ÔĽŅ Sucesos en la Feria de las Cosas ExtraŮas. Cuentos cortos infantiles
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Sucesos en la Feria de las Cosas Extra√Īas

Autor: Ketty Blanco

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Cuento publicado el 01 de Enero de 2005


En un yerbazal, donde nadie imagina cu√°ntas cosas pueden suceder, el pa√≠s de los insectos, gusanos y bichos de mil cala√Īas resulta un escenario de continuo ajetreo y lleno de vida.

He aqu√≠, por ejemplo, el o plant√≥n m√°s concurrido de este pa√≠s. En la √ļltima primavera, los aguaceros hab√≠an pintado todo de verde. Y, como sucede al finalizar cada primavera, los insectos, gusanos y otros bichos del yerbajo celebraban la Feria donde se expon√≠an Cosas Extra√Īas. Los habitantes del lugar llevaban all√≠, al gran hueco dedicado a los Festejos, cualquier clase de objetos que ellos consideraban √ļnicos en el mundo. El √ļltimo d√≠a, se efectuaba la elecci√≥n del Objeto Raro M√°s Extra√Īo del A√Īo. Las abejas se hab√≠an alzado con el premio en los tres √ļltimos a√Īos consecutivos, con sus muestras tituladas ¬ďCabellos Humanos¬Ē, ¬ďUna Cuchilla de Afeitar¬Ē y ¬ďEl Trozo de Tela Brillante¬Ē. Esta √ļltima muestra caus√≥ un asombro tan grande que hizo fama en los lugares vecinos y todav√≠a se recuerda.


Al pueblo, en fecha muy reciente, lleg√≥ la sobrina de do√Īa Carme la Esperanza. Era Lil√≠, una esperancita verde cuyas alas resplandec√≠an como las gotas de roc√≠o en las hojas de las flores. No era precisamente un habitante de este lugar, pues viv√≠a en la ciudad cercana, donde era la Presidenta de todos los bichos en la Universidad. Por supuesto, a diferencia de los habitantes de all√≠, Lil√≠ estaba muy acostumbrada a la presencia de los humanos, pues ten√≠a que lidiar con ellos todo el tiempo. Quiz√° debido a ello, la jovencita gozaba de cierto prestigio y hasta se daba un aire de vanidosa superioridad. Y no le gustaba, en absoluto, visitar el campo. S√≥lo accedi√≥ a visitarlo para cuidar a su t√≠a ya que los aguaceros recientes la hab√≠a resfriado.

Los bichos estaban en pleno ajetreo, pero ya no era s√≥lo por la Feria de las Cosas Extra√Īas: algunos lugare√Īos j√≥venes, se preparaban para invitar a la bella Lil√≠, la sobrina de do√Īa Carme, a salir de fiestas. Muchos osaron acercarse a la resfriada t√≠a, para pedir su consentimiento: y ella lo hab√≠a dado a todos, total, estaba enferma y en √ļltima instancia no deseaba que su sobrina se aburriera. Pero Lil√≠, en el transcurso de los d√≠as, le hizo desplantes a todo el que se le acercaba, llam√°ndolos ¬ďelementales bichos de campo¬Ē. Finalmente, los m√°s t√≠midos, y otros que no estaban dispuestos a sufrir el desaire, desistieron de ofrecerle su invitaci√≥n. S√≥lo persisti√≥ un escaso grupo de j√≥venes arriesgados, dispuestos a enfrentar cualquier reto: Rigoberto Esperanzo, jactancioso y autosuficiente; Z√°ngano Zuz√ļ, siempre optimista como el perro que encuentra un hueso; Horacio la Lombriz, callado como una guayaba; y Bemol el Grillo, quien pod√≠a pasarse la primavera o el invierno entero tocando su viol√≠n.

