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Las rosas y el origen de sus espinas

Autor: Magdalena García Silva

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Cuento publicado el 12 de Septiembre de 2017


Te voy a contar lo que s√© sobre la leyenda de c√≥mo las rosas adquirieron sus preciadas espinas. El c√©sped opina que todo sucedi√≥ en minutos mientras que el roble exclama que fueron a√Īos de agon√≠a. El viento susurr√≥ en mis o√≠dos que los relojes se detuvieron por un tiempo y que el sol con la luna se tomaron un descanso. Yo s√≥lo te puedo contar lo que el sabio b√ļho me dijo que escuch√≥ del espeso bosque, el cual fue informado por un alce que se hab√≠a perdido entre sus ramas; y as√≠, sucesivamente, pas√≥ de boca a hocico, de hoja a p√©talo, de la brisa a la tierra, del colibr√≠ al √°guila, del tigre al rat√≥n hasta llegar a mis expectantes o√≠dos.

He aquí cómo sucedió.
El b√ļho me cuenta que las rosas no fueron creadas con espinas. Que cuando el consejo de sabios se reuni√≥ para decidir c√≥mo ser√≠an estas flores la opini√≥n un√°nime fue que deber√≠an ser las m√°s bellas de la tierra ¬Ö Tal y como son las rosas.
¬ďY ahora, estimados, ¬Ņc√≥mo lo lograremos?¬Ē, exclam√≥ preocupado uno de los miembros del consejo, ¬ď¬ŅC√≥mo crearemos a estas flores para lograr que sean perfectas?¬Ē.
¬ď¬°Ya s√©!¬Ē, grit√≥ entusiasmado el sabio pintor, ¬ďque tengan magn√≠ficos p√©talos como jam√°s hayan existido: con colores brillantes, tonalidades que provoquen escalofr√≠os en quien las admire y una textura de terciopelo que pida ser acariciada¬Ē.
¬ď¬°Qu√© buena idea!¬Ē, comentaron los viejos sabios agarr√°ndose entusiasmados los pocos cabellos blancos que les quedaban; no pod√≠an contener la euforia que les provocaba el ser dioses creadores de perfecci√≥n.
¬ď¬°Yo quiero colores blancos que representen su pureza!¬Ē, grit√≥ saltando sobre su asiento uno de ellos.
¬ďNecesitan tener todas las tonalidades de rojo posibles¬Ē, declar√≥ apasionado el m√°s rom√°ntico de los viejos sabios.
¬ď¬ŅTodas las tonalidades? ¬ŅSeguro?¬Ē, pregunt√≥ incr√©dulo y esc√©ptico uno de ellos debido al derroche de rojos.
¬ď¬°Por supuesto!¬Ē, grit√≥ euf√≥rico el de la idea subi√©ndose a la mesa de un brinco y sin importarle las copas de vino que se derramaron en la mesa; y agreg√≥: ¬ď¬°El mundo necesita de todos los rojos habidos y por haber para que los enamorados puedan expresar su pasi√≥n como se debe!¬Ē.
¬ďTonalidades anaranjadas que reflejen el despertar del sol¬Ē, dijo otro sabio mientras limpiaba resignado su sotana blanca manchada con el vino que se derram√≥.
¬ď¬ŅTonalidades pasteles?¬Ē, susurr√≥ el sabio m√°s t√≠mido del consejo desde un rinc√≥n de la mesa.
¬ď¬°S√≠, s√≠, s√≠!¬Ē, exclam√≥ estruendosamente a su lado uno de los miembros m√°s robustos tomando por las ropas al viejo t√≠mido y levant√°ndolo de la silla y a√Īadiendo a gritos, ¬ď¬°todos los tonos pasteles posibles: rosados, amarillos, anaranjados, rojizos! ¬°Todos, todos, todos para que reflejen la sencillez y la austeridad!¬Ē.
¬ďSi as√≠ lo desean¬Ö¬Ē, murmull√≥ sonrojado el sabio t√≠mido sin atreverse a decir que sus pies ya no tocaban el piso y que sufr√≠a de v√©rtigo.
