ÔĽŅ Los perros y teodoro. Otros cuentos
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Los perros y teodoro

Autor: Nicol√°s Aguerre

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Cuento publicado el 20 de Mayo de 2019


Viernes desolado en el Congreso de la Nación. Teodoro García ?hojeaba? los principales portales de noticias en su computadora cuadrada y lenta de su cubículo impersonal: Único hombre en el Despacho.
Sonriendo para si le√≠a: ?Se aprob√≥ la ley que proh√≠be la carrera de galgos. Con 132 votos positivos, 17 negativos y 32 abstenciones, result√≥ un hecho la prohibici√≥n de carrera de perros de cualquier raza en el territorio de la Rep√ļblica Argentina?.


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Un mes atrás, cansado del ruido de la ciudad Teodoro había decidido marchar a sus pagos bajo excusa de trabajo, aunque en realidad era para cambiar o tomar un poco de aire, no sabía bien como definirlo. Se lo comunicó a su novia Agustina y lo entendió sin reclamos ni molestias; le parecía le vendría perfecto.
Aquel viernes, también desierto en la Honorable Cámara, dejó su auto en el estacionamiento subterráneo de Hipólito Yrigoyen y Solís. Comería un tostado con un café con leche tardío en el Victoria, a eso de las 20 hs. a modo de cena. Su intención era demorar la salida de Buenos Aires para no lidiar con retrasos y angustias temporarias debido al tráfico.
Viajo sin compa√Ī√≠as. Quer√≠a ir solo. Al principio en silencio, luego puso un pendrive con m√ļsica bajada por Agustina. Manej√≥ por su familiar y conocida ruta 5. Lleg√≥ con lo justo de nafta a Trenque Lauquen, baj√≥ en la YPF anterior a la rotonda principal y llen√≥ el tanque. No hab√≠a polic√≠as de control al igual que tampoco habr√≠a en Pellegrini, aunque si lo detuvieron en la Caminera de Catril√≥. Papeles en orden, polic√≠a cordial y sigui√≥ su camino. Pis√≥ Santa Rosa antes de que saliese el sol, como si hubiese sido una noche de boliches y alcohol, por m√°s que hac√≠a rato se hab√≠a olvidado de aquellos menesteres. Ya no era ning√ļn pibe.
Durmi√≥ lo que quedaba de noche en la entrada, en el hospedaje del ACA en frente al Casino Club. Hab√≠a acordado con V√≠ctor, Abogado amigo desde otros tiempos, en que lo visitar√≠a a su Estudio a media ma√Īana para tomar unos mates.
Se levantó, ayudado por la alarma puesta en su celular antes de acostarse, ducha y café con par de medialunas en el salón comedor y fue a lo de Víctor.
Toco el portero, -Si, quién es? -del otro lado-. -Teo -contestó amablemente pero a secas. -Teooo!! -riing y empujó la puerta-. Lo atendió Maribel, una de las Secretarias. Saludos afectuosos y subió la escalera enérgico. Arriba lo esperaba Víctor con mate generoso y amplio de boca, como para que no se lavase por un buen rato.

