ÔĽŅ El carretero. Cuentos cortos infantiles
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El carretero

Autor: Emilia Cortés Zaragoza

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Cuento publicado el 30 de Noviembre de -0001


Desde que divis√≥ una mancha en el horizonte hab√≠a acelerado sus pasos tras de ella; ahora cada vez la ve√≠a m√°s grande pues ya estaba bastante cerca. Hac√≠a rato que estaba viendo la silueta de un hombre caminando. Levaba √©ste descuidadamente unas riendas a las cuales estaba atado un mulo de color siena. Cuando se acerc√≥ √ďscar deceler√≥ su marcha, iba recuperando el ritmo de su respiraci√≥n. Pretendi√≥ acompasar sus pasos a los del arriero, el cu√°l en ning√ļn momento accedi√≥ a los deseos de √ďscar, pero lo mir√≥ y viendo las dificultades del chico se detuvo. Para ello tir√≥ con fuerza de las riendas, al tiempo que lanzaba el caracter√≠stico grito: ¬°SOOO BURRO!


Desde la correa que le sujetaba el pantal√≥n colgaba un trapo, el cual emple√≥ para secarse el sudor que le resbalaba por la cara. Un diferente color aparec√≠a en su piel. El polvo del camino estaba acumulado en su cara y al pasar el trapo, - en realidad era un pa√Īuelo grande- √©ste se apoderaba de la suciedad y su frente se quedaba dibujada en dos tonalidades diferentes: donde hab√≠a pasado el trapo estaba m√°s clara que el resto. Lo mismo suced√≠a con las mejillas. Volvi√≥ a introducir el trapo donde lo hab√≠a sacado y pregunt√≥ a √ďscar:

- ¬ŅD√≥nde vas chaval?

√ďscar levant√≥ su mirada. La corpulencia del carretero era desmesurada y se fij√≥ antes de contestar en un rostro en el que predominaba un pelo hirsuto y largo despu√©s de varios d√≠as sin afeitar:

- Voy a Rebeca, no s√© si √©ste es el camino. ¬ŅLo sabe usted?

- Sí, - respondió el hombre-, sube, te llevo.

Fue hacia la parte trasera del carro y apoyando las manos en el bastidor, emple√≥ √©ste y el empuje de sus pies para elevar su cuerpo e introducirse en el interior del carro, donde se sent√≥ sobre una caja vac√≠a de alguna bebida refrescante cuyo nombre ya hab√≠a sido borrado por el tiempo y por el sol. Observ√≥ alrededor y se presentaban ante √©l diferentes objetos: varias cuerdas y maderas, libros y diversas revistas, botellas... etc. Le llam√≥ la atenci√≥n un viol√≠n que s√≥lo ten√≠a dos cuerdas, y los restos de las otras dos se enroscaban en dos peque√Īos pivotes ensartados en el mando de dicho viol√≠n. Restos de otros aparatos musicales se desperdigaban por el fondo del carro: tuvo que apartar algunos para acomodar sus pies.

Tras unos minutos de reanudada la marcha, √ďscar oy√≥ la voz del arriero cantar. No entend√≠a la letra ya que √©sta era una sucesi√≥n de alaridos cuyo significado s√≥lo estaba en la mente del hombre. Se recost√≥ en la desvencijada armadura del carro, y se dej√≥ adormecer entre el traqueteo de √©ste y la voz pastosa del arriero. Durante m√°s de una hora permaneci√≥ en esta posici√≥n, y empez√≥ a parecerle la m√°s alegre de las melod√≠as que hab√≠a escuchado nunca. Melanc√≥licamente se traslad√≥ al lugar de donde proced√≠a y se turb√≥, pero no fue nada m√°s que un momento de debilidad, la cual alej√≥ de su mente. Se incorpor√≥ y se acerc√≥ al pescante.

- ¬ŅPor qu√© canta usted?, pregunt√≥ al carretero.

El hombre se apart√≥ un poco y dej√≥ sitio para que √ďscar se sentara a su lado. As√≠ lo hizo √©ste; antes tuvo que apartar un saco de arpillera que encontr√≥ en el asiento.

- ¬ŅPor qu√© canto?, curiosa pregunta... yo ya me lo he planteado miles de veces y no s√© la respuesta. Hubo un tiempo en que me guiaba una frase que o√≠a en mi pueblo: ¬ďel que canta su mal espanta¬Ē. Pero no. Mi mal no lo espanta nadie, ya que ya no hay nada capaz de herirme. Sencillamente me hace compa√Ī√≠a, ¬Ņte gusta?