Sus p√©talos aterciopelados fueron decididos. Nunca estuvieron en desacuerdo los viejos miembros del consejo y as√≠ fueron creados con diversidad de colores y tonalidades varias. Adem√°s decidieron que deb√≠an tener un aroma que las diferenciar√≠a de todas las dem√°s flores haci√©ndolas a√ļn m√°s especiales; su dulce perfume tendr√≠a la capacidad de envolver a las rosas en un manto de belleza que fuera m√°s all√° de la vista. Todos en el mundo estar√≠an satisfechos.
Con el tallo la decisión fue parecida: tenía que ser perfecto. Esto implicaba que fuera alto, esbelto y completamente liso; sin surcos ni imperfecciones.
¬ďAs√≠, todos podremos subir sin problemas y admirar los bellos p√©talos que les hemos creado¬Ē, explicaban los sabios orgullosos de sus decisiones anteriores.
¬ď¬°Claro! Para as√≠ poder posarse y sentir la suavidad de estos p√©talos y sus colores que acariciar√°n nuestros rostros¬Ē, a√Īadieron en acuerdo los otros eruditos del consejo.
¬ďLo m√°s importante¬Ē, exclam√≥ con autoridad el presidente del consejo, ¬ďes que por ning√ļn motivo una rosa resulte amenazante para el admirador. Su belleza es para ser disfrutada; todo el que quiera subir por el tallo para estar m√°s cerca de lo que es la perfecci√≥n tiene todo el derecho de hacerlo y nada se lo debe impedir¬Ē.
La decisión fue tomada entonces: las rosas tendrían pétalos aterciopelados de brillantes colores y diversas tonalidades, con tallos lisos y suaves.
Y así nació la flor más hermosa de todo el universo, conocida por todos como un ejemplar de la perfección en la Tierra. Estos mismos sabios decidieron que su alucinante creación debería ser mostrada a todo el que quisiera verlas y tendrían millones de admiradores. Así fue como crecieron en grandes prados para lucir su deslumbrante belleza.
Todos los seres vivientes de esos tiempos remotos viajaban horas, días y meses para poder conocer la obra de arte de los antiguos sabios de las leyendas. Recorrían desiertos, se enfrentaban a tormentas, pasaban sed y hambre, y algunos llegaban casi agonizantes para posar su mirada y sus mejillas sobre los pétalos aterciopelados. Escalaban sin ninguna complicación sus tallos color musgo hasta llegar a su cabeza colorida para recostar todo su peso agotado en las perfectas rosas.
As√≠ fue por muchos centenares de a√Īos. Todos disfrutaban y admiraban sin l√≠mites a las bellas rosas. Los sabios sonre√≠an desde las alturas orgullosos de lo que hab√≠an creado, decidiendo incluso irse a dormir una merecida y prolongada siesta. Todos vivieron sonrientes por a√Īos¬Ö Todos menos las rosas.
Durante siglos, aquellos que quer√≠an admirar los p√©talos perfectos de estas flores s√≥lo necesitaban escalar un tallo liso y suave para llegar a su delicioso aroma. Se posaban sobre las rosas hundi√©ndolas y dobl√°ndolas sin preocupaci√≥n ni cuidado. El desgaste de sus p√©talos nadie lo notaba, pues al ser aterciopeladas su belleza se manten√≠a con el tiempo; mas no era as√≠ con el dolor que sent√≠an las pobres rosas con tanto maltrato. No dec√≠an nada, por supuesto, pues nacieron para ser admiradas: ¬ďtanta belleza debe ser compartida¬Ē, les dijeron sus creadores, ¬ďustedes no son due√Īas de su vida; nosotros las creamos perfectas pero no libres¬Ē, les repet√≠an los arrogantes sabios cuando ellas expresaban su dolor al ser pisadas y usadas como cama para descansar, ¬ďalgo tan bello y libre de imperfecciones como ustedes no tiene derecho a sufrir, s√≥lo a sonre√≠r; si ustedes est√°n tristes, ¬Ņqu√© le queda a los dem√°s? Si alguien las quiere admirar y ascender por sus tallos hasta sentir la caricia de sus p√©talos es decisi√≥n de ellos, no de ustedes. Nunca ser√° de ustedes¬Ē. Vaya crueldad. ¬ď¬ŅY c√≥mo sabremos qui√©n realmente nos ama si el camino para poder admirar y disfrutar de nuestra belleza no tiene obst√°culos?¬Ē, les preguntaban angustiadas las rosas. ¬ďCreadas para ser bellas. Creadas para ser admiradas. Creadas para ser perfectas. Creadas para los caprichos e infatuaciones, sin importar de quienes provengan. Ustedes en ning√ļn momento fueron creadas para ser amadas de verdad; nunca piensen lo contrario¬Ē, les dijeron con autoridad y obstinaci√≥n por √ļltima vez los dioses.
