Un día feliz. Otros cuentos


Un día feliz

Autor: Hugo Domínguez

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Cuento publicado el 05 de Enero de 2012


El entorno era oscuro, con colores extraños, y sin embargo se podía adivinar la presencia de algo o alguien desconocido. Las palabras no las podía oír pero evidentemente estaba hablando. Una sonrisa me llegó a la memoria; quizás había reconocido que esa figura podía ser yo mismo en alguna oportunidad. De pronto la sensación cambió y ahora la figura era una mujer. La veo de espaldas, bien vestida y con el pelo suelto. El entorno de ella es variado en colores opacos, casi agradable, aunque presentía el temor en sus formas. No existía la profundidad. De pronto siento que caigo; solo eso. Pero sin gritar. Sin dolor. Luego de unos pocos segundos vuelvo a caminar, pero no sabía si era yo quien caminaba ya que la imagen no me era familiar. La mujer en ese momento se dio vuelta y me asombré de tal forma que me quedaría grabada la imagen al corroborar que no tenía rostro. Era solamente un solo color, que no pude distinguir cual era, por lo breve de la imagen. Inmediatamente aquella figura de hombre que ya había visto se aproximó a la mujer sin rostro y se la llevó perdiéndose entre los distintos colores.

No había podido identificar árboles, casas, otras personas. Nada.
Solo otra imagen difusa entre los colores, que no la veía pero la presentía. Con el paso de los minutos y con esfuerzo, pude ver finalmente que esa figura era un niño muy pequeño que corría en forma alocada, sin llegar nunca hacia donde estaba él,mirándolo. De pronto desapareció. Lo busqué asombrado, no entendía como pudo desaparecer ya que había, en ese momento, mucha luz. Nuevamente apareció la mujer, solo que ahora tenía un rostro hermoso, angelical. Me llamó poderosamente la atención que al fondo, detrás de
ella, todo era oscuridad. Parecía levitar. Su rostro estaba serio y se diría que hasta enojado. Detrás venia el mismo hombre que ya había visto. Esta vez era él quien no tenía rostro.
Los dos, el hombre sin rostro y la mujer de cara angelical descubrían entonces al niño.
Ojos enormes, alegres, una sonrisa contagiosa, piel blanca y sana. El niño se dio vuelta y al verlo de espalda, era transparente. El hombre y la mujer siguieron avanzando hacia él y el niño comenzó a llorar al ver que ahora ninguno de los dos tenía rostro. Cuando quisieron agarrarlo el niño desapareció. Fue en ese momento que el hombre y la mujer recuperaron sus rostros y sus gestos. El fondo, detrás de ellos, era totalmente oscuro y ellos caminaron hacia allí. Y desaparecieron. Me desperté más temprano que lo acostumbrado. Siempre el mismo sueño. El niño, la mujer y el hombre. Alguien, quizás, en algún momento, me explicaría su contenido.
Los cristales mojados dicen que durante la noche, y aún a esta hora, hace frio.
Me parece un comentario bastante estúpido porque estamos en invierno pero es lo primero que me viene a la mente. Por suerte vivo solo, de lo contrario probablemente la persona que eventualmente pudiera estar a mi lado diría lo mismo. Que estamos en invierno y por lo tanto hace frio.
Me levanto porque hoy es un día distinto. Quizás el mejor de todos. Hace un instante tenía ganas de afeitarme pero ahora no. No tengo ganas de andar esquivando el bigote y un pedazo de barba larga que uso desde hace años. Me miro al espejo y noto un rostro algo distinto, como si no fuera el mío. Los ojos hundidos y las cejas caídas hacia abajo del lado de las orejas. Las orejas son feas, algo grandes y están demasiado separadas del lado de la