√ďscar no sab√≠a la respuesta que necesitaba el hombre. Observ√≥ su mirada perdida en el horizonte y hacia all√≠ dirigi√≥ la suya. Empezaban a vislumbrar las casas del pueblo al que se dirig√≠an.

- S√≠, me gusta... ¬ŅQu√© dice?

- Nada, sólo son sonidos que espantan mi soledad. Voces que me imagino que vienen del Cielo, y que los mismos ángeles me dedican. A veces cambio la tonalidad y me las envío desde el Infierno. No sé cuál me gusta más.

A √ďscar comenzaban a inquietarle los sombr√≠os pensamientos del arriero y pens√≥ que desviando la conversaci√≥n hacia un tema de su dominio, el camino se les har√≠a m√°s corto a ambos.

- ¬ŅEst√° usted casado?, pregunt√≥ √ďscar.

- Lo estuve ¬Ė dijo-, tal vez a√ļn lo est√©. Me marche hace tiempo... mucho tiempo, - corrobor√≥ al tiempo que azuzaba al mulo para que acelerara el paso.

√Čste se estremeci√≥ ligeramente al sentir la vara sobre su lomo, e inicio un leve trote. Un nuevo grito del conductor del carro sobresalt√≥ a los √°rboles que hab√≠a alrededor, y provoc√≥ que algunos p√°jaros que se hallaban encaramados en sus ramas, iniciaran una desbandada buscando el silencio de otras latitudes. √ďscar lo sigui√≥ con la mirada: manten√≠an una formaci√≥n casi sim√©trica. Se hallaban separados en dos grupos y mantuvieron un vuelo en paralelo durante muchos metros; al final desaparecieron en la lejan√≠a y dej√≥ de interesarse por ellos.

Desvi√≥ la mirada hacia el hombre esperando que siguiera contando algo de su vida, pero un mutismo casi absoluto se hab√≠a apoderado de su rostro. La colilla que ten√≠a prendida en sus labios fue despedida con violencia y cay√≥ en el camino. A √ďscar le sobrevino la certeza de que igual suerte hab√≠a corrido su pasado. Quiso indagar en √©ste y se lo hizo saber al hombre, aunque disimulando sus verdaderas intenciones. Opt√≥ por hacer una pregunta banal para disimular la curiosidad que se hab√≠a adue√Īado de √©l.

- ¬ŅC√≥mo se llama?, - le pregunt√≥.

Fij√≥ su mirada en los pies de √ďscar que colgaban desde el pescante, ya que el lugar que deber√≠a de ocupar el suelo se encontraba desguarnecido. Esta era otra de las costumbres que ten√≠a, le gustaba mirar discurrir el suelo bajo sus pies; ve√≠a como durante unos segundos piedras de diferentes formas y tonalidades, alguna hierba, alg√ļn cart√≥n que hab√≠a formado la estructura de alguna caja, y que el viento, la lluvia y el paso de otros veh√≠culos sobre ella, la hab√≠an deformado. En algunas de ellas se alcanzaba a ver impresas las letras que un d√≠a la vistieron de vanidad, pero que ahora permanec√≠an humilladas sirviendo de alfombra en el paso de algunos animales como su ¬ďMojama¬Ē, y veh√≠culos de motor que la iban despojando de su color. Durante unos segundos las observaba en el camino, las ve√≠a acercarse y desaparecer cuando el mulo primero, y el carro despu√©s pasaban sobre ellas. En algunos de estos cartones aparec√≠an marcadas las huellas que dejaban los veh√≠culos, sin embargo, ya apenas se le√≠an ya que empezaban a ser sepultados por el polvo.

- Gaspar, me llamo Gaspar, aunque hace tiempo me llamaban ¬ďGaspi¬Ē, pero de eso ya..., cerr√≥ los ojos y cerr√≥ su pasado. √ďscar comprendi√≥ que iba a ser imposible adentrarse en los secretos que envolv√≠an al hombre, el cu√°l, introdujo la mano en un bolsillo de su chaqueta de la que extrajo un paquete de tabaco deformado. Sac√≥ de √©ste un cigarrillo y se lo ofreci√≥ a √ďscar. √Čste lo rechaz√≥ ya que era un h√°bito que a√ļn no hab√≠a adquirido:

- No gracias, no fumo.