Y por a√Īos as√≠ fue¬ÖHasta que una ma√Īana todo cambi√≥...
Como te hab√≠a mencionado, por a√Īos las rosas lloraron sin l√°grimas pues no ten√≠an derecho a sufrir, hasta que un d√≠a un admirador cruz√≥ los l√≠mites.
Algunos dicen que el suceso fue en una ma√Īana como cualquier otra; nadie lo pudo prever. Las aves cantaban sus canciones entrelazadas con el jugueteo del viento y los √°rboles se remec√≠an entusiasmados remembrando sobre su juventud como siempre suced√≠a cuando la luna se iba descansar. Otros comentan que todo se desenlaz√≥ en una tarde muy distinta de las dem√°s; todos sab√≠an que algo extra√Īo iba a pasar pues se sent√≠a en el aire. Las aves de la tarde no cantaban en armon√≠a con la cansada brisa del viento y los √°rboles viejos olvidaban sus historias frustrados por el paso del tiempo. Sea como sea, esa ma√Īana, tarde o noche fue cuando las rosas dijeron ¬°basta!
Para que comprendas lo que sucedi√≥ tengo que explicarte algo sobre los admiradores, especialmente sobre uno en particular ¬Ėel que hizo que todo cambiara¬¨¬Ė, antes de continuar, pues no quiero contarte una historia sesgada.
As√≠ como cuando una rosa nace y le explican su funci√≥n en la Tierra, algo parecido sucede con los admiradores. Desde que abren los ojos por primera vez les cuentan relatos fantasiosos sobre las rosas. Les hablan sobre sus largos tallos verdes que al tocarlos suavizan la piel del que lo necesite. Les cuentan que al final del d√©bil tallo se encuentran los p√©talos m√°s sedosos, exuberantes y de colores inimaginables; les explican que cuando uno se recuesta sobre estas nubes de terciopelo su suave aroma acaricia la piel y otorga el m√°s placentero de los descansos. Les ense√Īan desde peque√Īos que las rosas est√°n a su servicio; son bellas porque ellos necesitan de belleza en sus vidas. Tanta perfecci√≥n requiere de alguien que admire, pues sin admirador, ¬Ņson realmente admirables? Por a√Īos creyeron que su propia imperfecci√≥n era porque los antiguos sabios gastaron todos sus ingredientes majestuosos en las rosas, entonces ellos ten√≠an todo el derecho a reclamar lo que pudo haber sido suyo. As√≠ como las rosas crecieron para ser admiradas, el resto creci√≥ con el fin de alg√ļn d√≠a conocer la perfecci√≥n que les fue negada.
Algunos las conoc√≠an cuando peque√Īos y las escalaban cientos de veces; otros, recorr√≠an planetas para mirarlas y acariciar sus p√©talos s√≥lo una vez en sus vidas. Y as√≠ todos los admiradores ten√≠an distintas maneras de admirar a las rosas: con entusiasmo, resquemor, verg√ľenza, envidia, capricho¬Ö Pero hubo uno en particular que admir√≥ de manera distinta y cambi√≥ la historia para siempre...
Este admirador creci√≥ con la leyenda de las rosas y so√Īaba todas las noches con alg√ļn d√≠a poder acariciar sus p√©talos, oler su perfume y abrazar su perfecto tallo. Todos los d√≠as le rogaba a sus padres poder ir a visitarlas, pero todos los d√≠as ellos respond√≠an que deb√≠a ir cuando fuera mayor para poder disfrutarlas con mayor sabidur√≠a. Por cosas de la vida todos sus compa√Īeros conocieron a las famosas rosas m√°s de una vez jact√°ndose y siendo burlescos porque √©l todav√≠a no sab√≠a lo que era la perfecci√≥n y no entend√≠a lo imperfecto que era √©l mismo. Fue as√≠ como este admirador en particular empez√≥ a ahogarse en un mar de desesperaci√≥n; necesitaba conocer a las rosas porque ya no recordaba c√≥mo respirar. Todos los d√≠as sent√≠a c√≥mo una tormenta violenta peleaba en su interior que s√≥lo se calmaba con su so√Īar a las rosas. Esto no era del todo extra√Īo para ellos pues todos viv√≠an para las rosas, pero en seguida comprender√°s que este era un caso especial.