cabeza. El lóbulo también es grande y cuelga como esperando una caravana. ¿Por qué me doy cuenta recién ahora, 74 años después? No puedo contenerme. Me lleno la cara de espuma y me afeito todo, hasta la cabeza, que hace unos minutos era depositaria de unos pocos pelos que me tenían podrido porque no sabía para donde ponerlos. Me sigue sin gustar mi rostro a pesar del cambio que considero tan importante. Como es el único espejo que tengo decido romperlo y le pego con el puño. Caen algunos pedazos pequeños junto con gotas de sangre de los nudillos. No importa. Lo hice mierda. Y me sigue sin gustar porque ahora muestra mil veces mi rostro ya lampiño. Apago la luz del baño, cierro la puerta y miro de nuevo el espejo. Ahora sí. Perfecto. Ya no veo mi rostro ni el espejo ni nada. Por fin puedo salir tranquilo. Estos primeros minutos del día fueron buenos y sé que será un día distinto ¿se acuerdan verdad, que dije que será un día fantástico?
Sin embargo la gente se empeña en joderme. La vieja del octavo viene conmigo en el ascensor y me mira raro. Pobre, no se da cuenta que me afeité todo. Le sonrío y le muestro los dientes esperando que me reconozca por el pedazo que me falta en el colmillo izquierdo. Ni loco pienso decirle quién soy. Hasta el perro de mierda que viene con ella me mira con desconfianza. Por fin salgo de ese encierro y llego a la calle. La vieja se da vuelta para mirarme porque no termina de enterarse quién soy. Llegar a esa edad y para colmo sin entender nada. Existe para sacar al perro a cagar, ir a la peluquería a ponerse rubia pagando con la pensión que le dejo el marido felizmente muerto y chismear con las otras viejas de su misma condición ¿Tendrá espejo en la casa?

Estoy a pocas cuadras del Shopping y voy a comprar una botella de whisky. Otra de las cosas que me tienen podrido. Shopping, whisky, off, sale, delivery y la puta que lo parió. Manga de estúpidos. Primero los gallegos y ahora los gringos, conquistadores y guardianes de la paz del mundo. Perdón, debí decir guardianes de las guerras del mundo, y felices habitantes de ese gran charco de extraños al norte del río Grande. Cuando voy entrando al Shopping, no encuentro otra forma de llamarlo, hay tres muchachos no sé de cuantos años, de esos que son menores para ver una película porno o para comprar una caja de vino berreta y que también son menores cuando te cagan a patadas en el culo para sacarte 20 pesos y poder comprar un porro. ¿Porro? Otra palabra inventada. Me miran de pesado pero no les saco los ojos de encima. Los mismos ojos hundidos con las cejas caídas hacia abajo del lado de las orejas y las orejas con los lóbulos grandes como para usar caravanas. Desviaron la mirada. No aguantan nada. El día viene interesante tal cual yo lo había previsto. ¿De dónde salió tanta gente? Claro, aquí están seguros. Los chorros están afuera y aquí está lleno de off y Sale. También te afanan pero no podes decir nada. Un cortado y dos bizcochos $ 52. Ofertas por off: con tarjeta Oca o Visa el iva lo pagamos nosotros, dice el cartel. Mientras miro a través de la vidriera veo mi figura reflejada en el cristal. Un cartel de $ 199 me queda en el medio del pecho. Me pongo un poco de costado y fijo la mirada en mí. Estoy de oferta. 50 % off. El pantalón tiene las rodillas marcadas. A los zapatos les falta pomada. Las mangas del abrigo me quedan un poco largas. La bufanda me cuelga un poco más largo de un lado que del otro. Al lóbulo izquierdo de mi oreja le falta una caravana. Entro, total. Tarjeta no uso. Tengo que hacer un poco de tiempo para comprar el whisky y hacer de este día el mejor día ¿les dije que este será el mejor día? Por eso lo del whisky, para festejar.




