Una taza de café. Otros cuentos


Una taza de café

Autor: Rosimeire Leal da Motta

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Cuento publicado el 05 de Noviembre de 2007


Texto narrado por mi padre, Pedro Sabino da Mota (1912/-)

Mi padre, Pedro Sabino da Mota, sujetaba una taza de café y con la mirada lejana e hipnotizado por el aroma de la bebida tónica y estimulante y la liviana humareda que lo envolvía me contaba:

Cuando él tenía 10 años (1922), vivía en Sapatuí, Distrito de Conceição do Almeida, ubicado en el Estado de Bahia (Brasil) y estaba bromeando detrás del almacén del mortero (para majar café, arroz, sal, dendê (fruto de la palmera de la que se extrae un aceite muy utilizado en la cocina brasileña)...; cerca de allí había varias árboles, inclusive de naranja, etc. Mi padre escuchaba y acompañaba el ritmo del majador y de súbito se hizo un silencio el cual se prolongaba más allá de lo normal. Le pareció extraño y decidió espiar por las rendijas que había en la pared. Cirilo, un nuevo empleado de la hacienda, después de haber majado el café lo estaba soplando y poniendo dentro del botijo que él traía con agua.


Salió corriendo y fue a denunciarlo a su padre, este no lo creyó y dijo que le azotaría si fuera mentira pero fue al almacén y delante del nervioso Cirilo derramó el botijo. Constatándose el robo mi abuelo llenó el jarrón de barro lleno de hojas, con café, retiró los granos, pesó y multiplicó por los días que Cirilo estaba acumulando el café, teniendo en cuenta que él trabajaba hacia dos semanas y desde entonces traía el botijo por la mañana y por la tarde, y le descontó este valor del sueldo que le iba a pagar y lo despidió.

El proceso de tratamiento del café era muy sencillo: el café era llevado hasta el almacén del mortero para ser amasado con un bastón de madera con el fin de soltar la membrana externa. Los granos eran derramados en una enorme sartén con un pedazo de raspadura, que es azúcar machacado en forma de pequeños daditos duros; revolviendo continuamente hasta tostarse por igual, adquiriendo el café un tono ennegrecido y hasta que los daditos de azúcar se derritiesen. El tiempo del tostado determina la calidad del producto. Retornaba al mortero para ser molido transformándolo en polvo..


Se cambió al municipio de Jiquiriça aún en Bahía. En la propiedad rural de su padre (Hacienda Pindoba), le gustaba pasear en medio de las plantaciones de café cuando ocurría la florada: en los gajos había un botón blanco y pronto las flores se abrirían: prenuncio de que los frutos estaban por nacer. Cuando el café ya estaba maduro (del color de un rojo muy vivo), los trabajadores lo recogían en el cafezal con un "cambuá" (canasto hecho de lianas que era atado a la cintura); acumulaban el contenido de su trabajo en un rincón del terrero y al final del día era medido con un "cajón de gas" (cajón donde cabían dos botellas de gas, cada una con veinte litros), recibiendo el importe en dinero de acuerdo con la cantidad cogida.

A seguir, el café era arreglado con un "panacum" (cesto hondo y ancho de tres lados, trenzado en forma hexagonal con alas) y cargado para el almacén donde había un jirau (tablado), situado en el alto, con aproximadamente tres metros de altura. En la parte superior eran fijadas varias tablas dispuestas en horizontal y vertical y cubiertas con esteras y para llegar allí, había una escalera; el café era esparcido allí. En la parte inferior, en el suelo, se encendía una hoguera para calentar el café y secarlo; permaneciendo en este local por tres días y agitado con un secador varias veces.

El café era trasportado hasta el sector donde estaba el "ruedón" (una grande rueda hecha de madera que por el movimiento constante y fuerza de un caballo aplastaba el café y enseguida sufría la acción del soplador (especie de ventilador) que hacia volar las cáscaras y pajas. Después era pasado por el tamiz para afinar algún granito que haya quedado entero. Finalmente el café era metido en sacos y vendido.

Mi padre levantó la taza de café en mi dirección diciendo:

__ Más un trago envuelto en recuerdos de mis viejos tiempos...

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2008-06-16 20:32:18
Nombre: ines
Comentario: querida rosemeire. coincido totalmente con Sanches, incluso despues de haber leido varios trabajos de tu autoria. a veces pienso que tu intencion es compartir anecdotas y experiencias cotidianas lo que nada tiene que ver con escribir cuentos. si es asi esta bien, pero para lograr que todos estos elementos se transformen en literarura te hace falta utilizar otras herramientas del lenguaje y por suspuesto ordenar tus ideas de forma que en el relato se diferencien las partes del cuento , introduccion, nudo o conflito y conclusion. chau


Fecha: 2008-03-08 21:44:40
Nombre: José Sánchez
Comentario: Por su estructura, el texto no es fácilmente clasificable dentro del subgénero narrativo "Cuento". Más bien, parece tratarse de un texto descriptivo, o hasta de un reporte.
No hay mucha acción en el "relato", las transiciones son bruscas; no hay conflictos; no hay imágenes; las aclaraciones entre paréntesis son didácticas.
Con todo, es probable que la autora quisiera transmitir la anécdota de su padre tan fielmente como éste solía narrársela. ¿O se trata acaso del estilo de la escritora? Afortunádamente tenemos varios textos suyos en este sitio que podrán ayudarnos a determinar si es así.
Saludos a Rosimeire, contadora de anécdotas con sabor a café.


Fecha: 2007-11-16 04:15:33
Nombre: Marina
Comentario: Enhorabuena querida Rü4 por este hermoso cuento sobre el café que tanto nos gusta a todos. Me ha encantado.
Que pases un lindo fin de semana y enhorabuena a este site que tiene muchas cosas preciosas.
Besos.