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Abrazo de oso sentido y un expresivo ?Teodorito querido que bueno verte otra vez?, fue como empezó. Hacía tiempo no se veían.
Luego de conversar un poco de todo, incluyendo familia y novedades locales, Teodoro quiso saber su opinión, aunque la intuía:
?¬ŅViste lo que sali√≥ el viernes pasado del Senado?
?No ?respondió al instante. Siempre despierto y rápido de reflejos.
?La prohibición de carreras de perros. Ahora pasa a que la tratemos nosotros en Diputados.
?Ah sí, era de preverse.
?¬ŅY qu√© dec√≠s?
?Digo que el mundo está así.
?¬ŅAs√≠ c√≥mo? ?pregunt√≥ mec√°nicamente.
?Así, Teodoro. Superficial, simple. Rápido y sin análisis.
?Pienso lo mismo. ¬ŅSer√° que me estoy haciendo viejo?
?¬ŅSer√° que yo soy un anciano, entonces? ?repuso V√≠ctor con iron√≠a, pero sigui√≥?. Mira Teodoro, antes de hablar de los galgos, creo es preciso ahondar en que ya en el 1870 hubo una sentencia; un Fallo de la Corte Suprema de Justicia Argentina llamado ?Empresa Plaza de toros contra Provincia de Buenos Aires?, en el que se ratific√≥ en aquel entonces la prohibici√≥n de las corridas de toros por razones de seguridad y salubridad.
?Claro, V√≠ctor. Le√≠ jurisprudencia... ?repuso algo molesto Teodoro?. Pero el punto es que se prohibi√≥ la construcci√≥n de esa plaza para dar al pueblo ese espect√°culo, aun cuando se pudiese haber calificado de establecimiento industrial como pretend√≠a la Empresa y el ejercicio de esa ?industria? no ofendiera el decoro, la cultura y la ?moralidad de las costumbres p√ļblicas? ?cerr√≥ con estas √ļltimas palabras haciendo m√≠micas actorales, s√≠mil recitado de memoria.
?En fin, se prohibieron las corridas en estas tierras por ser contrarias a la seguridad y salubridad, como te dije ?pretendía sentenciar el letrado.
?Jee?, zafaron de meterse de lleno con esto de la moral y buenas costumbres. Muy atinado: concepto harto cambiante que depende del tiempo y lugar. F√≠jate que en Espa√Īa sigue habiendo corridas de toros. Bien de origen romano: Sangre y sufrimiento como entretenimiento ?y agrego con cierta jactancia?. Tambi√©n son legales en Francia, Portugal y de Latinoam√©rica en M√©xico, Colombia, Venezuela, Per√ļ y Ecuador.
?Veo que has estudiado, Teo... ?repuso ahora con algo de sorna Víctor.
Sin hacer acuse de recibo Teodoro redondeaba su idea; lo que no perdonaba:
?Me iba de tema...la cuestión es que en esta prohibición de carrera de galgos no sólo no se habla de moral y buenas costumbres, sino que tampoco se hace referencia a la seguridad y salubridad.
?Entiendo a dónde vas ?sintetizó el Abogado?. Te molesta la falta de fundamentos...argumentos. Tenés muy inculcado el ?Por Qué? tan propio de los filósofos.
?No lo puedo evitar; y eso que soy politólogo...

Teodoro había hecho su educación hasta el nivel secundario en su pueblo del Norte de la Provincia de La Pampa. Buenas notas. Chico aplicado e interesado. Amante de la escuela y del recreo; de la biblioteca y de la calle.
Luego había estudiado Ciencias Políticas en Buenos Aires, en la UCA. De los mejores alumnos en los asuntos que le entretenían. Estudiaba para conocer, saber y entender olvidando medallas de oro y cuadros de honor.
En la extensa Campa√Īa Electoral del 2015 se hab√≠a presentado apretado de tiempo, dinero y gente que lo ayude, para Intendente de su localidad. No gan√≥, aunque ser√≠a despiadado vociferar que perdi√≥. Luego le ofrecieron un cargo en el Ministerio de Desarrollo Social: Lo agarr√≥ y al poco tiempo lo dej√≥. Seg√ļn su √≥ptica no ten√≠a influencia sobre ciertos hechos sociales esenciales a ser cambiados. Ahora, hab√≠a recalado en el Despacho de un Diputado de La Pampa que lo valoraba y estimaba.

Víctor, por su parte, abogado de padre y abuelo abogado. Racional y justo (aunque más racional que justo). Escéptico de la política aunque conocedor de su relevancia.

