Vendedora de sonrisas. Otros cuentos


Vendedora de sonrisas

Autor: David Ayala Millan

(1/5)
(1 puntos / 1 votos)


Cuento publicado el 20 de Agosto de 2019


Soy vendedora de sonrisas. Sonreír ha sido mi profesión, y quizá porque lo hago con mucha seriedad y de buen gusto, el trabajo nunca lo he sentido como una carga pesada, y es por eso que tengo muy buenos clientes. Se destacan las recepcionistas, a quienes les vendo las mejores sonrisa: prolongadas, entrecortadas, discretas y acomedidas. Depende del cliente y de la circunstancia. Los resultados han sido tan positivos que nadie regatea los precios, y me encargan sonrisas, a veces para un año y en otras para toda la vida. No me puedo quejar y el auge del trabajo me ha permitido hacer promociones entre los deprimidos y los desesperanzados y entre quienes perdieron la memoria de la sonrisa y sin saber cómo aprendieron el gesto del mal humor y de la actitud odiosa. Entre mis clientes también están los payasos, a quienes el espectáculo circense de estar haciendo reír a los demás los fue despojando de su auténtica sonrisa, hasta que perdieron la memoria de reír. Gracias a mis métodos milagrosos, los payasos han conseguido nuevas de reír, que incluso aquellos enfermos de hipocondría, han encontrado la cura segura, sin haber tenido que recurrir a terapias costosas y prolongadas.
Soy vendedora de sonrisas. Sonreír ha sido mi profesión, y quizá porque lo hago con mucha seriedad y de buen gusto, el trabajo nunca lo he sentido como una carga pesada, y es por eso que tengo muy buenos clientes. Se destacan las recepcionistas, a quienes les vendo las mejores sonrisa: prolongadas, entrecortadas, discretas y acomedidas. Depende del cliente y de la circunstancia. Los resultados han sido tan positivos que nadie regatea los precios, y me encargan sonrisas, a veces para un año y en otras para toda la vida. No me puedo quejar y el auge del trabajo me ha permitido hacer promociones entre los deprimidos y los desesperanzados y entre quienes perdieron la memoria de la sonrisa y sin saber cómo aprendieron el gesto del mal humor y de la actitud odiosa. Entre mis clientes también están los payasos, a quienes el espectáculo circense de estar haciendo reír a los demás los fue despojando de su auténtica sonrisa, hasta que perdieron la memoria de reír. Gracias a mis métodos milagrosos, los payasos han conseguido nuevas de reír, que incluso aquellos enfermos de hipocondría, han encontrado la cura segura, sin haber tenido que recurrir a terapias costosas y prolongadas.
En las cárceles tuve el coraje para montar talleres a bajos precios y desde entonces los presos purgan las condenas y salen del penal totalmente regenerados. Hace poco monté un taller de sonrisas para conductores de taxi, secretarias y esposas abandonadas. Los resultados han sido sencillamente prodigiosos.Así los taxistas se han vuelto conductores ejemplares y ahora usan un lenguaje rico y los problemas los solucionan con arte y donaire. Las secretarias no se quedan atrás, para quienes la paciencia y la alegría son su mejor presentación. Ni qué decir de las esposas abandonadas, que ahora no andan quejándose por la soledad en que viven, sino que ahora cantan canciones alegres y festivas todo el tiempo, como si estuvieran disfrutando de la mejor compañía. Y es que todo el mundo ha vuelto a sonreír y el ambiente pesado de la ciudad, ha cambiado por el de una ciudad amable y armoniosa. La fama ha corrido allende de las fronteras patrias y del continente. De la vieja Europa, donde sus habitantes parecen momias de piedra, han venido a contratarme para que les dicte muchos talleres de sonrisas. El mismo presidente de la república de Colombia, me ha encargado sonrisas para los cuatro años que dura el mandato, pues considera que su antecesor fracasó estruendosamente por haber mostrado siempre una sonrisa pacata y sin futuro, hecho al que los analistas responsabilizan sin ninguna duda.
Mis sonrisas no solo me han dado fama y dinero, sino que también me pusieron a salvo. Los ladrones, que nunca han de faltar, quisieron apoderarse de mi poder mágico, mediante amenazas y cuchillos, pero cuando yo les enseñé mis métodos milagrosos, ellos se fueron muy agradecidos y se convirtieron en vendedores de sonrisas. Ahora la tierra se alimenta de sonrisas, la lluvia es una sonrisa y todo el mundo exhibe su mejor sonrisa. Y Dios,en su infinita presencia invisible, sonríe y sonríe, como el mejor maestro de la sonrisa infinita.




¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario más abajo
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado.Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)

 

Nombre:

email:

Contraseña de usuario:

Comentario:

 

Últimos comentarios sobre este cuento