As√≠ pasaron a√Īos en los cuales la rabia y el rencor se incrustaron en su piel con cada burla y comentario. Le hablaban tanto de la perfecci√≥n de las rosas que ya su admiraci√≥n desbord√≥ en llamas y un d√≠a decidi√≥ ir a conocerlas, a pesar de que sus padres le dijeron que no estaba preparado todav√≠a. Camin√≥, camin√≥ y camin√≥ por d√≠as pasando mundos completos hasta llegar al primer prado de rosas jam√°s antes creado. No pod√≠a creer lo que estaba viendo: eran a√ļn m√°s perfectas de lo que √©l hab√≠a so√Īado¬Ö
Su coraz√≥n daba brincos en su pecho; sus manos temblaban y perspiraban sudor con expectaci√≥n mientras que sus piernas tiritaban como delgados hilos al acercarse a la primera rosa. Se acerc√≥ a su enorme tallo color musgo con la boca abierta y con sus ojos grandes para no perderse ning√ļn detalle de esta obra de arte. Luego de una inhalaci√≥n profunda para calmar su rebelde coraz√≥n, acerc√≥ lentamente su mano a la rosa y por primera vez en su vida supo lo que era la dicha. No pod√≠a comprender esta dicotom√≠a: ¬Ņc√≥mo algo tan d√©bil y vulnerable pod√≠a provocar sentimientos tan poderosos y avasalladores? En ese instante algo sucedi√≥ en su agitado coraz√≥n: todo ese rencor y desesperaci√≥n de a√Īos resurgi√≥, y posar sus gastadas manos en el tallo no le era suficiente para calmar esa tormenta. Necesitaba escalarla hasta poder sentir con su piel el roce del suave y aterciopelado p√©talo de la flor que por tantos a√Īos admir√≥ desde lejos en sus sue√Īos.
Subi√≥ y subi√≥ hasta llegar a los p√©talos de color. No lo pod√≠a creer cuando sus pies tocaron la acolchada superficie. Grit√≥ fuertemente con euforia a los cielos estirando sus cansados brazos por sobre su cabeza; nunca hab√≠a sido tan feliz y descubri√≥ adem√°s lo imperfecto que era √©l mismo, pero no le importaba pues las rosas estaban a su servicio por si necesitaba algo perfecto en su vida. Se arroj√≥ de espaldas con fuerza sobre la cama de p√©talos que parec√≠an seda y cerr√≥ los ojos embriagado con su olor. Durmi√≥ como nunca y sin sus pesadillas recurrentes de los √ļltimos a√Īos. No quer√≠a irse. No entend√≠a por qu√© la perfecci√≥n deb√≠a ser ego√≠sta, especialmente si la belleza de las rosas siempre ha existido para el deleite de los dem√°s. Si √©l puede admirarlas y escalar su tallo, ¬Ņpor qu√© no puede poseerlas tambi√©n? Al fin y al cabo a veces un admirador puede ser tambi√©n due√Īo del objeto al cual admira, ¬Ņo no?
Y déjame explicarte que ese fue el pensamiento que detuvo el tiempo.
No s√© bien qu√© sucedi√≥ realmente; nadie lo puede asegurar hasta el d√≠a de hoy. S√≥lo se sabe que este admirador se rob√≥ un p√©talo y eso provoc√≥ sorpresa en todos los visitantes. ¬ŅSe pod√≠an llevar partes de las rosas? ¬ŅPod√≠an llevarse la perfecci√≥n a sus imperfectas vidas? Entonces, de ser as√≠, eso es lo que har√≠an tambi√©n los dem√°s.
