mi deseo de comprarle al muchacho el corderillo fuera porque aun tengo una deuda en mi conciencia; el hecho de que no me lo vendiera, en lugar de contrariarme, la actitud que me mostró me dio gusto, pues comprendí que yo nunca llegaría a ser para el corderillo el sustituto de aquel muchacho.
Ese recuerdo triste que mencion√©, me sucedi√≥ hace mucho tiempo: Empez√≥ con el encuentro de un borreguito, era una peque√Īa borlita de lana de color blanco como las nubes, su madre muri√≥ dos d√≠as despu√©s de que √©l naci√≥.
Sus balidos llamando desesperadamente a su madre para que lo alimentara, eran vanos… Yo lo recogí, lo llevé a mi casa; con una botella y un dedo de guante de hule improvisé una mamila de la que bebió un poco de leche. Después me miro fijamente y cerrando sus ojos, se quedó tranquilamente dormido confiando en mí. Con unos trapos lo arropé y en una caja de cartón pasó su primera noche en mi casa. Al verlo tranquilamente dormido y acurrucado en la caja, sonreí estaba satisfecho y me sentí un hombre bueno.
Pas√≥ el tiempo, su presencia ya era parte del entorno de la casa; √©l me segu√≠a a todos lados sinti√©ndose seguro con mi compa√Ī√≠a; me hacia participar en sus juegos juveniles d√°ndome peque√Īos topes que lejos de lastimarme, me hac√≠an sonre√≠r y con sus balidos √©l me dec√≠a cu√°nto me quer√≠a.
Recuerdo una vez que, estando el tiempo bastante caluroso, lo trasquil√© pues su lana ya la ten√≠a muy larga, cuando termin√©, no me pude aguantar la risa al verlo rapado, y √©l me miraba fingiendo enojo como dici√©ndome, ¬°S√ć, s√≠, r√≠ete, r√≠ete!
Todas las ma√Īanas me acompa√Īaba al campo, estando siempre muy cerca de m√≠; muchas veces cuando regresaba a la casa platicaba con √©l, como si fuera una persona; como si fuera un amigo confidente; muchas veces descargu√© en √©l, mis penas y mis alegr√≠as; √©l me observaba fijamente y muy atento escuchaba mis palabras, estoy completamente seguro que me entend√≠a y me comprend√≠a.
Pasaron muchos meses y me olvidé de los momentos felices que tuve desde su llegada, involuntariamente lo empecé a ignorar y a verlo sin importancia, el tiempo y la buena alimentación lo habían hecho crecer, y un día...olvidando todo el pasado, me dispuse a llevarlo al baratillo del pueblo, (así le llaman al mercado de animales) le puse un lazo en el cuello, aunque no era necesario pues de seguro me seguiría gustoso y sin oponer ninguna resistencia.
En el baratillo muchos ojos vieron a mi borrego con mucho interés, pues su aspecto era muy atractivo para los que hacen negocio con ganado. Rápidamente me empezaron a preguntar cuánto quería por el borrego, entre dos o tres compradores opté por el mejor precio.

