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Reunión en la selva

Autor: Diego Varaona

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Cuento publicado el 13 de Octubre de 2015


-¡Algo tenemos que hacer! ¡Esta situación no se soporta mas! ¡Quiero dormir!- dijo Juan el Chimpancé, saltando de una rama a otra.

-¬°Yo tambi√©n! -respondi√≥ Enrique, el √Īu, con el poco aire que le quedaba.

- ¡Tenemos que unirnos para terminar con el problema!-rugió Leonardo, el león, mientras sacudía su melena


Las hienas se reían de los nervios. Los elefantes se tapaban las cabezas con sus trompas largas y arrugadas. Las jirafas se quejaban porque les dolía el cuello.

Esa tarde los animales de la selva se habían reunido para preparar un plan que les permitiera volver a dormir. Todas las noches pasaba lo mismo. Luego de la cena todos se ponían el piyama y se acostaban, algunos dentro de una cueva, otros sobre el pastito, otros colgados de una rama. Pero cuando sus ojos comenzaban a cerrarse, ¡paf!, otra vez Tarzán con sus ganas de molestar. ¡Qué gritos insoportables!

-¡Ni mi hermana Chita lo aguanta!-dijo Juan meciéndose en un tronco.

-Esc√ļchenme ¬Ėintent√≥ calmarlos a todos, Leonardo-. Esto es lo que vamos a hacer: vamos a buscar a Nuria, la serpiente. Ella resolvi√≥ muchos casos dif√≠ciles: acu√©rdense cuando desaparecieron las manchas de los tigres o cuando los hipop√≥tamos se volvieron flaquitos como un escarbadiente.


-¬ŅQui√©n me est√° llamando? -silb√≥ Nuria abri√©ndose paso entre miles de patas, evitando que la pisaran.

-¬°Buenas Tardes, Nuria! -dijeron todos emocionados.

-¬ŅEn qu√© puedo ayudarlos?

-Tenemos que saber porque Tarz√°n nos llama por la noche. Hace semanas que no podemos dormir. Necesitamos que nos ayudes y lo investigues.

-Voy a averiguarlo. Sólo les pido una hora.

-¡Muchas gracias!-dijeron los cocodrilos secándose las lágrimas por la emoción.

En silencio Nuria se fue despacito siguiendo el sendero que la llevaba hasta la choza de Tarz√°n.

Media hora mas tarde, silenciosa como había llegado, regresó.

-¡Este caso está solucionado! -sonrió, orgullosa de poder comprobar que era la mejor detective de la selva.

-¬ŅQu√© pas√≥? -preguntaron todos.

- ¬ŅSe acuerdan del regalo que le hicieron para su cumplea√Īos?

- Si. Le regalamos un gallito despertador ¬Ėcontest√≥ Leonardo.

- Bueno. Lo que pasaba es que ese gallito adelantaba su canto a las dos de la ma√Īana todas las noches. Tarz√°n se enojaba tanto, pero tanto, tanto, que lo √ļnico que pod√≠a hacer era gritarle. Por m√°s que lo intent√≥, nunca hab√≠a podido ponerlo en hora. Adem√°s, Tarz√°n nunca les quiso pedir ayuda a Ustedes porque es muy orgulloso: se cree el rey de la selva. Pero ahora el problema termin√≥. Convenc√≠ al gallo que lo despertara a las ocho a partir de ma√Īana.

- ¬°Muchas gracias, Nuria!, festejaron todos los animales y cantaron un rap en su honor.

Esa noche los sue√Īos volvieron a cada rinc√≥n de la selva. Todos se acostaron y comenzaron a dormir. Pero media hora m√°s tarde, entre tanto silencio, un sonido muy agudo y profundo los volvi√≥ a despertar. Pero, ¬°qu√© mala suerte! Justo ahora, a Tarz√°n se le ocurr√≠a ponerse a roncar.




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