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Permanecieron hasta el mediod√≠a ya no hablando de tauromaquia sino de carreras de galgos. Analizaron el art√≠culo 2 de lo que ser√≠a la Ley 27.330 en cuanto ?...el que por cualquier t√≠tulo organizare, promoviere, facilitare o realizare una carrera de perros, cualquiera sea su raza, ser√° reprimido con presi√≥n de tres a cuatro a√Īos y multa de $ 4.000 a $ 80.000? y estuvieron de acuerdo en que cuando no se sabe bien como manejar una cuesti√≥n o fen√≥meno social -por lo general debido a su complejidad y/o variantes- muchas veces se recurre lisa y llanamente a su prohibici√≥n. Alegaron tambi√©n que lo que se tendr√≠a que sancionar es cuando se configura el mal trato animal en esta actividad como en otras; y en que se ha de poner el foco en el sufrimiento, estr√©s o acciones que pudiese llevar a la muerte de los animales.
Se despidieron, hasta la próxima. Víctor seguiría con sus papeles y cuestiones; Teodoro, con los perros.
Caminó hasta Mostaza y comió rápido una rápida hamburguesa. Luego llamadas de celular retrasadas y whatsapp; siesta corta y; otra vez: sus manos al teléfono.
A la tardecita pas√≥ a ver a un amigo, Antonio. √Čl estaba encargado del negocio familiar: Una confiter√≠a-restaurant. Cenaron juntos. Surgi√≥ el tema de los galgos y galgueros. Su amigo de la infancia notaba mucha diferencia en c√≥mo se ve√≠a el asunto en Buenos Aires respecto al interior; por ser distintas idiosincrasias, porque el trato a los animales es distinto, porque las personas viven distinto, piensan de otra manera y, a decir verdad, ?porque son distintas?, dir√≠a literalmente su amigo.
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Se despertó temprano. Primero iría a General Pico a verse con muchachos de la política. Después, continuaría a su pueblo -había prometido llegaría a almorzar y por ello su familia le había asegurado ?asado en su honor?-.
Pago la estadía de dos noches, volvió a cargar nafta y al despuntar el alba ponía quinta en la ruta. Tomó la 35 doblando luego en una provincial, la 4. De Trenel -en verdad, de la rotonda esa que se dice es de Trenel- a General Pico disfrutó contemplando aquel horizonte chato y lejano de caldenes ancestrales. Topografía típicamente pampeana; Extensa, adorable y hasta, inclusive, enigmática.
Al llegar fue a la casa de Javier, un Diputado Nacional:
?Hola Javier ?arrancó Teodoro.
?¬ŅQu√© tal, Teo?
?Bien, todo bien.
?¬ŅCansado? ?le pregunto
?No.
Se miraron fijamente y fueron al grano:
?¬ŅQu√© va a pasar?
?Se van a prohibir.
?¬ŅAs√≠ como as√≠? Sin siquiera hacer referencia a razones de moral y buenas costumbres, o salubridad o seguridad, no s√©...
?Sí.
?¬ŅMal trato animal?
?Tampoco.
?Por qué?
?Porque no hace falta.
Ante el silencio expectante de Teodoro, Javier prosiguió:
?En esta actividad suele haber malos tratos y la gente está de acuerdo con que se prohíban. Además hay formadores de opinión, ya sabes, conductores de TV, actrices y demás que apoyan esta causa y cuentan con millones de seguidores en sus Twitter, Instagram, Facebook. Vino mucho de ahí la movida, de las redes sociales.
?Ok, Javier. Pero lo que no podemos tolerar y por eso en todo caso sancionar, ¬ŅNo ser√≠a el mal trato animal? ¬ŅQu√© pasa si hay carreras civilizadas en las que se trata con cuidado a los perros y...
?Se sabe que los pichicatean para que rindan ?lo interrumpió Javier?. Luego, si no lo hacen, los bancan un par de meses y plamm...descarte; los tiran por ahí o los sacrifican.
?¬ŅY si no se diese esa situaci√≥n?
?La pol√≠tica es as√≠ Teodoro, ya sabes. M√°s all√° que desde el partido no nos definieron una l√≠nea tan marcada en este caso, la opini√≥n p√ļblica pesa?y mucho. No lo digo tanto por m√≠, pero te aseguro que va a haber Diputados, m√°s que nada los de Capital re presionados por la gente ?y como queriendo gan√°rselo a √©l tambi√©n remat√≥ con ret√≥rica incluida?: ¬ŅY entonces?C√≥mo hac√©s para decir algo que no guste y pretender seguir siendo votado?
?¬ŅDemagogia? Est√° todo bien. ¬ŅRecordas a un tal Max Weber?...√Čl dec√≠a que el pol√≠tico debe liderar. Debe dar sus razones ayudando a la ciudadan√≠a a que se incline por lo bueno y lo justo?
?Eso da para clases universitarias, en la praxis es diferente.
?Sí, que lástima, pero cuanto se nota... ?cerraba la conversación Teodoro.

