ÔĽŅ Hace falta un cementerio. Cuentos cortos de humor
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Hace falta un cementerio

Autor: A. Mejialópez

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Cuento publicado el 20 de Septiembre de 2013


Do√Īa Martina Casillas, viuda del Conde de Charlotte, se despert√≥ pensando en cementerios.
Aunque había dormido bien, cuando abrió los ojos no pudo evitar que a su mente llegaran los recuerdos de la primavera en que fue con su marido a conocer en París la tumba de Baudelaire, el poeta maldito.
Bajo la humedad del bosque de a√Īosos robles, tilos y casta√Īos, Montparnasse yac√≠a, como siempre, poblado de tumbas y panteones.

A la viuda se le ocurrió pensar que ese cementerio es muy distinto de otros que tuvo ocasión de conocer...
La Recoleta, por ejemplo.
Mientras el ambiente del camposanto parisino invita al recogimiento y a la reflexión, en los estrechos pasadizos del camposanto bonaerense los turistas preguntan por el panteón de la familia Duarte, para contar a sus amigos que conocieron el lugar donde reposan los restos de Evita.

No entend√≠a por qu√© segu√≠a rememorando cementerios. Como los de Madrid, el de Nuestra Se√Īora de la Almudena, quiz√°s el m√°s famoso de la capital espa√Īola, all√° en el barrio de Ventas, sobre la avenida de Daroca y muy cerca de la avenida de La Paz. O como el Cementerio de los Poetas, en Roma, y las Catatumbas de la v√≠a Apia, adornadas con huesos y cr√°neos humanos para recordar a los visitantes lo breve que es el paso por la vida.
Con el conde había conocido también el cementerio histórico de Londres, entre cuyos jardines es posible encontrar la tumba de Carlos Marx y las de varios afamados de la literatura universal, así como las de algunas escritoras que se camuflaron con nombres masculinos para evitar que la censura les impidiera conquistar la gloria.

De pronto, la dama volvió a la realidad y miró el reloj.
Eran casi las nueve de la ma√Īana y Cilita de los √Āngeles no hab√≠a tra√≠do el desayuno, como era la costumbre.
Martina batió entonces la campanilla.
--Ya voy¬Ö ¬°ya voy! ¬Ėgrit√≥ Cilita desde lejos.
Y en segundos apareció atendiendo el llamado.
Con sus ropas en desorden, plantada en el marco de la puerta, el rostro descompuesto y los ojos encharcados, trató de limpiarse la nariz con el dorso del brazo y preguntó a la condesa:
¬ĖSe√Īora, ¬Ņd√≥nde va a querer usted que la entierren?
La matrona se estremeció al escuchar la pregunta…
¬Ė ¬ŅQu√©¬Ö qu√© dices¬Ö?
¬Ė ¬ŅQu√© usted d√≥nde quiere que la entierren? ¬ŅEn el patio o en el antejard√≠n?
¬Ė ¬ŅDe qu√© me hablas, Cilita...? ¬ŅTe has vuelto loca?
¬ĖDe la gata, se√Īora¬Ö De la gata, que amaneci√≥ muerta¬Ö ¬ŅD√≥nde quiere que la entierren?




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Últimos comentarios sobre este cuento

Fecha: 2013-12-13 09:34:52
Nombre: Lucia
Comentario: muy bueno, bien redactado, lindo final!