Una dura caída. Otros cuentos


Una dura caída

Autor: Jeremías Villalba

(3/5)
(6 puntos / 2 votos)


Cuento publicado el 07 de Agosto de 2019


En cuanto se dio la orden, comenzamos a esparcirnos rápidamente por el frente de combate. En esos momentos, no lograba hilvanar muchas ideas, simplemente me preocuparía por mi supervivencia. Procuré en todo momento esconderme detrás de alguno de los autos abandonados o dentro de alguno de los pozos que se podían encontrar. Miré soezmente a mí alrededor e intenté concentrarme.

— ¡Vamos, como dijimos, a cuidar el flanco izquierdo! —gritó enérgicamente el capitán del equipo, Fedor— enemigo a las 9!
Reaccioné repentinamente al darme cuenta de que el anuncio se dirigía a mí, y me puse en acción. Agaché mi cuerpo y comencé a correr hacia un conjunto de escombros que había unos 15 metros a mi izquierda. Mientras corría escuché los primeros disparos que llegaban, entretanto mi corazón comenzó a palpitar estrepitosamente de tal modo que podía sentirlo si me ponía la mano en el pecho. Por primera vez en mi vida estaba percibiendo lo que un soldado siente en la guerra, algo por lo cual siempre había tenido cierta curiosidad. En general, esa peculiar curiosidad siempre la hallaba durante el festejo de año nuevo, cuando los fuegos artificiales y las explosiones se expresaban en su máximo sentido. “¿Qué se sentirá estar en medio de un combate rodeado de todos estos ruidos?” pensaba cada vez que oía un estruendo rodeado de mi familia. Acá no había estruendos, pero la adrenalina que comenzaba a sentir ya era considerable.
No tenía miedo, lo único que me preocupaba en esos momentos era hacer bien mi trabajo y disfrutar del juego, porque para mí, no era más que eso, un juego en donde uno no tiene la opción de pensar, sino solo de actuar. Apoyé una rodilla en el piso y corroboré mirando al costado que mis compañeros de escuadrón estuvieran bien. Todos lo estaban, y guarnecidos detrás de algo, John, Rudolf, Xavi y el capitán Fedor.
Cada vez comenzaba a sentir más disparos, algunos se impactaban contra los escombros en donde nos cubríamos. Se escuchó el ruido de un helicóptero, iba a muy poca altura y bastante rápido, pero procuré no prestarle atención y dedicarme a lo mío. Revisé mi cargador, tenía la manía de hacer eso, y me lancé como estaba planeado. Comencé a correr hacia adelante, intentando aprovechar todo tipo de obstáculos que encontraba para cubrirme. De repente veo una máscara que se asoma por la izquierda, automáticamente y sin pensar, como si fuera un simple entrenamiento, levanté, apunté, y eliminé al partidario enemigo. Continué hasta el punto siguiente, y luego esperé al resto del equipo.
—Estamos bien, quedan menos, pero deberíamos ubicarnos mejor dentro del campo —comentó Fedor mientras llegaba por mi espalda—. Retomemos el flanco opuesto, ¡por allá acaba de caer Xavi!

Luego de 5 minutos conteniendo el ataque enemigo, comenzaban las bajas en nuestro equipo, Xavi fue el primero, seguido de Rudolf y más tarde John. Yo no lo podía entender, realmente no entraba en mi cabeza lo que estaba sucediendo, no me creía capaz de estar pasando por una situación como esta. Habíamos estado mucho y largo tiempo proyectando esto, y sin embargo, todo ocurría muy rápido.
Me armé de valor, me ajusté bien mi máscara y traté de pensar un poco, aunque no pude. Solamente quedábamos dos personas, rodeados de casi todo el escuadrón enemigo, y a menos de 50 metros de distancia. No sabía qué hacer, simplemente estaba intentando divisar a algún enemigo para descontar, pero era en vano. Nos habían tendido una trampa y lo habían hecho muy bien, ahora solo quedaba…un contrarreloj y yo. Mi cabeza daba vueltas a mil revoluciones por minuto, no la podía controlar de ninguna manera.
—Bueno, el final ya está cerca, ¿algo que decir? —me dijo Fedor esbozando una leve sonrisa—. Ni se te ocurra caer.
Acá me encontraba, yo sabía bien que en este tipo de encuentros cuando la desventaja numérica era muy grande generalmente no existía chance alguna de sobrevivir ,pero a pesar de todo yo sabía que Fedor nunca perdía las esperanzas. Tratè de generar el mismo sentimiento dentro de mí, y nuevamente me lancé. Me agaché, prepare mi arma y avancé cuidadosamente por la izquierda, eliminé a un enemigo, y vi que también lo propio estaba haciendo Fedor. Me animé un poco más. Ahora sí, ya todo se me había ido, los miedos que nunca sentí, los nervios que sí sentí, ya todo estaba suelto como cuando el agua rebalsa de un vaso.
Los veinticinco pasos siguientes fueron a pura adrenalina, intentando sortear los disparos enemigos encubriendome en los bloques de escombros y pozos, hasta que en un momento sentí un impacto bastante fuerte en mi pecho, y por la velocidad a la que venía, produjo mi caìda. Y todo se acabó.
Pasaron cinco segundos, diez segundos, quince segundos… y poco a poco fueron apareciendo todos los integrantes del equipo. No había enojos, simplemente un poco de decepción por el resultado de la contienda. Sin embargo, por ser la primera vez estuvo bastante bien, más allá de mis exageraciones dentro del combate.
Después de todo, no habia sido más que un juego, una simple ronda de paintball.




¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario más abajo
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado.Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)

 

Nombre:

email:

Contraseña de usuario:

Comentario:

 

Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2019-08-07 09:21:29
Nombre: Mario
Comentario: Muy buen cuento!