Los billetes que me dieron por él, de momento los sentí atractivos y me fui alejando,... todavía a distancia escuché sus balidos que resonaron en mis oídos, más que un BEEE, BEEE, me pareció escuchar un
¬ď¬°POR QUEEE!.... ¬°POR QUEEE!¬Ē
Esto me hizo sentir un estremecimiento por todo el cuerpo, pero sobre todo en mi conciencia de pronto, llegaron a mi mente todos los momentos que vivimos juntos, desde que era un borreguito peque√Īo e indefenso, de c√≥mo fue creciendo, record√© sus juegos y sus balidos juveniles como dici√©ndome... ¬°b√ļscame, b√ļscame, aqu√≠ estoy amigo!
Cuando creci√≥, ten√≠a ya la seriedad de un hombre adulto, √©l me pon√≠a toda su atenci√≥n cuando yo le hablaba y con su mirada fija en m√≠, me escuchaba pacientemente, muchas veces cuando yo le platicaba alguna de mis penas; despu√©s de o√≠rme me daba unos topes muy suaves como para consolarme; como dici√©ndome ¬°ANIMO! ¬°ANIMO! Demostr√°ndome as√≠ de esa forma su comprensi√≥n y todo su cari√Īo.
Estos recuerdos que me llegaron en ese momento, me hicieron sentir ¬°UN HOMBRE MALO! Hab√≠a vendido a mi amigo, ese mudo amigo que no necesitaba hablarme, solo con su presencia aliviaba mi soledad; √©l me acompa√Īaba, me escuchaba sin reprocharme nada; solo me observaba y estaba siempre pendiente de m√≠.
Me di cuenta en ese momento que estaba llorando. Regresé de inmediato al baratillo con el ánimo de deshacer la operación y si fuera necesario, darle al comprador una cantidad mayor que la que me había dado, pero... ya no lo encontré.
El comprador hab√≠a subido a mi borrego a una camioneta y no pude saber hacia d√≥nde hab√≠a partido. Me qued√© con un remordimiento amargo, sinti√©ndome como aquel Judas que por treinta monedas entreg√≥ a su amigo. Regres√© a la casa lleno de tristeza. El silencio era aterrador. Los balidos de mi borrego a√ļn me parecen escucharlos por toda la casa, son recuerdos de los mismos que a√ļn resuenan en mis o√≠dos desde aquel d√≠a en el baratillo y los vuelvo a sentir cada vez que lo recuerdo, son como un reclamo de la amistad que tuvimos.
***
¬ó ¬ŅPOR QUEEE? ¬ŅPOR QUEEE? ¬óBalaba mi borrego en la camioneta que lo alejaba y los lanzaba lleno de tristeza sin comprender el Porqu√© esa separaci√≥n; no encontraba ning√ļn motivo.
¬ó ¬ďPOR QUEEE..... POR QUEEE¬Ē, si desde peque√Īo solo te tuve a ti, (dec√≠a mi borrego con sus balidos) ¬ót√ļ me cuidaste; t√ļ me alimentaste; yo te acompa√Īaba; te escuchaba cuando estabas triste y cuando me contabas tus penas, yo jugaba contigo para darte un poco de alegr√≠a o para consolarte, POR QUEE.... POR QUEE.
Qué tristeza tan grande sentí cuando arrancó la camioneta en la que me llevaban pero… ¡vi que regresabas apresurado!, en ese momento, mi corazón latía muy fuerte de emoción… por un momento pensé en que lograrías encontrarme y que regresaríamos juntos a la casa, como si no hubiera pasado nada; todavía alcance a ver cuando preguntabas por el hombre al que me entregaste, tu no veías el carro donde me llevaban y.... cada vez la distancia nos separaba mas y mas.
¬óLo √ļltimo que alcanc√© a ver ¬ódijo¬ó fue que tu rostro estaba angustiado, desesperado y que asomaba en tus ojos el brillo de unas l√°grimas, que tambi√©n a mi me hicieron llorar.
¬óNo s√© si nos encontraremos otra vez¬Ö pero si no fuera as√≠, tendr√© siempre el recuerdo de tu amistad; el cari√Īo que me diste y que me hiciste sentir desde mis primeros d√≠as de mi vida. ADI√ďS AMIGO.
¬ó ¬ďBEEEEE..........BEEE.........POR QUEE......... POR QUEE¬Ö¬Ö¬Ö.. POR QUEE"

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2010-02-14 20:11:29
Nombre: pilar
Comentario: muy buena tu historia.te doy un diez.


Fecha: 2010-02-14 09:09:48
Nombre: Cipriano Ferret
Comentario: Felicidades, mas que un cuento es una historia realmente verdadera, los que tenemos mascotas y que verdaderamente las cuidamos, sabemos del amor que nos tienen tambien, mas alla de verlos como lo que son, los sentimos parte de nuestra familia.
Es una historia muy conmovedora.


Fecha: 2010-01-31 09:35:43
Nombre: Diana
Comentario: Excelente cuento y de gran valor y ensenaza. Aprender a valorar las cosas.