Lulú. Otros cuentos


Lulú

Autor: Pablo Guillén

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Cuento publicado el 02 de Marzo de 2018


- Imagínate Lourdes que tú y yo estamos? - ¡Ya te he dicho que no me llames así! ¡Dime como los demás, Lulú, LU-LÚ! ¿ Entendiste? ? A la prima se le sube el apellido, si de por si se siente muy fufurufa.

- Está bien mujer.no te sulfures, te va a hacer daño pa? tu bilis, si de por si ni quien te aguante. ? Odón responde, acostumbrado a los desplantes de la pariente; se conocen los genios desde muy temprana edad.


- Como te iba diciendo, imagina que estamos tomando una taza de café bien caliente, unas galletitas, o a la mejor, un pedazo de pastel, estamos acaramelados sin pestañear y pensando como declararte mi amor, voy a proponerte seas mi novia y si se puede, jejeje, fornicar. ¡Ah! Pero, estamos chavalitos, quince años digamos y sé que vas decir si porque te gusto.

- Ya quisieras chiquito, me cais bien gordo, ni me gustas, ni me gustaste, además somos parientes degenerado, además en ese tiempo me importaba más el estudio que andar de loquilla por ai.

Lulú, con muchos aspavientos y gesticulando como es su costumbre, responde a Odón muy contundente, aunque en su interior todavía se siente atraída, solo que nunca manifestó ese sentimiento.

- Está bien Lour?, perdón Lulú, te doy otra idea. Vives en la calle, duermes donde te agarra la noche, no tienes miedo alguien se quiera aprovechar de ti, te viole, por la sencilla razón ya estás vieja, arrugada, en los puros huesitos por las malpasadas, andrajosa y con muchos días sin bañar, eres una pordiosera y alcohólica, tu vida se detuvo el día en que te casaste con aquel hombre que resultó un fiasco, vago, borracho, flojo, mantenido, etcétera etcétera. Sin embargo, lo amaste hasta la ignominia, un día despertaste y ya no estaba, te abandonó por otra, el dolor hizo encerrarte en ti misma, los hijos por tu descuido, tu mamá te los quitó y con el primer pretexto de haber sido abandonada y luego sin los hijos como segundo, comenzaste a beber hasta la fecha, las personas que te conocen, en algunas de ellas causas lástima, en otras, repugnancia por el aspecto desastroso en que te encuentras y?

- No te mandes, no es para tanto. ¿Yo borracha, sin casa y de paso limosnera? ¡Ni lo mande Dios! ¡Ya me viera tú!

- ¡okey okey! Siempre tuve el raro presentimiento en el futuro te convertirías en una pu? - Se detiene ante la mirada furibunda de la prima cuarentona. ? Es decir, en una prostituta, te gusta masticar chicle, lo truenas, te maquillas exagerada, usas unos taconzotes y minifalda que poquito te falta enseñar todo, la gente decía, ?esta va que vuela?, apenas cumpliste los quince, tenías en fila a un montón de morros y mira, quien te estreno, el chololo, el más guandajo, la tía se dio cuenta del paso y te mandó con la otra tía, a ver si te quitaba la calentura. ¡Qué va! Al contrario, te le pelaste y te diste a la vida alegre, nomás la pura feria, porque de allí en adelante que ibas andar regalando tus amores, bien comprados tus besos, bien vendidas tus caricias. ¡Ahhh! Metiste la pata con ese gigolo, proxeneta, padrote, tu pedaleabas y él hacía corte de caja.

- Lanzó una carcajada muy fuerte Lulú, le dio un manazo a Odón en el hombro, luego buscó algo en el bolso dorado. Odón pregunta. - ¿Qué buscas mi amor?

- Los cigarros y te repito, no soy tu amor.

- Oye, pero no fumas. ? acierta en recordarle el primo.

- ¡A pos si, de veras! Ahora que me acuerdo, nunca fui una piruja ni anduve con uno y otro, fui y soy decente, no andes inventando tus chingaderas.