Ahora, mientras iba a su pueblo pensaba en todo esto desilusionado, desencantado y lo que es peor: ya algo acostumbrado. Entendía, pero pretendía, quería; necesitaba más. No podía conformarse con esta triste realidad resistiéndose a vivir en una sociedad tan banal, repleta de dobles discursos e hipocresía.

Lo que vino después fue familia. Charlas amenas, una vuelta por el campo. Cuando quiso acordar estaba de vuelta en Buenos Aires.


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(Segunda parte)

Paso una monótona semana, la cual incluyó ir a nadar al Club Banco Provincia, en Vicente López y no mucho más.
Llegado el domingo, fue a La Viruta a bailar tango junto a su novia Agustina.

Agustina era Nutricionista. Nacida y criada en Santa Rosa, La Pampa. De Colegio privado aunque luego estudiante de la UBA. Estaba por llegar al tercer cambio de d√©cada sin que le importase mucho aquello de aun no haber formado una familia. Sol√≠a decir que no era prioritario. Se centraba en su profesi√≥n, pensaba en viajes y experiencias; ropas lindas, salidas a bares. Todo lo cual indicar√≠a superficialidad, pero he aqu√≠ que no era as√≠. Era otra forma de ver las cosas, sosten√≠a Agustina. Comida sana y variada, actividad f√≠sica y descanso con sus 8 horas ininterrumpidas de sue√Īo. Esos tres pilares eran un mantra para ella. Se tomaba muy en serio su carrera y trabajo. Constantemente asist√≠a a Jornadas de Especializaciones Profesionales.
También se hacía de tiempo para leer, practicar yoga y asistir a sus clases semanales de violín -actividad que la apasionaba, la sacaba de su eje, de su ?tiempo y espacio?, en sus propias palabras y que resistió con esfuerzo de abandonarlas cuando en sus primeras lecciones la profesora le informo que las cuerdas de estos instrumentos solían ser de tripas de animales (específicamente, de gato u oveja) y que en la actualidad los ?pelitos? del arco se denominan ?cerdas de crin? por ser extraídas justamente de crines de cola de caballo-.
Eso sí, aunque proveniente de familia católica no era asidua a Conventos e Iglesias. Tampoco, por el momento, le interesaba casarse, además, primero habría que probar con la convivencia, repetía.
Cuando iba de visita (o paseo) a su ciudad, sus coterr√°neos pampeanos sol√≠an cargarla con que se hab√≠a aporte√Īado.