Por fin qued√≥ inaugurada la Feria, esta vez los gusanos llevaban la delantera, pues hab√≠an expuesto un pedazo de piedra brillante, que hab√≠an sacado de la profundidad de un hueco de ara√Īas abandonado. La noche parec√≠a excitante, las damas con sus mejores vestidos sal√≠an a presumir... Muchos llegaban desde plantones vecinos a vender golosinas y vidrios de colores para decorado interior.

Lilí había decidido verlo todo desde el portal de su tía; por suerte, Carme vivía justo enfrente de la Feria. La joven esperancita prefirió quedarse en casa, antes que salir con alguien que no podía considerar de su gusto y altura. Pero ella ignoraba que, desde un rincón cercano, era acechada por cuatro valientes mancebos, listos para asediarla.


¬Ė ¬ŅQui√©n es el primero que se atreve? ¬Ėpregunt√≥ Bemol el Grillo.

¬Ė ¬°Yo! ¬Ėdijo Horacio la Lombriz¬Ė. Le dir√© algo que le√≠ en un cuento...

Horacio se entonó ante la mirada sorprendida de sus amigos:

¬ĖAaah... Siempre les aconsej√© leer. Ahora mismo ver√°n qu√© resultado.

Y, enseguida, apoyando más de lo acostumbrado su barriguita en tierra, Horacio se aproximó a la esperancita:

¬ĖHola, encantadora damisela, bella Lil√≠... ¬ŅQuisieras salir conmigo?

¬Ė ¬ŅY ad√≥nde planeas llevarme? ¬Ėpregunt√≥ Lil√≠, fingiendo curiosidad.

¬ĖPues, mi dulc√≠sima pricesa, le llevar√≠a a la Exposici√≥n, para que vea...

¬ĖYo la veo muy bien desde aqu√≠ ¬Ėle interrumpi√≥ Lil√≠¬Ė. ¬°Gracias! ¬Ėy dicho esto, volte√≥ la cara hacia otro lado.

Como un caballero que ha perdido el pa√Īuelo de su amada, regres√≥ Horacio adonde lo esperaba el grupo expectante, quienes presenciaron todo alegr√°ndose en el fondo por el p√©simo resultado de la gesti√≥n de Horacio, as√≠ tendr√≠an ellos tambi√©n su oportunidad.

¬Ė ¬°Puessss, ahora sssss√≠ que voy yo! ¬Ėzumb√≥ Z√°ngano Zuz√ļ. ¬Ė ¬ŅSsssaben qu√©? A m√≠, sssseguro me dir√° que sssss√≠...

Sin mucha prisa, el zángano alzó su vuelo más sutil, acercándose silencioso para dar una sorpresa a la joven:

¬ĖBuenassss nochesss, ssssse√Īorita... ¬Ėsalud√≥ desde el aire.

¬Ė ¬°Ay, qu√© susto me ha dado! ¬Ėse sobresalt√≥, muy disgustada, la esperancita. ¬Ė ¬ŅAcaso no pudo usted presentarse como un bicho normal?

¬ĖHuy, lo sssssiento... sssss√≥lo quer√≠a invitarla a sssssalir ¬Ėse limit√≥ a responder, t√≠midamente, Zuz√ļ. ¬Ė¬ŅAcassso podr√≠amosss volar juntossss...?

¬Ė ¬°Pero qu√© pretencioso! ¬Ėse molest√≥, un poco m√°s, Lil√≠. ¬Ė ¬°No! ¬°Y no!

El pobre zángano, derrotado, regresó adonde el grupo con la desilusión de todo zángano al que una flor se niega a darle su gotita de néctar. Por suerte, no se vio en la necesidad, engorrosa por cierto, de contar su fracaso a los demás, ya ellos habían presenciado la escena lamentable.

¬Ė ¬°Ten√≠a que ser yo! ¬°Yo la convencer√©, yo mismo estoy ya convencido! ¬Ėri√≥ Bemol.