- De eso se trata, de imaginar una historia que parezca verdad. Que todos piensen es cierto, ¿no es eso lo que quieres?, estamos jugando a que eres lo que no eres, que la flaquita aquella fue de un solo hombre. Por tal motivo, estamos en esta conversación a figurarnos cosas.

- ¿A todo esto, a donde quieres ir pinche loco?

- Mmm, si te dijera. Mejor que se quede así. Imagínate primita mis tíos te educaron a la antigüita, los muy persinados no salían de la iglesia, se confesaban cada semana, una vez cada siete días rezaban el rosario dizque por los pecados, te hacían vestir como monjita, nomás la pura carita se te veía, que de andarte pintando, maquillarte, siempre con el pelo recogido. ¿Tener novio? ¡Ni lo sueñes! Tus papás te enseñaron amar a Dios sobre todas las cosas. Te hicieron repetir todos los días cien veces los diez mandamientos, en especial, ?el no fornicarás?, ?no desearás a la mujer de tu prójimo?, en este caso habríamos que hacer una diferencia, como no eres lesbiana, ni nada que se le parezca, fue no desearás al hombre de tu prójima. ¡Ja ja ja!

- Creciste recatada y en el transcurso de tu adolescencia a la plena juventud, las hormonas decían lo contrario, soñabas, fantaseabas, las noches eran infinitas, los demonios de la carne acechaban tus pensamientos. Cansada de la beatitud de tu existencia, huiste de la prisión donde estabas a otra. Un domingo después de misa y recién comulgada, anunciaste a mis devotos tíos te ibas al convento, primero de novicia y más tarde como monja, fuiste obediente y celosa a los votos de castidad; humilde, fervorosa, llena de santidad, jamás saliste del convento. Dicen ?el hábito no hace al monje?, así tú, dentro de ti existía la joven mundana, amante de la profanidad exterior oculta en el montón de trapos. Posterior a tu internamiento, descubriste que los visitantes asiduos a la orden, por supuesto, clérigos, bajo cualquier pretexto solicitaban a la madre superiora, los acompañaras a ciertas actividades fuera del claustro y cuidándose de las miradas indiscretas y chismosas intentaron rindieras pleitesía arrodillándote sumisa frente a sus piernas, los representantes directos de dios aquí en la tierra; los curas fracasaron tras usar la fuerza y la persuasión de desnudarte de la cintura para abajo, el sólido cinturón de castidad de la conciencia de los votos castos que juraste, te hicieron resistir. Entonces el obispo y confesor de las hermanas, anunció la visita anual acostumbrada, tiempo atrás te tocó la suerte no toparte con él, muy reverenciado y querido por la hermandad a la que perteneces, habría que ser complaciente y atento a los deseos mundanos de su eminencia. Buena suerte para él, mala suerte para ti, fuiste la última en el confesionario y te pidió tuvieras el acto más fiel de sumisión hacia su persona, la voz tibia, confidente, prometió el paraíso y el perdón de todos tus pecados si lo complacías.


Durante la recopilación de los hechos, lulú, permaneció absorta y pendiente de cada palabra de Odón, la historia parecía fascinante, cuando llegó al punto en que el obispo solicita sexo a lulú y el episodio de los deseos libidinosos y malsanos de los servidores del señor, se acrecentó el interés por conocer los resultados de la crónica de su vida.

- No te detengas primo. ¿en que acaba la historia? ? Pregunta.

- ¿En que acaba? - ¡Vaya pregunta! Si tú eres la protagonista. ¡Tú lo sabes! ? Riposta Odón.

- Prefiero seas tú quien me lo diga.

- Te hiciste fuerte, superaste el ansia de perder la virginidad en un acto noble y sublime, tomaste la decisión sabia y acertada de renunciar a la vida monástica, no importa el excelentísimo obispo se quedara con las ganas, deseaste mejor el amor mundano, el de un hombre común y corriente, tu virtud habrías a tu futuro esposo. A tu familia no la enteraste de tu decisión, regresaste al hogar de improviso con nuevos planes para el futuro?