En fin, llegaron a La Viruta, bajaron al subsuelo de este Club Armenio donde se encuentra el salón de baile y Teodoro pago los $ 400 de la entrada con actitud varonil clásica. En ese momento, Agustina si fue parte de la vieja escuela aceptando ese gesto, que más que gesto fue acción y hecho concreto.
En el Sal√≥n de baile, la sociedad toda. Cada uno en la suya, con un patr√≥n denominador com√ļn: la autenticidad y felicidad de mostrarse sin tapujos. Rostros sonrientes aprovechando aquel presente id√≠lico de m√ļsica y baile. Preocupaciones depositadas alegremente fuera y camarader√≠a que llegaba a ser sumamente c√°lida. Era el carpe diem.
Mesa para dos, vino Alma Mora y cuatro empanadas de carne que terminaron siendo empanadotas cuando se las presentó el mozo. Llegaron temprano para tomar la primer clase de tango con poca gente. Luego improvisarían rock and roll.
Pero antes de ello, Agustina ansiaba saber:
?Contame como te fue en la gira por La Pampa...
?Bien, de todo un poco.
?Seguro que estuviste hablando por el asunto de las carreras de perros ?tanteó.
?Hablé con Víctor y un par de amigos más sobre eso. Pero?digamos, fueron encuentros extra laborales.
?Mmm?pon√©le ?exclam√≥ revoloteando los ojos?; pero, ¬ŅQu√© va a pasar? ?ahora repentinamente lo indagaba con su mirada.
Agustina adoraba a los animales, en especial, a los perros. Los trataba a la par de los seres humanos aduciendo, inclusive, que se los debía tratar con mayor respeto y amor debido a que son seres indefensos y están a merced del hombre. Por supuesto, le parecían una aberración las carreras y todo lo que ocurría antes y después de las mismas.
?Se van a prohibir ?contestó, seco.
?-¬ŅY por qu√© esa cara? ¬ŅO acaso estas a favor?
?Estoy a favor de la racionalidad, Agus ?replicó?. Estoy a favor del no al mal trato animal en todas sus formas. Pero prohibir por prohibir: NO -dijo de manera tajante.
?Me has dicho eso?
?Veo que hay cosas que se van de mambo. Que nadie explica y entonces todo pasa a ser un Boca-River. O estas a favor o en contra. Todo es defender posiciones y eso conspira sobre la generación de debates constructivos.

En ese momento uno de los Profes indicaba que los principiantes debían ir contra la barra, los intermedios al centro del salón y los avanzados contra el escenario. Hasta aquí fueron ellos.
Indicaciones precisas amistosas. Teodoro -algo desconcentrado- erró pasos, pero Agustina con su prestancia al baile hizo que se disimulasen.

