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Un día como cualquiera

Autor: Angel Méndez Victoria

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Cuento publicado el 18 de Marzo de 2017



Hoy, en un día como cualquiera, Richard Anderson, ha tomado esa inútil decisión de dejar de subsistir y desaparecer de la faz de la tierra, ya desde hace muchos años, se ha preguntado sobre el enigma de su existencia, pero hasta el día de hoy, no ha encontrado ninguna respuesta, por ello, a unos pocos instantes, ha puesto su destino en el juego de la ruleta rusa.


A ciertos segundos, contrae su mente, analiza y reacciona, sin titubear, gira el revólver y en cada vuelta, ve pasar los inútiles momentos en que se ha visto sólo, demacrado y atormentado por la realidad, la cual, le hace ver que la mayor parte de su vida a vivido de esta manera, sin un grado de felicidad, en la vida de rutinas que él tanto odia, pero lo único que disfruta es su trabajo, le agradan los niños, lo despejan de la realidad y lo hace creer que a pesar de la adversidad y de los pronósticos, podrá ser feliz.

Por esto, detiene el verdugo llamado dedo y simplemente llora en silencio, como niño, con el dolor y el sufrimiento latente que no deja de sentir desde la juventud. Es así que regresa a la cama y cobijándose en la inmensidad de esta, platica con las sabanas, le comenta a las almohadas y exige al ventilador que ayudase a cambiar su destino, grita a los cuatro vientos que alimenten su existencia con una chispa de alegría.

Y es así como Richard ha visto trascurrir la vida una vez más, por eso, coge el arma y la guarece en un pequeño cajón, por si un día, el verdugo tienta la razón que está muy latente en su mente; después de atrincherarse en la inmensidad de la soledad, toma las cobijas tan frías y se dispone adormir, con la esperanza de que no abriese los ojos, no despertara y dejase de existir de manera tranquila y pasajera.

Pero al irradiar tan fulgurante rayo de claridad en su rostro, se da cuenta que ese deseo de desvanecerse de este mundo tan incierto, no se ha concedido, y tiene que esperar hasta que hubiese un acto de piedad para él. Y como cualquier otro día, realiza tan detestable rutina, que ha hecho meya en la vida de este individuo.

Y es así como Richard va trasladando su vida a un abismo llamado montanismo, sin algún cambio que fuese esencial para transformar la forma en que concibe su existencia, día a día, mes con mes, ve transcurrir el tiempo que para él no existe, y lo ha llegado a percibir como una sola denotación de medir las acciones.

Y así el pensamiento de este joven, con un idealismo no gratificador y mucho menos alentador, va consumiendo el espíritu humano, la chispa de existencia, que él quisiese que acabara, y es así que se pregunta ¿cuál es mi fin?, ¿en qué me eh equivocado?, y con estas preguntas a de buscar a un culpable piensa, analiza y reflexiona y culpa al destino y a un ser divino, de tan miserable existencia brindo a este hombre, él exige respuestas, del porque de su miseria, de sus desfortunios y de tanto sufrimiento con que le ah tocado vivir.


Pero dichas preguntas, no son resueltas, y como fuese ayer, sale renuente, aquel plateado revolver, con el cual, ah de jugar por horas, hasta no encontrar ninguna señal que le haga cambiar de opinión, pero como siempre, como ya casi 12 años, él se dice que la mañana siguiente puede cambiar su destino. Y como cualquier otro día, termina guareciendo el arma y cobijándose en la tristeza de su vida, se dispone a suplicar que lo dejasen morir, de manera pacífica y de la forma más absurda, que es el dormir.

Y como pudiese tan insignificante vida cambiar, si no es capaz de animarse, relajarse y tomar el camino de la calma de manera razonable, esto podría pasar a cualquiera, pero, a consideración de Richard, sólo los milagros están en la biblia y que en ella sólo quedarán.
Todo pasa tan de mañana, y de manera rutinaria como en un día cualquiera, el sol, con su presencia fulgurante, desprende un rayo de su claridad para iluminar tan irresistible figura de una mujer, pareciese que el sol solo a iluminase a aquel ser que traspasa la presencia de Richard, y aunque sus sentidos no lo engañan, ella desprende una sonrisa y de sus dulces labios lo saluda con un ¡hola! que tan patéticamente él tartamudeando, responde.

Estupefacto y perplejo, se dice a sí mismo, hoy mi mente me ha dejado, me ha engañado y atormenta mis sentidos con ilusiones, de abstracciones insensibles y dudosas, y desde este instante, la vida comienza a brindar su lado positivo, que a este hombre le ha hecho falta.


Y es así como comienza a tener fe en sí mismo, y hoy ya no es un día como cualquiera, el abismal grado de monotonía se ha ido al horizonte, y en este amanecer, se levanta con prontitud y un grado de aceleración como si pudiese manipular el destino, se da prisa para deleitar sus sentidos con el eslabón que ha cubierto tan horrible imperfección, y como buscando a un fantasma, contempla, la inmensidad de la calle y busca tan exquisita dulzura que ha cautivado la miserable vida de un hombre iluso, pero a su reacción al mundo tangible y a la realidad logra entender que es una extraña alucinación, que la mente recrea, causada por la esquizofrenia, recreaba un mundo inteligible, donde podía volver a lo que antes fue, en donde aquel ser pudo iluminar la esencia de Richard, pero, es tanta la demencia, que las ideas de este hombre loco y la mente tan atrofiada de este, la cual recreó un escenario inteligible, incognoscible e intangible, donde todo parecía ser real.
Donde él era libre, normal y ordinario, donde podía remediar sus problemas, así que Richard, se toma la cabeza, y las cadenas que los sujetan a esa silla impiden que libere su mente, pero también esto es irreal, y amanece postrado ante el cuarto acojinado, sujetado a una camisa de fuerza, y con esto se da cuenta que ha descubierto la divergencia de la realidad, que aunque recluso en esta prisión suave y oscura llamado psiquiátrico, puede recrear lo más elocuente posible este escenario, pero resulta muy difícil para su mente, ya que, el verdugo vuelve de manera sanguinaria para retorcer más su mente sólo que ahora vuelve con estupefacientes que adormecen lo poco racional que en su mente emergía, y ya en estas últimas horas y momentos, no se presenta alguna reacción de vida, cambia la existencia, deja de ser, y comienza a traspasar el sendero del existir, no ocurre nada, sólo silencio desolador, tranquilidad y calma, y es cuando su muerte parece aproxima, ya que esta postrado en un letargo total.




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