Sangre fría. Otros cuentos


Sangre fría

Autor: Julio Torres

(0/5)
(0 puntos / 0 votos)


Cuento publicado el 06 de Mayo de 2021


-¡No llores!, estoy bien, -dijo el chico nuevo, después que le "pegué" sin querer con la pelota que le reventó la nariz. Y como era habitual al asustarme recurrí a las lágrimas; papá decía que era llorón.
Sentí como fui inundado por la confianza, me sequé la secreción con mi brazo y le dije -me llamo Rodrigo ¿y tú? -El me contesto con un sobrio -¡Gabriel Martínez! -Era nuevo en la escuela. Él me enseñó a reír en vez de llorar cuando pasaba algo malo, a menudo decía -¿por qué llorar por la experiencia? Deberías estar feliz. -Solo teníamos ocho años.

Día a día me fui aferrando a mi buen compañero, le retribuía las colaciones que me traía ayudándolo a estudiar y haciéndole las tareas. Creo que le costaba un poco aprender y concentrarse. Jugábamos todas las tardes después del colegio. -¡Nunca conoceré a alguien tan “pegote”! -le decía, él me respondía lo mismo.
De la laguna de mis recuerdos rescato aquél domingo en la mañana, cuando mi amigo de pecas rebeldes me dijo esa frase que hasta el día de hoy no he podido olvidar. -“Me gustaría tocar las estrellas, me gustaría tocar el cielo, si algún día lo logro creo que seré feliz por siempre” -estábamos en una pampa, cerca de mi casa, era un paraíso verde, lleno de mariposas exiliadas por nuestra voluntad… nuestra voluntad de jugar.
Ese fue nuestro lugar de recreación por mucho tiempo, con gotas de cielo e infierno de luces; jugábamos siempre ahí, hasta ese jueves que lo vi calvo, mi reacción fue una risotada monumental que él contestó con una carcajada tímida. Luego me dijo -“Quería vivir la experiencia de no tener pelo”. -Le encontré toda la razón, quise pelarme pero mamá no me dejó. Solo tenía nueve años.
No pudimos volver a ese lugar porque su “mami” decía que no podía salir por el frío, a veces porque estaba cansado, o simplemente durmiendo. Empezó a faltar a clases. Lo iba a visitar cuando me dejaban. A veces no estaba, lo esperaba pero llegaba durmiendo en los brazos de su padre, así que prefería irme y no molestarlo. Dentro de mí sentía envidia, porque cuando jugaba conmigo nunca entregó el cien por ciento de su energía. Pensaba que tenía un nuevo amigo…

Pasó el tiempo y la distancia fue el muro irrisorio que distanció nuestra amistad. Tuvo que viajar a Santiago y fue entonces cuando supe que estaba delicado de salud, la profesora dijo que estaba mal y yo no sabía nada, ¡es más! Me aferraba al hecho de que era una mentira, pero ¿qué iba a saber yo? Solo tenía diez años.
Tuve la mala suerte de enfermarme, estuve dos semanas en cama, conviviendo amargamente con "mocos", "pollos" y "faldas". Cuando volví a clases un lunes, la profesora nos llevó a ver a Gabriel, él estaba durmiendo y no quise verlo ni estar cerca de él, como lo hacían todos mis compañeros. Su madre solo dijo que “Gabi” se iba de viaje a un lugar mejor. Él se olvidó de mí.
Mis primeras palabrotas -¡Dios maricón!, -pues mamá dijo que era la voluntad de Dios, -¡maldito, puto Dios!
Dejé mi infancia guardada en la caja negra desde que él me privó de risas. Dejé mi amistad en un vaso de agua, nunca volví a tener un “yunta” igual, lo busqué sin éxito por un tiempo, pero nada. Lloré por su ida.
Aquel lugar de verde pradera ahora solo muestra carreteras. Mariposas exiliadas por centenares de máquinas y toneladas de asfalto. Olvidé por completo lo maravilloso que era, cambió, nunca más volvió, se fue junto con Gabriel.
Nunca más lo volví a ver. ¡Lloré setenta y siete veces por mi mejor amigo!
Hasta ese viernes trece, tarde de invierno, empapado con ese frío que quema el alma; yo estaba boca abajo tirado en mi cama ahogado en lágrimas, cuando de golpe y de forma intrascendente elevo la mirada ¡allí estaba Gabriel! me miró y dijo:
-¡No llores!, estoy bien.
La felicidad desbordó por mi vida desde aquél día. Sin flores, sin lamentos, solo con una amistad de por vida. Nunca más lo volví a ver.



*Dedicado a mí gran amigo Camilo, el ángel Gabriel. Ya vives en muchas memorias, ahora también lo haces en nuestro cuento. Y vivirás en cada persona que lo lea.

//alex


¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario más abajo
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado.Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)

 

Nombre:

email:

Contraseña de usuario:

Comentario:

 

Últimos comentarios sobre este cuento