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Novedades de esta nueva semana: hab√≠a irrumpido una ?chica nueva? en el Despacho. Se llamaba Roci√≥, viv√≠a en Canning (barrio privado cercano a Ezeiza) pero desde hac√≠a dos a√Īos estaba en un internado en Suiza terminando sus estudios secundarios. Estaba all√≠ con cara de feliz cumplea√Īos dispuesta a cumplir el mes de pasant√≠a que necesitaba para darle mayor fuerza e √≠mpetu a su aplicaci√≥n a Cambridge y lograr ser parte del selecto grupo de alumnos globales de los claustros del Churchill College de ?Historia, Pol√≠tica y Relaciones Internacionales?.
Teodoro le asignó como primer tarea que prepare un bibliorato, en síntesis, qué googlee y archive noticias sobre dos tópicos: 1. Carrera de perros en Argentina y el mundo; 2. Mal trato animal en Argentina y el mundo, con fecha límite al miércoles al mediodía.
Antes de lo pautado le envío esa información por e-mail. Junto con ello, Teodoro imprimió los artículos periodísticos que le aportarían mayores insumos y llevó además su tablet a la Biblioteca del Congreso para poder leer todo ese material tranquilo.
A los 15 minutos de haber comenzado con su lectura ingreso en la sala un contingente de alumnos en una visita guiada. No pudo dejar de escuchar otra vez que la Biblioteca hab√≠a sido creada en 1859 y que por la Ley de Propiedad Intelectual (Ley 11.723) una copia de todo libro que se imprima en Argentina debe ser remitida a la Biblioteca P√ļblica Nacional, al Archivo General de la Naci√≥n y a la Biblioteca del Congreso de la Naci√≥n; luego aseguraba la Gu√≠a que ??este sublime sal√≥n de lectura fue concebido y revestido con el m√°s noble nogal italiano trabajado por ebanistas florentinos y que si bien el techo parece ser de madera en realidad es una imitaci√≥n, una simulaci√≥n a trav√©s de una t√©cnica consistente en mezclar yeso, aserrines y pintura...asimismo, sus bellos cuadrantes y flores son pintados?.
Teodoro refunfu√Īaba el intentar focalizarse en la lectura sin √©xito, pero al escuchar que el reloj del fondo era una r√©plica del que est√° en el Museo de Louvre, de Par√≠s, obsequio de la Infanta Isabel de Borb√≥n durante los festejos del Centenario de la Revoluci√≥n de Mayo, en 1910, par√≥ la oreja para o√≠r la an√©cdota que invariablemente trajo a colaci√≥n:
?...Luis XIV, el Rey Sol, hab√≠a mandado a construir 100 relojes solicitando un detalle peculiar, algo por descubrir en ellos y el relojero a modo de broma all√≠ donde va el 4 puso en n√ļmeros romanos IIII en lugar de IV, como correspond√≠a. Cuentan que al Rey no le cay√≥ nada bien el chiste y que mando a decapitar al relojero y que a partir de ah√≠ dictamin√≥ que todos los relojes se har√≠an con ese IIII tan particular -quiz√°s para evitar el rid√≠culo-?, y que habr√° quienes consideren esto como un mito, lo cierto es que hoy en d√≠a podr√°n apreciar cantidades de relojes con este ?detalle? por todos los rincones del mundo?.
Al re-escuchar esto a Teodoro se le vino a la mente lo que acababa de leer de la Greyhounds Australasia en cuanto a que es una organizaci√≥n gubernamental de Australia y Nueva Zelanda que desarrolla e implementa una serie de medidas para asegurarse del bienestar de los galgos que corren, como la introducci√≥n de un micro chip que facilita un seguimiento m√°s preciso de cada perro durante sus vidas o la implementaci√≥n de un reglamento que obliga a los due√Īos a notificar cuando el galgo se retira. Quiz√°s fuera por cierta asociaci√≥n inconsciente entre aquel acto de discrecionalidad absoluta y atroz de Luis XIV y la prohibici√≥n directa, sin fundamentos ni b√ļsquedas de alternativas superadoras de las carreras de perros.
Acto seguido, la Gu√≠a hizo referencias a las coquetas y tradicionales l√°mparas de bronce y que la sala consta -como se pod√≠a valorar- de un total de 24 mullidos sillones exclusivos para Diputados y/o Senadores (Teodoro era la excepci√≥n a esa regla) alrededor de cuatro grandes escritorios a 35¬į, porque antes la iluminaci√≥n era a vela y serv√≠an para no proyectar sombra sobre lo que se le√≠a. Al escuchar esto, Teodoro se lament√≥ la √©poca en la que le tocaba vivir: ¬ęAntes se respetaba a quien trabajaba y hasta se cuidaban esos pormenores. Ahora este lugar pas√≥ de ser sala de estudio y reflexi√≥n a paseo tur√≠stico...¬Ľ.

Así transcurría la semana cuando de repente le entró a Teodoro un mensaje de texto -de los convencionales- que decía literalmente así: TEODORO. NECESITAMOS HABLAR CON ALGUIEN. VOS TENES LLEGADA ARRIBA. QUEREMOS QUE VEAS UNA DE NUESTRAS CARRERAS.

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Ese mismo viernes se subió al General Alverino destino a Santa Rosa, pagando su pasaje con su dinero. Pudiese haber solicitado tramo aéreo, pero no lo considero necesario.
Lo fueron a buscar directamente a la Terminal de √ďmnibus, en una chata ni muy destartalada ni tampoco portadora de ese olor tan agradable a camioneta nueva, dos hombres mayores.
Sin excesos de palabras ni emociones, más bien midiéndolas, tomaron la Ruta 35. Ahora se dirigían al sur, como yendo a Bahía Blanca.
De repente, Carlos (quien le hubiese escrito aquel mensajito de texto) rompió el hielo:
?Queremos que alguien vea lo crueles que somos ?dijo con voz baja pero remarcando con iron√≠a estas √ļltimas palabras?, pero desde ya, gracias por venir amigazo ?y le palme√≥ levemente la espalda.