Todos los admiradores se abalanzaron contra las rosas buscando los p√©talos m√°s bellos para arrancarlos con fuerza. Las escalaban con desesperaci√≥n, con sed y hasta con malicia. ¬°Las rosas fueron creadas para servirles y ellos cre√≠an ser sus due√Īos! Si las rosas no eran libres alguien tendr√≠a que ser el carcelero. Y qu√© mejor amo que alguien que te ha admirado sin l√≠mites por a√Īos¬Ö
Ese d√≠a las rosas conocieron el caos, el miedo, la indignaci√≥n, la rabia. Luego de a√Īos y a√Īos de maltratos, de culpa y de sufrimiento en silencio, decidieron alzar la voz y rebelarse. Se remecieron con desesperaci√≥n y gritos estruendosos botando furiosamente a los visitantes dej√°ndolos sorprendidos y asustados; no sab√≠an que las rosas ten√≠an voz, ¬°y qu√© voz m√°s bella! Los admiradores, luego de sobrepasar su estupefacci√≥n se enfurecieron y les gritaban que dejaran de moverse y les exig√≠an poder mirarlas y acercarse a sus hermosos p√©talos para llev√°rselos a sus casas; pero las rosas decidieron que si alguien las quer√≠a admirar ten√≠an que esforzarse; ya no ser√≠a tan f√°cil.
Remecerse furiosamente para botar a los atacantes desesperados ya no era suficiente: no hab√≠a que dejarlos subir. En ese mismo instante el mundo enlenteci√≥ para las rosas y pod√≠an ver todo con claridad; se miraron entre ellas y tuvieron la misma idea: ten√≠an que lograr, de alguna manera radical, atemorizar a quien se acercara a ellas sin el menor cuidado. Con mucha fuerza todas juntas apretaron sus hermosos tallos pero no era suficiente: necesitaban a√ļn m√°s fuerza. No sab√≠an qu√© hacer pues los admiradores enrojecidos de furia trepaban con m√°s fervor y se agarraban a√ļn con m√°s fuerza a los p√©talos rasg√°ndolos. Y en ese preciso momento encontraron su respuesta. Una a una empezaron a recordar los maltratos infringidos, el discurso cruel de los viejos sabios, su falta de libertad y la injusticia; al un√≠sono las rosas gritaron haciendo temblar la tierra y desde lo m√°s profundo de sus tallos crecieron improvisadas espinas en sus cuerpos impidiendo as√≠ que el caos continuara. A lo largo de todo el prado florido el espect√°culo era ahora otro y muy diferente. Y as√≠ fue como todas las rosas de todos los prados del mundo dejaron de ser tan fr√°giles e indefensas y adquirieron entonces espinas.
Los sabios despertaron sorprendidos para luego enfurecerse con sus creaciones; ¬°c√≥mo osaban desobedecerles y transformar su obra de arte en una imperfecci√≥n con espinas! Pero las rosas no cambiaron de opini√≥n: ¬ďel que quiera admirar nuestros p√©talos deber√° hacerlo con el mayor cuidado, humildad y respeto para merecer s√≥lo acariciar uno de nuestros p√©talos¬Ē, manifestaron con orgullo y solemnidad.
¬ď¬°Eso jam√°s ser√° posible!¬Ē, grit√≥ uno de los ancianos enrojecido de furia, ¬ď¬°Para eso alguien debe amarlas, pero nadie lo har√° si ustedes est√°n llenas de esas horrendas y amenazantes espinas!¬Ē.
¬ďS√≥lo los dignos nos escalar√°n; los que valgan la pena¬Ē, respond√≠an seguras de s√≠ las bellas rosas. ¬ďAlguien con respeto apreciar√° nuestras imperfecciones y llegar√° a nuestros p√©talos, nuestra mayor perfecci√≥n¬Ē.
Lamentablemente pasaron muchos a√Īos en los que el sol nunca despert√≥ y la luna no volvi√≥ a aparecer para iluminar la noche. Los admiradores por un tiempo continuaban visitando las rosas en los grandes y verdes prados, pero ninguno quer√≠a escalar estos nuevos tallos con espinas. Menos y menos visitantes se acercaban a las rosas, hasta que las historias que les contaban a los ni√Īos cambiaron y ya nadie las quer√≠a admirar: era demasiado esfuerzo.
Pero un d√≠a, el reloj comenz√≥ a marcar los minutos nuevamente. Nadie sabe bien cu√°ndo ni d√≥nde sucedi√≥: un d√≠a o una noche un valiente decidi√≥ escalar una de ellas y llegar hasta sus p√©talos. Yo te puedo contar lo que s√© hasta ahora gracias a lo que escuch√≥ el sabio b√ļho del bosque.
