Visita Indeseada

Autor: Nery Antonio Carranza Nájera

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Cuento publicado el 21 de Febrero de 2017


La casa siempre en penumbras, donde la noche se desliza disimuladamente hasta el medio día y luego continua su oscuro recorrido hasta desaparecer en las tinieblas de otro nuevo atardecer, la historia se repite permanentemente desde y hasta siempre; velas sigilosas recorren los estrechos y viejos escombros que un día fueron grandes y alegres corredores, nadie alcanza a ver mas allá de lo que desean ver, el castigo de la desdicha surgió como premio a la maldad de los corazones insatisfechos de continuar haciendo el bien. De una manera incesante, atormentante y continua veo los rostros de mi familia que no logran parar de culparse el uno al otro de lo sucedido mucho, poco o todo el tiempo atrás, nadie podría haber imaginado así el futuro de una familia tan repleta de amor y prosperidad, que viven en el pasado porque nos hemos quedado sin presente. Una gran sorpresa para todos fue descubrir nuestra mezquina falsedad, solapada y muy meticulosamente guardada, yo soy parte de todo el macabro suceso que ha llevado tanta complicidad, me avergüenzo de la actitud tan cobarde de ocultarme en la intranquilidad de mi silencio para disminuir la intensidad del efecto dañino que llevaban las acciones de cada uno de los integrantes de mi familia, ahora es cuando no debería de hablar, es el preciso momento que debería quedar en silencio, pero ya no hay nada que perder, no existe razón por mantener el sigilo, aunque pensándolo mas de dos veces, no vale la pena profundizar cuando mi voz no tiene eco y no será escuchada jamás, la vida y la muerte pueden tener una punto de reunión, una intersección donde una luz se confunde con la oscuridad y el dolor con el amor, donde la verdad es interpretación ajena pero la verdadera realidad es propia, no hace falta estar dentro de una tumba para estar muerto, nuestras acciones nos entierran cada día y nos mantienen cautivos por la eternidad sin dejarnos descansar.


Me gusta ver ese enorme portón viejo ya casi por colapsar, acuden a mi mente recuerdo de otros tiempos con mi abuela la dulce viejecita, la única que puede salvarse de esta maraña de remordimientos colectivos, creo verla entrar, por momentos atravesarlo, cuando este, estaba en todo su esplendor, siempre creo ver en su rostro mucha tristeza que no la deja seguir hasta adentro y luego sale volviendo a dejar crujiendo al mismo portonon viejo y deteriorado, perdiendo la gallardía de su época de oro, como siempre parada, como levitada en el tiempo, se queda afuera, viendo mi ventana, sabiendo que la observo y no la culpo por su decisión, se queda con intención pero sin voluntad de entrar y luego se desvanece y quedo con la vacía necesidad de volverla a ver hacer lo mismo día tras día; los que si se animan a hacerlo son personas que nunca conocí, y lamento por momentos conocerlos ahora, seres humanos que creen saber todo de nosotros pero al final no tienen idea alguna, les emociona vernos como un show, como un entretenimiento, siempre salen con la misma expresión en sus rostros, excitados, quieren encontrar en nosotros que sus vidas tienen sentido, quieren sentirse vivos. A veces son unos a veces son otros, normalmente los mismos, nuestras interminables visitas indeseadas, indeseadas para mi padre, madre, hermano y hermana, para mi son solo seres inoportunos pero no puedo mentir diciendo que no me divierten por momentos y hasta me hacen sentirme acompañado, claro que yo me escondo en la invisibilidad de mi silencio, mis familiares son siempre los que los reciben, talvez por eso es que estén tan cansados de lo mismo


Me gustan las noches de luna llena, después que nuestras visitas se han ido, alumbra mi recorrido por las afueras de este mi viejo casonon, sus enormes enredaderas verdes dependiendo de la época del año, a veces secas y nobles… otras veces se prolongan por todo el rededor de sus paredes ocultando la palidez de las mismas y su deterioro, producto del paso de los años y de la impotencia de poder volverlos a ver como fueron en sus años de gloria, de vida, una vida de atropellos, de falsas fiestas de orgullo y felicidad. La fuente de la entrada aun esta erguida en todo su esplendor, cubierta de hojas secas y tierra por todos lados, sentarme en su orilla justifica mi admiración por ella al recordar la bella jovencita que un día se robo mi inocencia y con ella se llevo mi corazón, por momentos la veo sentarse junto a mi, intento tocarla pero se me hace tan distante, convencido que debe ser del mismo material de los sueños porque solo en ellos es mía, abandono el intento de acariciarle y es cuando nuevamente se acerca y hace de mis momentos únicos y sin fin, se que no me ve pero se que tampoco me rechaza, soy yo el que no logro encontrar el camino hacia ella y yo mismo me estorbo.

Me parece escuchar a otro grupo de visitas indeseadas, la bella niña se desvanece y yo encuentro de nuevo la gravedad y caigo de peso al momento… son varios, esta vez es un grupo mayor al que normalmente vienen, ya me imagino la expresión de mi familia dentro de la casa… ahora vienen con artefactos muy comicos con mucha luces, la colocan en puntos estratégicos, no se han dado cuenta de mi presencia, no saben nada estas asustadas personas, temen en todo momento, en la búsqueda de la muerte es el único momento que sienten vida, o por el contrario, en su mundo con tanta falta de animación, creen ver en la oscuridad un poco de vida, vida después de la muerte y esto los atrae de gran manera, un sacerdote muy especial al muy estilo indígena, como tantos que hemos visto empieza su rutina de traspasar las diferentes fronteras sobrenaturales, tiene mucha experiencia, al menos para hacer creer a los que lo acompañan que ha entrado en contacto con nosotros, porque ya adentro de la casa todo empieza a tener un ambiente tétrico y macabro, el olor de muerte es tan pesado y grueso que es casi tangible, el sacerdote no ha dado con nosotros, mi familia fue la que dio con el, como muchos que andan por la vida, mis seres queridos no han logrado entender que ya no pertenecen a estos tiempos y viven (si asi se puede decir) condenados a repetir sus muertes dia tras dia sin darse cuenta, yo tendre que superarlo, solo yo se que hace muchos años la muerte con su espantoso batallón de espectro visito este hogar y se llevo el aliento de sus ocupantes, la muerte sin duda la peor de las visitas indeseadas porque permanece para siempre.




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