Compré un chocolate de fabricación nacional y tengo que hacer cola para pagar.
Adelante mío una mina joven, con pilchas importadas sobre de la piel, dejaba adivinar buenas curvas. Parecía tener cara interesante pero su pelo teñido, el abundante rímel, los ojos dibujados con lápiz oscuro delante de un espejo seguramente sano, el lápiz labial que había seguido perfectamente la forma de sus labios y el brillo colocado sobre el lápiz labial hacían difícil asegurar que fuera bonita. Además se notaba que tenía bastante base de color similar a su piel. No debía ser bonita si ocultaba su cara.
Seguí viaje y por fin compré la botella de whisky en una estación de servicio. Nacional por supuesto, pero con nombre inglés.
Mientras iba caminando me pareció ver la bonita mujer de cara angelical y sin rostro de mis sueños. De la mano de ella iba el niño que casualmente iba llorando. Disfrutaba viendo como el sueño se hacía realidad. Seguí caminando detrás de ellos con la esperanza de que en alguna esquina el hombre del sueño tomara a la mujer de la mano y el niño desapareciera. Como nada de eso pasó me paré en la esquina esperando la luz verde para cruzar. Cuando lo pude hacer una camioneta se paró delante para bajar mercadería. Papas fritas Lays. Esquivé la camioneta y crucé. El edificio al que yo iba estaba lleno de gente bien vestida que caminaba en varias direcciones. Debí esperar unos minutos para poder tomar el ascensor. Quedamos todos apretados con aroma a perfumes varios. Algunos miraban el techo, otros el reloj haciendo gesto de “que tarde se me hizo” mientras otros leían un supuesto informe o miraban como las luces de los números marcaban los pisos
3… 4… 5 clinc... Las puertas se abren, bajan dos hombres y una mujer y 6… 7 y bajan todos. Quedo solo en el ascensor… 8…9… 10 se detiene y alguien pregunta ¿baja?
No le contesto, cierro la puerta y sigo. 11… 12… 13… hasta que por fin se detiene en el piso 24. Abro la puerta de chapa pintada de verde y una briza fuerte me golpea el rostro.
Me detengo por un instante y miro hacia arriba. Apenas algunas nubes pequeñas y blancas salpicaban el celeste fuerte del cielo. Veo pasar dos gaviotas elegantes.
El silencio casi perfecto solo es interrumpido por alguno bocina, allá abajo, en el mundo de los muchos y amontonados humanos. Mejor. Yo solo. Ahí arriba. Disfrutando de esa maravilla que estaba tan cerca y tan lejos de todos. Pongo la botella sobre el piso. Me siento en el pretil y suelto la bolsa de nylon. Ahora se eleva siendo un juguete del viento. De pronto se detiene, se desinfla y cae en picada. En seguida se hincha y vuelve a subir. Viaja y se pierde detrás del edificio que está enfrente. Quito el tapón de metal y bebo. Siento el calor en la garganta y me gusta. Mientras inclino la botella buscando mi boca observo el líquido que hace pequeñas olas dentro de la botella. Ahora el calor en la garganta me quema. Comienzo a experimentar como mis sentidos se vuelven más exasperados. Tampoco me importa lo que pasa allá abajo. Miro mi mano arrugada sosteniendo la botella. No tengo un espejo pero imagino mi rostro lampiño y mis lóbulos de las orejas esperando una caravana. Queda poco en la botella. Unos instantes después queda vacía. Pongo el pico hacia abajo para comprobar que está vacía.
Me inclino hacia adelante y siento que caigo; solo eso. Sin gritar. Sin dolor.
Por fin.
Por fin vuelo.
Por fin un día feliz
0o0o0o0o0o0o0


//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2012-01-05 11:40:28
Nombre: Hugo
Comentario: Hola Lucía.
Droga y enajenación. La necesidad de ser alguien y no saber como. La imposibilidad de un relacionamiento normal con el resto de la sociedad (los vecinos, etc.), la necesidad de creerse libre y la determinación final del suicidio ante la imposibilidad propia de lograr algo.
Por esos caminos va la narración.


Fecha: 2012-01-05 04:32:38
Nombre: Lucia Belen
Comentario: No se si me gustó,no la primera parte demasiado repetitivo, para mi gusto, el resto bastante original, o sea cuando lo lea de nuevo tal vez lo entienda mejor...