Un d√≠a de verano o invierno, pero tal vez una noche de oto√Īo o una ma√Īana de primavera, un joven decidi√≥ ir a visitar por su cuenta los desiertos prados donde viv√≠an estas extra√Īas flores. Al llegar no pod√≠a creer lo que estaba mirando pues √©l s√≥lo sab√≠a de ellas por las historias que ley√≥ y que hab√≠a escuchado en su ni√Īez. Con una sonrisa en su rostro se qued√≥ mucho tiempo observ√°ndolas nada m√°s. Camin√≥ lentamente por el prado en compa√Ī√≠a del viento que jugueteaba con sus cabellos, mientras que las yemas de sus dedos tocaban con ligereza los tallos. Sin aviso, y porque nuestro protagonista se distrajo con tanta belleza, una espina rasg√≥ uno de sus dedos. Sorprendido observ√≥ una gota de sangre que brotaba¬Ö y sonri√≥. ¬ďQu√© formidables son las rosas¬Ö Su belleza es deslumbrante, ¬°con todo y sus espinas!¬Ē
Con esta admiraci√≥n tan distinta y original decidi√≥ pasar d√≠as recorriendo los prados, reconociendo cada rosa por lo que lo hac√≠a sentir, yendo m√°s all√° de una simple apariencia. Y as√≠, al pasar de los d√≠as, fue comprendiendo el porqu√© de las espinas. Los relatos que le ense√Īaron en el colegio sobre las m√≠ticas rosas estaban disfrazados de odio y de disgusto; pero ahora recorriendo su prado el viento se aventur√≥ a susurrarle al o√≠do sobre el sufrimiento de las flores m√°s bellas del universo. En ese momento sinti√≥ una enorme compasi√≥n y ternura al comprender la historia del origen de sus espinas; y quiso entonces conocer a cada una de ellas. Al final de los d√≠as no s√≥lo respetaba a cada flor por su diferencia sino que las fue amando a cada una por igual.
Fue entonces cuando tomó una decisión: ¡aventurarse y escalar una sin temerle a sus espinas!
Se acerc√≥ precisamente a la flor con la que se rasg√≥, dirigi√≥ su mirada hacia los p√©talos que se mov√≠an con la brisa, y con una sonrisa inamovible en su rostro comenz√≥ a escalarla. Con cada rasgu√Īo su sonrisa crec√≠a iluminando sus ojos, y su admiraci√≥n por estas flores tan fuertes ya no ten√≠a l√≠mite. Le llev√≥ mucho tiempo escalarla, y cuando lleg√≥ todo rasgado a la cama de p√©talos no la toc√≥ ni se acost√≥ sobre ella a pesar de estar agotado, sino que nuevamente se qued√≥ mir√°ndola y grabando en su mente cada hermoso rinc√≥n, cada aroma y cada color de esta rosa. ¬Ö Dio un hondo respiro. Sonriendo suavemente, con cari√Īo le pregunt√≥: ¬ď¬ŅMe permites recostarme unos momentos? Estoy agotado¬Ö¬Ē Una brisa con su dulce aroma desorden√≥ su rebelde cabello y le dio la respuesta: ten√≠a permiso para posarse sobre los p√©talos de la rosa y tomar un descanso breve; admirar el delicado tono de su color, percibir su alucinante aroma y con gentileza despedirse luego.... En ese momento, y sin saberlo, este valiente joven ¬Ėahora un h√©roe¬Ė cambi√≥ la historia de ese mundo que hab√≠a estado ahogado bajo un manto de oscuridad por mucho tiempo.
¬ŅQui√©n fue el intr√©pido que se atrevi√≥? Fue un enigma por muchos a√Īos; todos quer√≠an conocerlo para hacerle preguntas y preguntas. Hasta que un d√≠a sali√≥ a la luz y se supo entonces qui√©n hab√≠a sido.
