Mandú

Autor: Susana Silva Passarella

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Cuento publicado el 06 de Octubre de 2015


Había una vez en el país de los manzanos una manzanita que no era feliz.
Su nombre era Mandú y sufría mucho porque era algoasí como el “patito feo” de las manzanas. Resulta que todas sus hermanas rojas o verdes eran hermosas suaves y relucientes desde que el sol salía hasta que se ponía, ellas brillaban con reflejos de todos los colores.

Mientras que Mandú nunca había brillado ni siquiera un poquitito, claro, como iba a brillar si su piel era muy, pero muy, pero requete muy Peluda, peladísima diría yo.
Por otra parte tampoco era muy roja y mucho menos verde, en realidad su color era una mezcla extraña de amarillento, rojizo, naranja, marrón y hasta un poco verdoso, un verdadero muestrario de colores.
Pobre Mandú ella lloraba todo el tiempo por sentirse tan fea, con esa piel peluda y esos colores extraños que no se parecían a nada, sin brillar ni un poquito y para colmo de males como lloraba tanto sus ojos estaban siempre irritados y gomosos ¡Qué horror!
Sus hermanas trataban de consolarla pero cuando ella no estaba mirando hacían comentarios como “¡Qué fea es! o ¡No se puede negar que es diferente a nosotras! o ¿Será realmente nuestra hermana? En fin tods clase de cosas desagradables y Mandú, aunque hacía como que no las escuchaba, lloraba en silencio.
Si sus propias hermanas no la aceptaban ni la querían que podría esperar del resto del mundo, era verdaderamente muy desgraciada.

Tan grande era su sufrimiento que un día resolvió irse para siempre, lejos, muy lejos, tal vez así sola, sin compararse con nadie no se sentiría tan diferente.
Se desprendió a la mañana bien temprano cuando todas sus hermanas dormían para no tener que despedirse y tampoco dar explicaciones y rodó, rodó y rodó por los caminos.
De pronto se topó con un gusano y justo cuando iba a salir corriendo despavorida,(todos sabemos lo malo que son los gusanos para las manzanas), el gusano habló….
- ¿No sé por qué me miras con ese horror?- le dijo

- A mí nunca me gustaron los duraznos…
- Pero las manzanas…. Ésas sí que me gustan, suaves y lustrosas.
-
Mandú pensó:
- ¿Las manzanas?¿ Los duraznos?
Pero, ¿Qué está diciendo este gusano loco?
Si manzana soy yo.
Por suerte que me confundió con un durazno, sino seguro que me comía.
Por otra parte si seré horrible que ni un gusano me quiere comer, en fin así son las cosas. Pero solo lo pensó. Al gusano solo le dijo:
- Disculpemó señor gusano es que nunca había visto un gusano tan hermoso por eso me sorprendí.
Más valíaestar en buenas relaciones con él, no fuera a ser que se diera cuenta que era manzana, aunque fuera fea y decidiera comérsela.-
El gusano quedó todo orgulloso, la verdad, nadie le había dicho hermoso nunca antes y siguió su camino.
Mandú también siguió rodando hasta que se cansó tanto que decidió dormir un rato, buscó un lugar fresco debajo de unos árboles y se recostó a descansar.
Cuando despertó se encontró rodeada de unas frutas redondas y peludas de un color entre amarillo y rojizo, anaranjado y marrón y hasta un poco verdoso, que le preguntaban:
-¿Qué haces aquí? ¿ De qué árbol te has caído? ¿Por qué duermes a ésta hora cuando deberías estar madurándote al sol?
Mandú estaba muy confundida.
-¿Quiénes son ustedes? Les preguntó
-¿Quiénes? Respondieron. Tus hermanos los duraznos por supuesto, quienes íbamos a ser?
- ¿mis hermanos? Pero si yo soy una manzana.
- ¿Manzana? Preguntaron todos al unísono,¿ pero tú nunca te has mirado en el río?
- Sí por supuesto, y sé que soy peluda, no brillo al sol y mi color no es ni verde ni rojo.
-¿Y, entonces?
- ¿ Y, entonces, qué?
- Y entonces que no eres manzana eres un durazno, dulce, jugoso y sabroso como nosotros.
-¿De veras?
- Pues claro.
Mandú salió corriendo, bue rodando, hasta el río y los duraznos rodaron detrás de ella y cuando vió su reflejo en el río acompañada de todos los duraznos lo comprendió todo, con razón era diferente a sus hermanas manzanasporque no eran sus hermanas, ya que Mandú era un durazno, peludo, dulce, jugoso y sabroso como todos sus hermanos duraznos.
Mandú lloró de alegría y se abrazó a sus hermanos quienes la llenaron de halagos diciéndole lo hermosa que era y lo suave que era su aterciopelada piel y cosas como ésas.
El caso es que nuestra amiguita Mandú había nacido en el árbol equivocado y no podía ser feliz hasta que encontrara el árbol y los hermanos correctos con quienes compartir su vida sin sentirse diferente.
Mandú se quedó a vivir con sus hermanos duraznos y fueron todos muy felices para siempre.

COLORÍN COLORADO ESTE CUENTO SE HA ACABADO.





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