En uno de los cuatro √ļltimos y casi pegados pueblos pampeanos del sur de la Provincia, lo esperaban otros tantos hombres para que viese con sus propios ojos esta otra tambi√©n verdadera realidad.
Antes desandar√≠an aquel camino recto, de inmensas planicies y marcadas ondulaciones. Teodoro dudaba entre si aparecer√≠a alg√ļn le√≥n dada su similitud con la sabana africana o si atravesar√≠a como un rayo el correcaminos perseguido por el coyote.
Arribaron a media ma√Īana. Teodoro vi√≥ caras de desconformismo, en verdad, encontr√≥ rostros con muecas de incomprensi√≥n entre los presentes. No era un grupo numeroso.
Percibi√≥ su sencillez y prolijidad. ¬ęAmbiente de campo¬Ľ, pens√≥ para sus adentros. Vio perros complacidos recibiendo buenos tratos, inclusive, cari√Īosos de parte de sus due√Īos. Advirti√≥ a estos sabuesos un tanto expectantes. Como si pidiesen cancha.

Se hicieron un lugarcito en una casa m√°s de puesto que de estancia. Mate de calabaza, pava negra de holl√≠n y cucharadita de az√ļcar para el primer mate inaugural:
?Se√Īor, con su permiso... ?tanteaba t√≠mido uno de ellos?, no hacemos nada malo nosotros. ¬ŅPorque se nos trata as√≠...as√≠ como... ?se tardaba al no poder encontrar la palabra precisa?, como da√Īinos y que no queremo? a nuestros galgos?
Y antes que pudiese contestarle, otro de ellos se apuró a decir:
?Y es que es de las cosas que m√°s queremos nosotros, digo?a nuestros perros...
Y un tercero -Teodoro intuyo sería un Abogado con ánimos de defenderlos en la Justicia- de repente se explayó:
?¬ŅAcaso no se podr√≠a realizar algo m√°s inteligente que prohibir esta actividad que aqu√≠ es esencialmente recreativa? ¬ŅPor qu√© no se puede diagramar un esquema virtuoso tal como se ha llevado a cabo en el Turf? ?y r√°pidamente se auto-respondia?. Esto es, que el Estado la formalice y la regule; Que se audite el mal trato animal en cualquiera de sus formas, ya sea por castigos f√≠sicos, dopaje, matanza in situ. ¬ŅPor qu√© no pensar en la creaci√≥n de Galgodromos o Canodromos, como bien se los califica, y se dictaminan normas sanitarias y protocolos de tratos adecuados de estricto cumplimiento por parte de quienes deseen participar? ¬ŅCu√°l es la raz√≥n para que no puedan mediar, asimismo, apuestas leg√≠timas y legales en esta actividad?
Teodoro a√ļn no hab√≠a podido emitir vocablo alguno cuando alguien m√°s -levantando la mano previamente como en la escuela- a√Īadi√≥:
?Lo que pasa es que esos de los caballos tienen guita y contactos con los políticos...Jeee, muchos de ellos SON políticos, son los que hacen las reglas...que le vamo? a hacee?... ?se apenaba con movimiento de cabeza y chasquido de boca incluído, mirando con resignación hacia abajo, al suelo.
Teodoro segu√≠a practicando esta ?escucha activa?, ya que continuaban los planteos. Infer√≠an que se deb√≠an prohibir, entonces, adem√°s del Turf el Polo, la Equitaci√≥n y el Pato; e iban m√°s all√°: puntualizaban en que bajo el mismo argumento, el uso militar y el de las fuerzas de seguridad (polic√≠a) conferido sobre los animales deber√≠a ser ?frenado?, as√≠ dec√≠an; ¬ŅQue qu√© pasaba con los caballos de andar?¬ŅY con los animales de exhibici√≥n?. Hasta hubo quien acot√≥ entre risas por lo disparatado del planteo:
?¬ŅY entonces qu√© pasa con las abejitas?¬ŅNos van a suspender tambi√©n porque las hacemos ?laburar??