Gaspar encendi√≥ el cigarrillo con un mechero, por lo cu√°l tuvo que hacer pantalla con la otra mano y dej√≥ las riendas en la mano de √ďscar; √©ste se sinti√≥ protagonista en la vida de Gaspar, y le pidi√≥ que le transmitiera las razones que le impulsaban a realizar aquellos trayectos que √©l ve√≠a tan solitarios y tan tristes. Era un hombre que realmente hab√≠a elegido su destino, y en estos momentos necesitaba comunicarse con el otro. Le estaba atacando la soledad.

- ¬ŅCrees de verdad que mi vida es aburrida?, - pregunt√≥ a su vez Gaspar-, voy a describirte lo que me rodea, mejor voy a hacerte una comparaci√≥n con la forma de vida que t√ļ conoces. ¬ŅCambiar√≠as tu techo por el m√≠o?

√ďscar se sorprendi√≥ por la pregunta:

¬ŅDe qu√© techo hablaba? Adivin√≥ su desconcierto el carretero y se√Īalando al cielo le indic√≥ a qu√© se refer√≠a:

- Mira, no conozco mejor techo que √©ste, ni m√°s extenso ni m√°s acogedor, ni m√°s leal. Me ampara su oscuridad en la noche. Me avisa cuando va a descargar agua, me calienta cuando tengo fr√≠o, y su claridad me despierta. Es suficiente para vencer su ataque de fr√≠o con un saco o con una simple manta. A veces me ha curtido tanto la piel que hasta incluso es innecesario cualquier tipo de abrigo. ¬ŅQu√© puedo desear? Saber lo que est√° pasando ha dejado de interesarme. Es una cuesti√≥n que hace mil a√Īos, me import√≥ tal vez demasiado, pero ya no, he visto la imposibilidad que me asiste, no s√≥lo a m√≠. Todos somos manejados por promesas que luego no se cumplen, y sin embargo vitoreamos a los l√≠deres que nos enga√Īan. Defendemos su verdad, una verdad que les ha sido predicada por alguien que vivi√≥ hace siglos y pese a eso mantiene su filosof√≠a, que generaci√≥n tras generaci√≥n se ha ido transmitiendo.

√ďscar empezaba a encontrarse desplazado. La elocuencia del arriero le estaba desarmando de sus prop√≥sitos de encauzar una conversaci√≥n donde pudiera tener cabida su pensamiento, pero una vez m√°s, quedaba demostrado el principio de tolerancia que le asist√≠a. Estaba en los dominios del otro, y respetaba su preferencia a exponer sus opiniones, aunque desconoc√≠a a qu√© o a qui√©n se refer√≠a.

- ¬ŅQu√© quiere decir?

√ďscar se hab√≠a apoderado de la vara que el otro hab√≠a dejado en un orificio sin fondo, y apoyada en una peque√Īa horquilla que se encontraba levado sobre este agujero, y sujeta con un perfil en forma de T, al que estaba soldada dicha horquilla. Con ella roz√≥ el lomo el mulo, a lo cu√°l fue respondido con un resoplido y con una nueva aceleraci√≥n de la marcha. Gaspar le arrebat√≥ la vara y volvi√≥ a encajarla en su lugar. Acto seguido tens√≥ las riendas para que el jumento aminorara la marcha y lanz√≥ otra vez uno de sus caracter√≠sticos gritos: ¬°SOOO! , el mulo afloj√≥ su paso. Nuevamente al trote Gaspar reanud√≥ la conversaci√≥n con una nueva pregunta:


- ¬ŅQu√© crees que quiere decir la f√°bula de la cigarra y de la hormiga?

√ďscar ten√≠a una opini√≥n sobre esto, y le interesaba m√°s conocer el punto de vista del carretero, y por ello le pregunt√≥ si de verdad cre√≠a en f√°bulas, a pesar del tipo de vida que llevaba. √Čste respondi√≥:

- S√≠... Bueno, me da igual. Ya no me planteo si es alg√ļn ejemplo de la realidad como me hicieron creer cuando era ni√Īo. Tambi√©n esto lo he dejado atr√°s ya que vivo m√°s tranquilo as√≠... Cuando era ni√Īo perd√≠ a mi padre y hace dos meses volv√≠ a visitar su tumba, en el cementerio, ¬Ņsabes?, donde lo enterr√©, donde lo met√≠ bajo tierra. Su tumba ya no exist√≠a. Ya se hab√≠a cumplido el plazo de estar all√≠, y como no fue adquirida en propiedad fue desalojada. De sus restos no he sabido nada, no he conseguido saber lo que ha pasado, y ¬Ņsabes lo m√°s curioso...?, ha dejado de importarme. Al menos me ayuda a convencerme de la inutilidad, sobre todo par ellos, de cruces, de l√°pidas y de oraciones. Dime..., ¬Ņpara qu√© quieren las flores?, ¬Ņconoces algo m√°s triste que ver marchitarse unas flores?, ¬Ņpalabras m√°s perdidas que las oraciones?, hay quien dice que son un consuelo. Es posible, pero, ¬Ņpara qui√©n? Es una muestra de hipocres√≠a que silencia remordimientos y que acalla compromisos. Deja estos para fechas se√Īaladas...

Hizo un receso en su monólogo y aspiro el cigarrillo, que acto seguido tiró al camino.

- Acudimos seg√ļn los c√°nones establecidos a honrar a nuestros muertos, y yo me pregunto, ¬Ņqu√© hab√≠amos por ellos cuando estaban vivos, contamos con su silencio para resaltar aspectos desconocidos por mucha gente que queda sorprendida al saberlo; ¬° si yo lo hubiera sabido!, exclaman mucha de estas personas al conocer alguna cualidad del ausente, pero si lo hubiera sabido ¬Ņqu√©? Es muy sencillo justificar haza√Īas que no son realizables y posiblemente nunca lo hubieran sido, pero f√°ciles de adquirir ya que nunca llegaran a plantearse seriamente. Siempre puede quedar impreso en el interlocutor que hab√≠amos sentido la ausencia del otro.

√ďscar se estaba quedando sin argumentos para hablar. S√≥lo deseaba llegar al pueblo cercano. En una se√Īal met√°lica anclada en el suelo estaba escrita la distancia que faltaba para llegar a Rebeca, el pueblo al que se dirig√≠an ambos; estaba deseando dejar la compa√Ī√≠a del arriero, su conversaci√≥n era ciertamente macabra y muy poco grata. Ya se ve√≠an con bastante claridad las primeras casas del pueblo. Un poco m√°s alejado se divisaba un tropel de edificaciones elevadas entre las que destacaba una m√°s elevada, supuso que ser√≠a el campanario de la iglesia, era un pueblo parecido al suyo. Gaspar sabiendo que ten√≠a al lado a alguien que por fuerza ten√≠a que escucharle, reanud√≥ su ch√°chara

- La comida no me preocupa, en todo el camino que llevo recorrido nunca me ha faltado. Hay √°rboles que me dan fruta, y otros a los que se la robo a cambio de alguna amenaza de los labradores que la vigilan. Mis o√≠dos est√°n sordos ante estos alaridos dichos de manera desaforada y con el √ļnico prop√≥sito de amedrentar mi resoluci√≥n. Todo queda disuelto en agua de borrajas cuando, con tranquilidad me retiro hacia mi carro con el escaso bot√≠n que necesito para mi sustento. Alguno que ha iniciado una carrera hacia m√≠ queda at√≥nito ante mi osad√≠a y detiene su carrera. Levanta su mano y no estoy seguro de si es un adi√≥s, un saludo o una amenaza. Cuando necesito lavarme siempre encuentro un r√≠o o una fuente que me solventa el problema. Incluso la lluvia me sirve en algunos casos. Hay campos que me ofrecen hortalizas, y alguna granja me proporciona huevos y cobijo en su granero. No tengo ning√ļn escr√ļpulo en solicitar alguna prenda de vestir a alg√ļn labriego y casi siempre la recibo.

-Supongo que alg√ļn favor les har√© con esta acci√≥n. Tal vez les haya servido para deshacerse de algo que odiaban, y por falso pudor lo manten√≠an en su poder. Otros me han acogido alrededor del fuego y en pago, les he relatado mi historia. No s√© si verdaderamente les interesaba pero aprovecho las absurdas creencias que anidan en ellos y que les hace ser m√°s tolerantes, pero ganan en sabidur√≠a aunque no se percaten de ello. Y lo m√°s importante, no tengo prisa ya que nadie me espera. No desato envidias ya que mi riqueza es inadvertida por los casuales caminantes que encuentro en mi camino. Desconozco la m√ļsica que atrona vuestras cabezas; la m√≠a me la componen los p√°jaros, la lluvia cuando cae sobre la capota de mi carro y acompa√Īa mi sue√Īo, mi mulo cuando rebuzna satisfecho s al recibir alguna caricia, y mi voz cuando evoca las letras de alg√ļn recuerdo. Cuando estoy por otros parajes el aullido de los lobos hace que mi piel se erice, pero no es por temor. Extra√Īos silencios me hacen despertar acompa√Īados de los primeros rayos de sol que calientan la ma√Īana.