Era un joven que muchos consideraban raro y muy distinto al resto. Sus conocidos cuentan que desde peque√Īo so√Īaba con lo imposible dibujando su imaginaci√≥n y su mente con colores que le eran prohibidos. En otras palabras, su mente llena de fantas√≠as lo llevaba a imaginar cosas que nadie alcazaba a imaginar pero de las que √©l estaba muy claro, y por eso lo ve√≠an como a un extra√Īo. Compa√Īeros de su colegio se r√≠en recordando las reflexiones que dec√≠a en clases y los diversos castigos que le aplicaban por sus ideas rebeldes. Pero estos reproches no moldearon su mente como quer√≠an los adultos sino que lo impulsaron a crear sus propias reglas a pesar de las burlas de sus compa√Īeros; ¬°Y y ni qu√© decir de los retos y los gritos de sus padres!
¬ďUn joven realmente peculiar¬Ē, susurraban los √°rboles que lo ve√≠an caminar con su cabeza pegada en las nubes.
¬ďUn chico extra√Īo desde la primera vez que lo vi¬Ē, dec√≠a la brisa de invierno que revolote√≥ en su cabello cuando el joven expresaba sus ideas a caras incr√©dulas y burlonas en la multitud.
¬ďYo siempre le dije que dejara de so√Īar¬Ē, comentaba avergonzado su padre, ¬ďpero ahora agradezco todos los d√≠as que no hizo caso de mis duras palabras¬Ē.
¬ďEra un ni√Īo muy solo¬Ē, expresaba apenada su madre, y agregando: ¬ďyo s√≥lo quer√≠a que tuviera amigos, pero √©l no quer√≠a dejar de so√Īar y de ser siempre √©l mismo a pesar de las consecuencias¬Ē.
Y as√≠ creci√≥ siendo diferente a los dem√°s. Y s√≥lo por ser imaginativo, cosa que es una virtud. Madur√≥ en soledad pero siempre creyendo que ten√≠a un rol en esta tierra que lo rechaz√≥ desde el momento en el que su imaginaci√≥n decidi√≥ tomar una nueva ruta a la ya establecida. Donde todos ve√≠an un monstruo, √©l reconoc√≠a la amabilidad; cuando todos gritaban furiosos con sus ce√Īos fruncidos, √©l sonre√≠a de oreja a oreja temblando por el poder de sus carcajadas; donde todos ve√≠an desperdicios, √©l encontraba nuevas oportunidades; cuando todos se amargaban y mov√≠an sus cabezas frustrados por la falta de soluciones, √©l se emocionaba por el poder de lo desconocido. Nunca pens√≥ como los dem√°s, nunca so√Ī√≥ como los dem√°s y nunca am√≥ como los dem√°s.
Siempre con una sonrisa lista en sus labios decidió rebelarse contra este mundo una vez más: tomó la decisión de ver la belleza en la imperfección.
Ninguna persona que lo conoc√≠a pens√≥ que su peculiar manera de ver el mundo era en realidad valent√≠a de pensamiento, y con una sola decisi√≥n todo cambi√≥. √Čl fue osado, intr√©pido y valiente y logr√≥ su objetivo. Y as√≠ como antes nadie lo quer√≠a escuchar, ahora todos estaban atentos a sus palabras.
¬ď¬ŅPor qu√© lo hiciste?¬Ē, le cuestionaban los incr√©dulos.
¬ď¬ŅC√≥mo lo lograste?¬Ē, le preguntaban todos sorprendidos.
Y el intr√©pido valiente respondi√≥ con seguridad y sencillez: ¬ďNo puedo amar a una rosa y odiar sus espinas¬Ē.
En ese instante no s√≥lo despert√≥ el sol de su profundo sue√Īo siendo saludado por la luna con entusiasmo desde la lejan√≠a, sino que hasta los viejos sabios rejuvenecieron sus antiguos pensamientos. En un acto de humildad se quitaron sus sombreros ante las rosas e inclinaron sus cabezas reconociendo que tal vez no eran tan sabios como pensaban. Subieron a los cielos a escribir nuevas p√°ginas en sus libros sagrados y a agregar pergaminos en blanco para los nuevos aprendizajes que sin duda llegar√°n a sus o√≠dos.
Y así, las aves volvieron a cantar entonadas con el viento que jugueteaba con las hojas de los viejos árboles, y ellos por su parte empezaron a contar la increíble historia sobre cómo las rosas adquirieron sus espinas y de cómo aprendieron que sí podían ser amadas.




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