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Ese olor

Autor: Salvador Palma Hern√°ndez

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Cuento publicado el 09 de Febrero de 2017


Era un olor pestilente que dejaba su garganta seca, su boca con un sabor a hierro, sus labios blancos y partidos como si una sed milenaria lo hubiera castigado, su mirada perdida, triste y vac√≠a reflejaba el cansancio de una caminata por veredas nunca andadas, por senderos que lo aterraban al punto de que perdiera el color de su rostro, su cuerpo se constri√Ī√≥ hasta quedar en un esqueleto envuelto con piel reseca, que m√°s pareciera al pabilo del cirio pascual bendecido en la semana mayor.

Facundo Espino venteaba el aire a todas horas, al levantarse, cuando los cenzontles cantaban a las cinco de la ma√Īana y ya no lo dejaban dormir las aves ni ese olor a podrido o a carne descompuesta que pareciera que lo tuviera pegado en las fosas nasales, lo ol√≠a a las diez de la ma√Īana cuando su mujer lo llamaba a almorzar y por m√°s que quisiera oler la cebolla requemada en el aceite, ese olor no lo dejaba. Lo ol√≠a al estar en la milpa cortando el ma√≠z amarillo, venteaba el aire a las cuatro de la tarde al tomar el pulque, cuando cenaba y hasta al comenzar a dormir ese olor no lo dejaba en paz. Facundo no le hab√≠a dicho a nadie su sufrimiento, era un hombre muy callado y pensaba que si contaba sus penas s√≥lo servir√≠an para que se rieran de √©l, as√≠ que no hablaba mucho de su vida, nadie sab√≠a lo que le pasaba, pero se daba cuenta de que el olor nadie m√°s lo percib√≠a¬Ö nadie m√°s que √©l.
Una tarde moj√≥ su pa√Īuelo con agua bendita del templo para que los santos limpiaran su nariz y as√≠ dejara de oler ese horrible olor que le estaba acabando la vida, pero nada result√≥. Su mujer ya asustada le aconsej√≥ que fueran a ver al m√©dico porque estaba adelgazando mucho, pero Facundo no quiso, dijo que cada a√Īo cuando recog√≠a la siembra le pasaba lo mismo, adem√°s no sent√≠a ning√ļn dolor, ni molestia, que se olvidara de doctores porque esos se√Īores s√≥lo serv√≠an para inventar enfermedades y sacar dinero. No se habl√≥ m√°s de eso, Facundo sigui√≥ su rutina, pero el olor cada d√≠a iba volvi√©ndose m√°s y m√°s fuerte, como si alguien le acercara esa desagradable maldici√≥n.
Un domingo a mediod√≠a le dijo a su mujer que ir√≠an a misa, quer√≠a confesarse, estar en paz con Dios, como que present√≠a que eso era lo mejor. Se puso su ropa limpia, se lav√≥ la cara y tom√≥ un sombrero, sali√≥ con su mujer que se hab√≠a arreglado con un vestido de flores moradas. En el camino se encontraron con un compadre que no hab√≠an visto en mucho a√Īos, hasta pensaban que ya estaba muerto, el compadre se llamaba Augurio apodado ¬ďEl Malo¬Ē, que en otros tiempos prest√≥ sus servicios a Honoria, que hac√≠a trabajos de hechicer√≠a y curaciones, √©l fue como su mandadero o el que realizaba las labores de calmar a las personas que tuvieran descontento con el trabajo de la hechicera.
El encuentro con el compadre Augurio fue tan casual que hasta los pájaros volaron asustados ante tal presencia, Facundo lo saludó de una forma tan seca y poco gustosa que más pareciera que lo saludaba sólo por tradición y no por sentirse contento de verlo. Su esposa quiso decir algo pero Facundo no la dejó, con una mirada llena de autoridad la calmó, pero la mujer parecía bastante sorprendida como una paloma encerrada en una jaula.