A √ďscar comenz√≥ a aburrirle todas las exposiciones que le presentaba Gaspar y decidi√≥ rebatir sus argumentos:

- ¬ŅY amigos, ¬Ņno echas de menos a los amigos?

Naturalmente que s√≠, que echaba de menos a los amigos, m√°s era una cuesti√≥n que estaba a punto de dejar de importunarle. Eludi√≥ hablar sobre este tema, y volvi√≥ a la anterior pregunta que √ďscar le hab√≠a formulado:

- Ah, perdona. Me hab√≠as preguntado si entiendo la f√°bula de la cigarra y la hormiga, ¬Ņverdad? Una f√°bula..., yo qu√© s√©. Lo que dec√≠a un tal Samaniego y lo que le dicen las abuelas a sus nietos, pero yo no s√© lo que es.

La irritaci√≥n de √ďscar iba en aumento y ya anhelaba llegar cuanto antes a su destino. Le sorprendi√≥ la contestaci√≥n de Gaspar:

- Oye, chico, si hablando de f√°bulas no sabes de qu√© se trata, ¬Ņ c√≥mo quieres entender el embrujo que rodea mi vida? Yo s√≠ que recuerdo algo del episodio al que nos referimos: una peque√Īa hormiga arrastraba incesantemente restos de comida hacia su hormiguero. En una ocasi√≥n la cigarra detuvo el trasiego de la hormiga y le pregunt√≥ el motivo de su marcha. Conocido √©ste, sigui√≥ entregado a su descanso, mientras la peque√Īa hormiga continuaba con su labor. La consecuencia, imag√≠natela: un resultado manido y encauzado a doblegar actitudes. A hacer creer que el gozo es condenable y a querer demostrar que la abnegaci√≥n tiene su premio.

- ¬ŅY no lo tiene?, ¬Ņno termina la f√°bula con un descanso para la hormiga?, ¬Ņno ve el mensaje que trae impl√≠cito el cuento? Es un aprendizaje que todos debemos de seguir. La hormiga era m√°s previsora y tuvo su recompensa, la cigarra en cambio tuvo dificultades para subsistir.

- La realidad, - contest√≥ Gaspar- es que nadie puede garantizar un premio a cambio de su sacrificio, la realidad es que pese a su pasividad y a sus dificultades, sobrevivi√≥ al invierno, y tal vez se podr√≠a cambiar el final del relato, ¬Ņ por qu√© no una simple pisada sobre la entrada del hormiguero truncar√≠a la labor de √©sta?, ¬Ņpor qu√© se acepta c√≥mo realidad lo que s√≥lo son pensamientos de so√Īadores? Es posible que en un estado ut√≥pico tenga realizaci√≥n este acto, pero realmente... no.

- Durante mucho tiempo he sido hormiga y me he preparado para el largo invierno de mi vejez. Estoy llegando a √©sta y ya ves... He renunciado al enga√Īo que se estaba incubando dentro de m√≠. Siempre hay que contar con el desarrollo de la vida, con una tormenta impredecible, con un incendio intencionado o casual, con un terremoto, o con una cornisas que te cae en la cabeza cuando paseas con la que va a ser tu futura compa√Īera.

Hizo un receso en su mon√≥logo, es posible que estuviera preparando la continuaci√≥n de su discurso. Mir√≥ a √ďscar. √Čste aparec√≠a con una actitud ap√°tica, signo inequ√≠voco de que las frases que estaba oyendo estaban alterando sus convicciones, pero se resist√≠a a aceptarlas como v√°lidas o al menos como indiscutibles. Admit√≠a √ďscar que la experiencia del carretero, miles de an√©cdotas que se habr√≠an formado alrededor de su vagabundeo, hab√≠an condicionado sus pensamientos. Pero se negaba a admitir la infalibilidad de la que se revest√≠a. Precavido en sus palabras y desorientado, pregunt√≥:

- Pero, ¬Ņeres feliz?