- ¡Sigue, sigue! ¡Qué más, qué más!

- La última parte te corresponde continuar con la narración, eres una mujer libre, dentro de poco cumplirás los treinta años, diez de encierro conventual se fueron rápido.

Odón se incorpora de la silla junto a la mesa del Café, pasea alrededor mientras le es servido lo ordenado, se detiene tras la espalda de Lulú, acaricia el cabello donde traspuntan varios hilos de plata, enseguida masajea el cuello tenso, por último, con la familiaridad que los distingue, posa los brazos por sobre los hombros y los dedos sutiles del primo tocan por encima de la blusa los senos.

- Mi querida lulú. ¿Cuál escenario se ajusta a tus preferencias?

Odón inquiere, parece estar cansado, mira el reloj, piensa en el tiempo utilizado con la prima, resiente la garganta reseca, toma agua del vaso puesto sobre la mesa, carraspea, aclara la voz, vuelve a tomar asiento, repite la pregunta.

- ¡Anda, dime! ¿Cuál escoges!

Lulú tarda en responder, torna los ojos, parece buscar a Dios por la respuesta, suspira por el recuerdo de las vivencias de su pasado imperfecto, luego de varios segundos de abstracción, regresa al presente haciendo con el dedo índice círculos invisibles en el aire y termina cerca de la nariz de Odón.

- Parece que más o menos están bien los argumentos, lo de ser una monja me fascinó, pero eso de los curas y el obispo no creo haya pasado, se cuentan muchas mentiras, a lo mejor a otras les sucedió, a mí nadie me molestó. ? Argulle.

- Escúchame diablo. ¿Qué tal está historia? ? a su vez replica.

- Hubo una vez una chica soñadora, quiso ser todo lo que la vida le mostraba, de niña jugó con muñecas de trapo o a veces junto con las amiguitas se dedicaron a moldear en barro cuando la mamá no pudo comprar a causa de la pobreza familiar en el pueblo donde nació y se crio, construyó con palitos de las paletas según ella, la casa ideal para cuando grande y casada pudieran vivir todos, incluyendo los papás. Además hacia ronda con las otras niñas y niños vecinos a jugar a los doctores y a la casita, más tarde, al lado de sus hermanas y hermanos estudiaron en la escuelita del pueblo, la primaria, continuó la secundaria en otro pueblito más grande que el suyo, allí estudiando y conviviendo con los demás compañeros, tuvo su primer novio a escondidas, ocurrió lo normal de cualquier noviazgo primerizo, manitas entrelazadas, besitos inocentes sin ir más allá de lo indebido, los padres ignoraron la relación digamos sentimental de la hermosa y delicada Lulú. LU-LÚ menso, que no se te olvide. Le habían prohibido bajo amenaza de unos fajazos andar de volada con uno y con otro, por el otro lado, allí fue cuando comenzó en serio a pensar lo que iba a estudiar finalizando la educación media. < ¿seré doctora, química, licenciada? Mmm? son muy caras ni pa? que le busco, son muy caras esas carreras ni modo mis papás me ayuden, es más, ni quieren siga estudiando, mejor algo chiquito. ¿Qué tal enfermería o de profesora? >
- Decide es mejor la enfermería, la carrera de maestro no es como antes, en tiempos antiguos alguien te llamase profesor o profesora te llenaba de orgullo, te sentías la mama de los pollitos, levantabas la frente, ahora el pinche gobierno te tiene jodido, te paga mal, luego la SEP y SNTE te chingan los putos. Enfermería es una profesión noble, contribuyes a que los enfermos, los más pobres se alivien de los padecimientos y enfermedades? - Oye tú, Lulita el magisterio es también una carrera noble, se educa a los niños, a los jóvenes, se les forma? - Asevera Odón. - ¡Ya, ya, está bien, las dos! ? Como te iba diciendo, la meta en que se empeñó, ser enfermera, fue la pauta para el futuro, de allí en adelante puso mucho esfuerzo para lograr sus sueños, a medida de ir avanzando en los estudios y aflojada un poco la rienda de su casa, en la Escuela de Enfermería conoció a su futuro esposo, un muchacho simpático, conversador, carita, lisonjero y meloso el pinche, resultó fácil convencerla ser su novio? ¡LULÚ! No lulita, zopenco, dio el traspié, estando en el negocio de la medicina, suponese estar informada, utilizaron el método más socorrido y barato de la anticoncepción: el condón; miedosa al principio con algo de remordimiento consumado el hecho, recuerda la advertencia paterna, lo que sintió fue mejor que el temor, se consoló pensar lo hacía por amor, se habían jurado amor eterno, el joven estudiante meloso y atractivo, sería el marido perfecto.
- Lulú, por naturaleza flaquita, un poco petacona, exuberante en cuanto a senos se refiere, bonita, bonita no lo es, ¡Ah, eso si! Tiene su pegue la condenada.