Y el grillo saltó hasta el portal de la esperancita, entonando una melodía que, de sólo oírla, a Lilí se le antojó de mal gusto y fuera de moda:

¬Ė ¬ŅPor qu√© no te callas, eh? ¬°No me dejas o√≠r los rumores de la feria!

El m√ļsico, despu√©s de ese recibimiento y recordando las escenas anteriores, no quiso siquiera probar suerte, y se estir√≥ de un brinco a esconderse en lo m√°s remoto del yerbajo.

¬ĖMuy bien. Ahora, es mi turno...¬Ėse frot√≥ las patas Rigoberto Esperanzo, y ech√≥ a andar hacia la dama, confiado en su seguro √©xito¬Ė: Hola, princesa... ¬ŅNo se te ocurre que la noche es muy buena para salir de paseo?

Lilí lo miró de arriba abajo, y con gran esfuerzo contuvo la risa ante la rara compostura del insecto:

¬ĖY usted, caballero ¬Ņtiene nombre?

¬ĖOh, claro: me conocen por Rigoberto, para servirle ¬Ėse anim√≥ el conquistador.

Esta vez, por desgracia, Lilí no pudo contenerse, y soltó una gran carcajada que cayó sobre el pobre bicho como una fruta a punto de pudrirse:

¬Ė ¬°Pero, se√Īor m√≠o, qu√© nombre tan feo!

Rigoberto, apenado hasta la √ļltima pata, baj√≥ la cabeza sin atinar a contestar nada. Se dio media vuelta, intentando adivinar una f√≥rmula eficaz para salir del aprieto, cuando se escucharon otras voces:

¬Ė ¬°Lil√≠! ¬°Lil√≠! ¬°Este yerbajo est√° perdido del mapa!

Por un trillo vecino habían aparecido, de pronto, sus amigos de la escuela. Lilí brincó entusiasmada, sin acordarse de Rigoberto, quien permanecía de pie frente al portal. La esperanza y sus amigos se marcharon en tropel en dirección a la Feria...

La algarabía, entretanto, inundaba el plantón. Los gusanos se revolcaban en la tierra de puro contento. Parecía que ya nada podría quitarles el premio. De pronto, el cielo se oscureció. Presos de pánico, todos corrieron, saltaron o se arrastraron a esconderse. Por el aire venía aproximándose una especie de nave, y sólo cuando estuvo muy cerca, se pudo distinguir que la comandaban los abejorros. Ya en tierra, la nave fue rodeada por los curiosos de la feria. Todo el mundo daba su opinión sobre el origen y cualidades de aquel objeto. Una voz resonó en la multitud:

¬Ė ¬°Eso es un zapato! ¬Ėexclam√≥ la lombriz m√°s vieja de aquellos plantones¬Ė. Yo misma estuve a punto de ser aplastada por uno semejante, hace muchas primaveras.

Los abejorros, orgullosos de su hallazgo, recibían la felicitación general. Por primera vez, ellos serían los triunfadores.

La feria continu√≥ bajo el influjo melodioso del viol√≠n de Bemol el Grillo, quien disfrutaba de la fiesta acompa√Īado, finalmente, de una grillita loca reci√©n aparecida en aquel plant√≥n. De los otros pretendientes de la bella Lil√≠, por cierto, no se supo nada hasta la primavera siguiente...

//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2008-06-02 07:19:20
Nombre: angie
Comentario: muy bonito el cuento de la feria


Fecha: 2007-03-23 14:03:05
Nombre: paulina
Comentario: padre pero asi termina o ba a ber 2 parte



Fecha: 2006-11-26 09:09:10
Nombre: Paulina
Comentario: Me gusto.. pero quede con ganas de sabes mŠs. Como que termino muy repentinamente... eso



Fecha: 2006-08-21 19:34:54
Nombre: juan
Comentario: buen la idea central.. pero el cuento no posee final. queda en el aire lo de tratar de invitar a la jovencita. insisto que no posee final.