Estuvo durante un rato meditando la respuesta o tal vez buscando alguna frase que sirviera para deshacer el silencio que las dudas de ambos estaba haciendo presente. No tenía ninguna vacilación de que su elección había sido la correcta.

- S√≠, - contest√≥- todo lo feliz que la vida puede hacerme. Creer√°s que es muy poco lo que me ofrece, pero no le pido m√°s, ¬Ņ para qu√© quiero m√°s? La luna es mi compa√Īera, ¬Ņhay mejor acompa√Īante que el silencio?, ¬Ņmejor equipaje que el recuerdo de una noche de amor bajo las estrellas, ¬Ņmejor perfume que el roc√≠o?, ¬Ņ mejor calor que el del sol?, ¬Ņmejor refrescante que el agua de la lluvia?, ¬Ņmejor manjar que la manzana de un √°rbol?

No, el mundo que voy dejando a mi espalda no me atrae. Me aterra cuando un salvador decide que su voluntad va a ser la que rija los destinos de un país, y cuando sus sicarios creen que es cierto. Toda su vida la consagran en pos de las ideas de otra persona, de alguien que ha atropellado su realidad y la cambia por su fanatismo....

Una l√°grima comenz√≥ a resbalar por la mejilla de Gaspar. √ďscar se apercibi√≥ de esta circunstancia, pero no quiso inmiscuirse en los sentimientos que empezaban a incrustarse en el coraz√≥n de Gaspar. Ya se divisaba muy cercano el pueblo y se dispuso a bajar del carro.

- Pare seguiré andando.

Gaspar tir√≥ de las riendas y ¬ďMojama¬Ē se detuvo con un nuevo resoplido. Su piel estaba reluciente por el brillo producido con el sudor que resbalaba por su piel debido al esfuerzo que estaba realizando. √ďscar desliz√≥ su cuerpo fuera del pescante. Ya en tierra agradeci√≥ a Gaspar el transporte:

- Gracias por el viaje, ¬Ņle invito a comer, vale?

¬ŅEntonces por qu√© bajas?, -pregunt√≥ con sorna Gaspar-, anda sube, vamos a la cantina.

Volvi√≥ a subir al lugar del que hab√≠a bajado y con un ligero trote, se adentraron en Rebeca. Se dirigieron a un establo que se encontraba en la entrada del pueblo. All√≠ Gaspar desat√≥ al mulo. √Čste se acerc√≥ al abrevadero e introdujo la cabeza dentro de √©l. Acto seguido la sac√≥ y la sacudi√≥ con violencia. Infinidad de gotas se desprendieron de su pelo. Volvi√≥ a introducir su boca en el agua e ingiri√≥ una gran cantidad. Desde una prudente distancia, Gaspar dejaba que ¬ďMojama¬Ē realizara su cometido. Conoc√≠a las reacciones del animal; estaban √©stas guiadas por un instinto que en el transcurso de su convivencia, ambos hab√≠an aprendido a respetar √ďscar ayud√≥ a estacionar el carro sobre uno de los pilotes que se encontraban a lado del abrevadero. Era un sitio destinado a atar monturas, pero embebido en la filosof√≠a de Gaspar comenz√≥ a acariciar su anarquismo. Con potencia, aproxim√≥ el carro hacia ducho poyete y apoy√≥ uno de los largueros sobre √©l. El carro bascul√≥ ligeramente pero consigui√≥ mantener su dignidad. Se acerc√≥ Gaspar y juntos entraron en el establecimiento. Las tres mesas de que dispon√≠a el local estaban ocupadas por lo cual se aproximaron a la barra. All√≠ √ďscar pregunt√≥ si en el pueblo hab√≠a alg√ļn lugar para pasar la noche. La decepci√≥n aparec√≠a en el rostro de Gaspar.

Fue informado de la direcci√≥n y acudi√≥ all√≠ en busca de cobijo mientras el otro quedaba sumido en extra√Īas reflexiones. Hasta sus o√≠dos llegaban las voces de entusiasmo de unos muchachos que lanzaban dardos hacia una diana. Hubiera deseado que la diana fuera su coraz√≥n: nuevamente hab√≠a sido engullido por una falsa esperanza. Era consciente de que estaba retratando una vivencia que s√≥lo exist√≠a en √©l, y que dif√≠cilmente podr√≠a atraer a otra persona que no tuviera su misma decepci√≥n. El intento de trasladar su serenidad, una vez m√°s iba a terminar en fracaso. Nada le importaba a √ďscar el brillo de la luna, y nada le atra√≠a el silencio. Seguir√≠a siendo su √ļnico compa√Īero.