Lulú se da un golpe con la mano abierta en la nalga, enseguida se da una levantada con las manos, los pechos. ? Terminó los estudios y también terminó casada, fue adscrita a una clínica fuera de su estado natal, más adelante anuncio su maternidad, la felicitaron por la feliz noticia. Dio a luz a una preciosa bebita, después del nacimiento por más esfuerzos, dieta y ejercicios, no volvió a tener la cintura delgadita, con los subsiguientes partos aumentó más de peso. Por su parte el esposo enseñó el cobre, bribón y aprovechado sin faltar a sus deberes de padre y esposo, se dio el tiempo de echarse sus plumitas al aire cada vez se le presentaba la oportunidad. Soportó del esposo, los continuos devaneos y resbalones con las compañeras del gremio y anexas. Lulú, aunque molesta, sabia de las relaciones pasajeras, todavía lo quería, aguantó las murmuraciones, las burlas y las condolencias de tan perniciosa conducta, como dice un dicho que la gente dice de dientes pa?fuera, nada pasaba, sin embargo, el buche de la gallina en vez de granos y semillas, de piedras se le llenó, llegó el día que sin más, por la tarde arribó el marido, el galán de marras encuentra las maletas hechas, fuera de la casa.

Ahora Lulú se quitó el peso de la ignominia y el engaño cotidiano, con sus hijas e hijos en apariencia, lleva una vida normal, ve pasar los días y las semanas melancólica y nostálgica, a esta edad busca la oportunidad de un nuevo amor con un elemento necesario; la fidelidad, no busca la fogosidad, ni la prisa para que llegue la noche, busca el intercambio de los sucesos cotidianos, el intercambio de las experiencias vividas, los sabios consejos de la eda, al diablo el físico y la figura, espera paciente.

. ¡BRAVO! ¡BRAVO! Estás gruesa, pesada, Lulú, me quedé cortito, es u n buen argumento, no cabe duda, que cabeza la tuya para las historias. ? Odón la felicita.

Como no vá hacer, si es la mía. Mis hijos son una bendición, ellos ven por mí, ahí te un pendiente, me daba vergüenza que a mi edad se burlaran de mi, andar de noviecita, pero, así es la vida, el Prudencio, es una página de un libro el cual no le di final, orita, la neta, la pura vida conmigo. Está vida me tocó y para decir la verdad, no me arrepiento haberla vivido. Disculpa haberte quitado el tiempo con mis tonterías y quejarme de lo mal que me fue y tratar de cambiar. mi destino y dejar me inventaras historia de la Lulú que no fui, con esto me quedo, hay que aceptar lo que es uno y no andar quejándose de lo mal que nos va.

Lulú se incorpora de la silla, donde se habían sentado, fija la vista en los ojos de Odón, le da un beso en la mejilla, le da un fuerte apretón de mano y abandona el Café donde conversaron.

//alex


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