Se sucedían esta tipo de comentarios. Hablaban del engorde de ganado, de los feedlots, de que las pollerías serían lugares aterradores y ni que hablar de osar sustraerles los huevos a las gallinas ponedoras: ¡¡Ni siquiera verían a sus hijitos nacer!!
La charla pasaba de tr√°gica a c√≥mica. Con elocuencia condenaron a la gente de Ciudad por tener encerrados a sus perros en departamentos peque√Ī√≠simos, o a ese trato que le dan de humanos lav√°ndole el pelo y poni√©ndole ropa. Luego, tambi√©n hubo quien hizo referencia a como ten√≠an a esos pececitos de colores en cajas rectangulares transparentes llamadas ?peceras?. ¬ŅY qu√© de la nueva moda de tener hurones o hasta yacar√©s en patios de veinte metros cuadrados?

********************

Teodoro pudo ver una carrera. Nada tormentoso. Solo perros corriendo un elemento blanco aparentando burdamente ser un conejo. Aplausos, carcajadas (muchas de ellas fuertes) y alg√ļn que otro insulto. Tampoco era un espanto.

Al terminar la carrera se le arrimó quien con voz cansina le comentó:
?Es raro hermano todo...He escuchado que directivos del Turf hablan que su actividad es un deporte porque participa en ella el ser humano y que ah√≠ radica la diferencia con lo nuestro ?trago saliva y continu√≥?; pero yo me pregunto, ¬ŅEn tal caso no hay mayor dominio al ir sentado sobre su lomo con fusta y riendas en mano? ¬ŅJustamente por ejercer ese mando ellos practican un deporte y nosotros somos tildados como monstruos insensibles, pero resulta que somos quienes los dejamos correr libremente?
Teodoro lo escuchó con atención, pero antes de responderle, se le vino a la mente aquella famosa frase de Nietzsche: ?La verdad es la mentira más eficiente?.
Vacilaba en su respuesta, pues dudaba en torno a aquella famosa reflexión o sentencia -dependiendo de quién y cómo la tomase-. Pensó en lo que esta tan en usanza, en eso del relato, de la post-verdad y afines.
Lo seguía mirando fijo a los ojos, pidiéndole tiempo. La persona que tenía en frente era noble y sabía esperar pacientemente.
De repente en un acto de espontánea rebeldía, Teodoro exclamó:
?Lo entiendo se√Īor, voy a transmit√≠s sus palabras y veremos que se puede hacer ?dando por concluida la conversaci√≥n grupal con esa frase protocolar tan empleada para salir del paso pero que, en este caso, era m√°s sentida y honesta que nunca.

********************

Cuando ya estaba arriba de la camioneta, uno de los más ancianos del grupo se acercó a su ventanilla y con ojos llorosos, titubeantes, le remarcó sabiamente:
??Sabe lo que pasa joven, es que los empujan a los muchachos a la clandestinidad. Yo no digo que no haiga de todo en este ambiente...Pero ac√°; nosotros, somos un ejemplo de respeto por los seres vivientes.
?Se van a reunir calladitos en alg√ļn campo particular y ah√≠ todo va a ser m√°s informal?Nadie controlara si esisten malos tratos, apuestas ilegales?En fin, yo no soy dotor ni nada, ¬ŅVio...?
?Mas el diablo sabe por viejo maj que por diablo...
?Esto termina siendo como las anteojeras que se le ponen a los percherones: limitar su visión para que no los afecten cuestiones del esterior y sigan andando...

?Estar√° todo bien, porque nada se sabr√°...?

********************

Y así llegamos al momento en que Teodoro leía: ?Se aprobó la ley que prohíbe la carrera de galgos...?.




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