Pag√≥ la consumici√≥n y sali√≥ a la calle. La luz de la taberna proyectaba su sombra sobre el suelo. Delineaba un cuerpo deforme, escu√°lido en sus piernas y amenazante en los hombros, como si se tuviera que preparar para llevar la pesada carga que se iba a posesionar sobre ellos. Se acerc√≥ donde estaba ¬ďMojama¬Ē y le propin√≥ suaves golpes en las corvas. El animal conoc√≠a esta orden y se arrodill√≥, apoy√≥ la cabeza en las patas y se dispuso a pasar la noche. Acudi√≥ al lado del carro y separ√≥ el larguero que descansaba sobre el poyete, lo apoy√≥ en el suelo y qued√≥ en una posici√≥n inclinada que le facilitaba el acceso. Se acost√≥ en la plataforma del carro y cruz√≥ las manos detr√°s de la cabeza. Cerr√≥ los ojos y por primera vez en muchos a√Īos, la vacilaci√≥n amenazaba con hacerse replantearse sus convicciones. Asom√≥ su mirada al exterior y dirigi√≥ su mirada al cielo, rog√≥ a la luna que le ayudase, que siguiera dibujando su norte. Implor√≥ a los campos de trigo que siguieran brotando en su camino. A los p√°jaros que siguieran tocando m√ļsica para √©l, a la lluvia que le siguiera mojando, al sol que le infundiera calor... y a Dios que le acompa√Īara en su lamento.

A la ma√Īana siguiente fue despertado por los rebuznos de ¬ďMojama¬Ē. Acudi√≥ a ella y le suministr√≥ la raci√≥n de pienso diaria. Realiz√≥ sus rutinarios quehaceres: enganch√≥ los aparejos al carro y se subi√≥ en √©l. Hizo silbar el l√°tigo sobre la cabeza del animal y emprendi√≥ una nueva marcha, una de las mil que hab√≠a iniciado con el sol a su espalda. A lo lejos divis√≥ una figura que parec√≠a estar esper√°ndole. En su cerebro se dibuj√≥ un extra√Īa frase: ¬ďAquel que apueste y pierda, sentir√° rechinar los dientes¬Ē.

- No lo sé... de lo que me he convencido es de que la vida es una apuesta.

Un ligero temblor sacudió su mandíbula.


//alex


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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2008-11-10 18:28:54
Nombre: ANNA L
Comentario: PUES AMI ME GUSTO BIEN MUCHO ESTE CUENTO, APESAR DE QUE ES INFANTIL, TINE MUCHAS COSAS DE DONDE APRENDERLE...

BUENO PUES ES TODO LO QUE YO TENIA QUE DESIR
BAY....


Fecha: 2008-11-01 16:47:49
Nombre: ale
Comentario: eres una gran inventora te felicito muy pocas personas tienen ese talento


Fecha: 2008-10-11 13:52:11
Nombre: daniela
Comentario: ese cuento me parecio lo maximo pero muy largo

chaoooooooooooo
quiero seguir leyendo


Fecha: 2008-09-29 07:57:58
Nombre: valeria
Comentario: shiii menos mal k el cuento era corto
jajajja terrible larga la cochina


Fecha: 2008-09-10 18:59:51
Nombre: jesus
Comentario: es muy largo



Fecha: 2008-09-10 11:48:47
Nombre: caca
Comentario: no me gustan los cuntos largos pedi unos cortos



Fecha: 2008-09-05 11:25:03
Nombre: ESTELA
Comentario: ESTA UN POKO LARGO
Y ME COSTO TRABAJO
LEERLO PERO AL FIN estubo
un bonito y me guzto
de maciado
°°°°°°°°°°FELICIDADES!!!!!!!!!!!
Y MUCHA ZUERTE
PARA LA PROXIMA ATTT: GATIZX


Fecha: 2008-08-29 05:07:51
Nombre: sandra
Comentario: bueno el cuneto me gusto muxo pero no estan corto q digamos....


Fecha: 2008-08-02 09:28:21
Nombre: jimena
Comentario: es mucho seria mas corto


Fecha: 2008-07-08 15:19:14
Nombre: Thinker
Comentario: Algo mas corto y talvťs ilustrado serŪa agradable, pero dale, el cuento estŠ bueno


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