Augurio estaba vestido todo de negro, muy limpio, la negrura de su vestimenta brillaba con el sol, su sombrero negro le daba una sombra que le cubr√≠a el rostro, pero sus botas no estaban acorde con la elegancia de su atuendo, eran unas botas negras tan desgastadas, h√ļmedas y lodosas, el aspecto de esas botas daban la impresi√≥n de que hab√≠a caminado bastante, pero la humedad y el lodo de d√≥nde las hab√≠a tra√≠do, era el mes de mayo y las lluvias tardar√≠an por lo menos un mes, as√≠ que el lodo y la humedad era tan raros en ese tiempo.
Con una voz hueca dijo, ¬ŅC√≥mo est√° usted compadre?, lo veo muy acabado y triste, adem√°s ayer en la tarde lo vi como si estuviera olfateando el viento, eso no es bueno compadre, al decir esto, de los ojos de Augurio brotaba un brillo extra√Īo, su piel ten√≠a un tenue color gris√°ceo, sus manos huesudas, se mov√≠an con tanta calma como si hicieran ademanes siniestros. Lo vengo a ver, contin√ļo, para que me pague el dinero que me debe ya ve que desde hace muchos a√Īos ya no estoy por aqu√≠ y pues no quiero que se le vaya a olvidar, voy a visitarlo el domingo que viene para que me pague. Facundo lo mir√≥ con rareza y le contest√≥ que el domingo tendr√≠a su dinero y se despidieron, cuando Augurio le quiso dar la mano para despedirse, Facundo no le correspondi√≥ y Augurio en un tono de burla le dijo: compadre, yo no soy el que apesto a muerto, alguna vez tambi√©n yo olfate√© el viento pero ahora ya no apesto a muerto, cu√≠dese compadre y nos vemos el domingo. Augurio se perdi√≥ entre los arbustos, al tiempo que se re√≠a a carcajadas.
La tarde del domingo y hasta la mitad de la semana Facundo estuvo peleando con su memoria y su olfato, por m√°s que quer√≠a acordarse de si su compadre estaba muerto no lo pod√≠a lograr y ese olor lo segu√≠a como el girasol al sol. Su mujer todav√≠a estaba inquieta y recordaba las botas h√ļmedas y lodosas del compadre, su aspecto gris√°ceo y esa mirada tan profunda y negra. No quiso decirle nada a su marido porque estaba como aletargada, s√≥lo en su imaginaci√≥n lejana sobreviv√≠a un recuerdo leve del entierro de un compadre, al cual no fue casi nadie del pueblo por la fama de malo que tuvo en vida, sin embargo ese recuerdo no era evocado por sus labios que estaban tan adormecidos, como que una fuerza extra√Īa se adue√Īaba de su esp√≠ritu y de su voluntad.
El olor a muerto no se calm√≥ toda la semana, Facundo se despert√≥ el domingo con un semblante m√°s triste, pasado el mediod√≠a lleg√≥ su compadre Augurio vestido igual que la √ļltima vez que se vieron, salud√≥ con alegr√≠a, pero su sonrisa era hueca y sus palabras poco expresivas. Facundo lo mir√≥ un largo rato y le pregunt√≥ por qu√© sus botas estaban tan lodosas y h√ļmedas, Augurio contest√≥ que ven√≠a de tan lejos y que de regreso no ir√≠a solo. El olor se hizo m√°s fuerte, Facundo asustado se dio cuenta que ese olor proven√≠a de su cuerpo, su compadre le tom√≥ el brazo, sinti√≥ que aquella mano estaba tan fr√≠a que m√°s pareciera que lo estaba agarrando un muerto, Augurio le dijo al o√≠do que era hora de irse a recorrer un camino lleno de lodo, fr√≠o y solitario.
Facundo Espino muri√≥ poco despu√©s de mediod√≠a, su mujer lo encontr√≥ sentado en una silla de madera, en uno de sus brazos ten√≠a la marca de una mano, alrededor de la silla hab√≠a mucho lodo y unas huellas de botas marcadas en el piso. La mujer de Facundo no llor√≥ toda esa tarde y el d√≠a del entierro de su esposo le tap√≥ la nariz con algod√≥n mojado en agua de rosas para que descansara mejor, porque sus √ļltimos d√≠as los hab√≠a pasado tan apurado oliendo su propia muerte.




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Fecha: 2017-06-17 04:29:45
Nombre: Jesķs PŤrez
Comentario: interesante cuento me gusto la historia.